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Prólogo
Prefacio del autor
Aproximación al problema
La Teoría de Piaget sobre Lenguaje y Pensamiento del niño
La Teoría de Stern sobre el desarrollo del Lenguaje
Las raíces genéticas del Pensamiento y el Lenguaje
Un estudio experimental de la formación del Concepto
El desarrollo de los conceptos científicos en la infancia
Pensamiento y Palabra
Comentarios sobre las observaciones críticas de Vigotsky
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PENSAMIENTO Y LENGUAJE
COMENTARIOS SOBRE LAS OBSERVACIONES CRÍTICAS
DE Vigotsky
Por
Jean Piaget
No puede ser más que con pena que
un autor descubre, veinticinco años después
de su publicación, el trabajo de un colega desaparecido
durante ese tiempo, sobre todo si se tiene en cuenta que contenía
tantos puntos de interés inmediato para él que
podían haber sido discutidos personalmente y en detalle.
Aunque mi amigo A. Luria me había mantenido al tanto
de la posición simpatizante, y crítica a la
vez, de Vigotsky hacia mis obras, nunca pude leer sus escritos
o ponerme en contacto con él; y hoy, al leer su libro
lo lamento profundamente, ya que de haber sido posible un
acercamiento podríamos haber llegado a entendernos
sobre una cantidad de puntos.
E. Hanfmann, una de las continuadoras más
cercanas de Vigotsky, me pidió amablemente que comentara
las reflexiones de este distinguido psicólogo sobre
mis primeras obras. Deseo agradecérselo y confesar
a la vez mi embarazo, puesto que mientras que el libro de
Vigotsky apareció en 1934, los trabajos míos
que se discuten datan de 1923 y 1924. Al considerar la forma
en que podía llevar a cabo tal discusión retrospectiva,
he encontrado, sin embargo, una solución a la vez simple
e instructiva (por lo menos para mí), o sea, tratar
de ver si las críticas de Vigotsky resultan justificadas
a la luz de mis trabajos posteriores. La respuesta es tanto
afirmativa como negativa; sobre determinados aspectos estoy
más de acuerdo con Vigotsky que lo que hubiera estado
en 1934, y sobre otros puntos creo que poseo ahora mejores
argumentos para responderle.
Podemos comenzar con dos planteos separados
que se encuentran reunidos en el libro de Vigotsky: el problema
del egocentrismo en general y la cuestión más
específica del lenguaje egocéntrico. Si he entendido
bien, no está de acuerdo conmigo en lo que respecta
al egocentrismo intelectual del niño, pero reconoce
la existencia de lo que he denominado lenguaje egocéntrico,
al que considera como el punto de partida del habla interiorizada
tanto como objeto autista como lógico. Estas dos cuestiones
las consideramos por separado.
Egocentrismo cognitivo
El problema principal presentado por Vigotsky
es básicamente el de la naturaleza adaptativa y funcional
de las actividades del niño, y de todo ser humano.
Sobre este punto coincido con él en lo fundamental;
todo lo que he escrito (después de mis cinco primeros
libros) sobre el "nacimiento de la inteligencia"
en el nivel sensorio-motor y acerca del desarrollo de las
operaciones lógico-matemáticas aparte de la
acción, me ha permitido ubicar el comienzo del pensamiento
en el contexto de la adaptación, en un sentido cada
vez más biológico.
Sin embargo, afirmar que cada cambio entre
el niño y su medio tiende hacia la adaptación
no es decir que ésta resulta siempre exitosa, desde
el comienzo; hay que ponerse en guardia contra el excesivo
optimismo biosocial en el que a veces parece caer Vigotsky.
En realidad, cada esfuerzo adaptativo puede sufrir dos limitaciones:
1. El sujeto puede no haber adquirido o elaborado
todavía los medios u órganos de adaptación
necesarios para llevar a cabo determinadas tareas: su desarrollo
es a menudo un proceso largo y dificultoso. Este es el caso
de las operaciones lógicas: sus primeros sistemas estables
no se alcanzan hasta la edad de siete u ocho años.
2. La adaptación es un estado de equilibrio
entre la asimilación de los objetos a las estructuras
de la acción y la acomodación de estas estructuras
a los objetos; las estructuras pueden ser innatas o estar
en proceso de formación; o pueden haberse formado ya
a través de la organización progresiva de las
acciones. Es fácil que el equilibrio entre la asimilación
y la acomodación adquiera formas hasta cierto punto
inadecuadas, de modo que los esfuerzos adaptativos provoquen
errores sistemáticos. Éstos se producen en todos
los niveles de jerarquía de la conducta. En el campo
de la percepción, que ejemplifica una de las adaptaciones
más exitosas, casi todas las percepciones contienen
una pizca de engaño. Después de haber estudiado
durante 20 años el desarrollo de estos errores sistemáticos
desde la infancia hasta la edad adulta, he escrito un libro
sobre los mecanismos perceptuales, en el que he tratado de
reducir estos efectos diversos a determinados mecanismos generales
basados en el enfoque de la visión, aproximando así
problemas muy cercanos a los del egocentrismo. En el nivel
afectivo, se requeriría una dosis bastante alta de
optimismo para creer que los sentimientos elementales interpersonales
están siempre bien adaptados: en reacciones tales como
los celos, la envidia, la vanidad, que son sin duda universales,
pueden considerarse varios tipos de error sistemático
desde la perspectiva emocional del individuo. La historia
completa de la ciencia, en el área del pensamiento,
desde el egocentrismo hasta la revolución copernicana,
desde los falsos absolutos de la física de Aristóteles
hasta el relativismo del principio de inercia de Galileo y
la teoría de la relatividad de Einstein demuestra que
nos ha llevado muchos siglos liberarnos de ciertos errores,
desde las ilusiones provocadas por un punto de vista inmediato
consideradas como opuestas al pensamiento sistemático
"descentralizado" ; y esta liberación está
aún lejos de ser completa.
He acuñado el término "egocentrismo
cognitivo" (sin lugar a dudas una mala elección)
para expresar que la idea de progreso del conocimiento no
procede nunca por una mera adición de detalles o de
nuevos niveles, como si el conocimiento más amplio
fuera sólo un complemento de los anteriores más
pobres: requiere también una reformulación perpetua
de los puntos de vista previos por medio de un proceso que
retrocede o avanza, corrigiendo continuamente tanto los errores
iniciales sistemáticos como aquellos que surgen a lo
largo del camino. Este proceso correctivo parece obedecer
a una ley de desarrollo bien definida, la ley de la descentración
(décentration). Para la ciencia, cambiar la perspectiva
geocéntrica por la heliocéntrica resultó
una colosal hazaña de descentración. Este mismo
tipo de procesos puede ser visto en el pequeño: mi
descripción del desarrollo de la noción "hermano",
puesta favorablemente de relieve por Vigotsky, muestra que
el esfuerzo que se requiere para que un niño que tiene
un hermano, entienda que éste tiene a su vez un hermano,
que este concepto se refiere a una relación recíproca
y no a una "propiedad' absoluta. De moda similar, experiencias
recientes (de las que Vigotsky no disponía) han demostrado
que para imaginar un camino más largo que otro que
termina en el mismo punto, separando así el concepto
(métrico) "largo" del de (ordinal) "lejos",
el niño debe descentrar su pensamiento, que se centra
primero sólo en el punto terminal, y convertir en efectivas
las relaciones objetivas entre los puntos de partida y llegada.
He utilizado el término egocentrismo
para designar la inhabilidad inicial para descentrar, para
cambiar una perspectiva cognitiva dada (manque de décentration).
Hubiera resultado mejor decir simplemente "centrismo",
pero puesto que la centración inicial de la perspectiva
es siempre relativa a la propia posición y acción,
digo "egocentrismo" y pongo de relieve que el egocentrismo
no-consciente del pensamiento al cual me he referido, estaba
bastante desconectado del significado común del término,
hipertrofia de la conciencia de sí. Como he tratado
de aclarar, el egocentrismo cognitivo se origina en la falta
de diferenciación entre el propio y los otros puntos
de vista posibles, y de ningún modo en un individualismo
que precede a los relaciones con los demás (como en
la concepción de Rousseau, que se me ha imputado ocasionalmente,
éste es un error sorprendente, que, en realidad, Vigotsky
no compartía).
Una vez aclarado este punto, se hace evidente
que el egocentrismo así definido va más allá
que el egocentrismo social en relación con el lenguaje
egocéntrico del que nos ocuparemos más adelante.
En particular, su alcance se ha demostrado a través
de mi experiencia sobre la concepción infantil de la
realidad que descubre un egocentrismo claramente penetrante
operando en el nivel sensorio-motor. Por ejemplo, el espacio
sensorio-motor consta inicialmente de una pluralidad de espacios
(bucal, táctil-kinestésico, etc.) centrados
en el propio cuerpo; alrededor de los dieciocho meses, a través
de un cambio de perspectiva (descentración) realmente
comparable a la revolución copernicana, el espacio
se convierte en un contingente homogéneo único
en el cual están situados todos los objetos, incluso
el propio cuerpo.
Volvemos a lo que más preocupa a Vigotsky
de mi concepción del egocentrismo: su relación
con el concepto de autismo de Bleuler y el "principio
de placer" de Freud. Con respecto al primer punto, Vigotsky,
que era un especialista en esquizofrenia, no niega, como lo
han hecho algunos críticos franceses, que cierto grado
de autismo es normal en todos los individuos -concepto admitido
también por mi maestro Bleuler. Él sólo
consideraba que yo había sobreenfatizado las semejanzas
entre egocentrismo y autismo sin destacar suficientemente
las diferencias- y no cabe duda que en esto tiene razón.
Yo hice hincapié en las semejanzas, cuya existencia
Vigotsky no niega, porque me parecía que aclaraban
la génesis de los juegos simbólicos en los niños.
En ellos se puede observar a menudo el "pensamiento no
dirigido y autista" de que habla Bleuler, que he tratado
de explicar en términos del predominio de la asimilación
sobre la acomodación en los primeros juegos del niño.
En cuanto al "principio de placer"
que Freud considera como genéticamente previo al "principio
de realidad', Vigotsky tiene razón nuevamente cuando
me reprocha el haber aceptado esta secuencia demasiado simplificada
sin detenerme a criticarla. El hecho de que toda conducta
sea adaptativa y de que la adaptación sea siempre una
forma de equilibrio (estable o inestable) entre la asimilación
y la acomodación, nos permite: 1) explicar la primera
manifestación del principio de placer por el aspecto
afectivo de la asimilación frecuentemente predominante
y, 2) coincidir con la opinión de Vigotsky de que lo
adaptación a la realidad corre pareja con la necesidad
y el placer, ya que cuando predomina la asimilación
la acompaña siempre algún tipo de acomodación.
Pero, por otra parte, no puedo seguir a Vigotsky
cuando afirma que una vez que había separado necesidad
y placer de sus funciones adaptativas (lo que no creo haber
considerado nunca, o por lo menos si lo he hecho corregí
inmediatamente el error). Me veía obligado a concebir
el pensamiento realista u objetivo como independiente de las
necesidades concretas, como un tipo de inteligencia pura,
que busca pruebas sólo para su propia satisfacción.
Sobre este punto todos mis trabajos siguientes sobre el desarrollo
de las operaciones intelectuales aparte de la acción,
y sobre el desarrollo de las estructuras lógicas a
partir de la coordinación de acciones demuestran que
no se ha separado el pensamiento de la conducta. Eso sí,
me llevó algún tiempo llegar a comprobar que
las raíces de las operaciones lógicas descansaban
sobre algo más profundo que las conexiones lingüísticas
y que mi primer estudio del pensamiento estaba demasiado centrado
sobre sus aspectos lingüísticos. De aquí
podemos pasar a considerar el segundo punto.
Lenguaje egocéntrico
No existe ninguna razón para creer
que el egocentrismo cognitivo, señalado por un enfoque
preferencial no-consciente, o por la falta de diferenciación
de puntos de vista, no tiene aplicación en el campo
de las relaciones interpersonales, en particular en aquéllas
que se expresen en el lenguaje. Para ejemplificar esto, podemos
considerar un caso de la vida adulta: todos los instructores
nuevos descubren tarde o temprano que sus primeras clases
eran incomprensibles, porque se hablaban a sí mismos,
es decir prestaban atención solamente a sus propios
puntos de vista. Se dan cuenta gradualmente y con dificultad
que no es fácil ubicarse en la comprensión de
los estudiantes, que no saben todavía lo que ellos
conocen sobre la materia que dictan. Como un segundo ejemplo
podemos considerar el del arte de la discusión, que
consiste principalmente en conocer cómo ubicarse uno
mismo en el punto de vista del otro para tratar de convencerlo
en su propio campo. Sin esta capacidad la discusión
es inútil -¡y muchas veces resulta realmente
así entre los psicólogos!
Es por esta razón que al tratar de
estudiar las relaciones entre lenguaje y pensamiento desde
el punto de vista de los cambios de centración cognitivos
(centrations et décentrations) he tratado de ver si
existe o no un lenguaje egocéntrico especial, que pueda
ser distinguido del habla cooperativa. En mi primer libro
sobre lenguaje y pensamiento en el niño, dediqué
tres capítulos a este problema. En el segundo capítulo
estudiaba conversaciones y en especial argumentos entre niños
para poder dar a luz las dificultades que experimentan para
superar sus propios puntos de vista. El tercero estaba dedicado
a considerar los resultados de una pequeña experiencia
que se refiere al entendimiento mutuo de los niños
al intentar explicaciones causales, el que llevé a
cabo para poder verificar mis observaciones. Para explicar
estos hechos que me parecían los más importantes,
presentaba entonces en el primer capítulo un inventario
del habla espontánea del niño, tratando de distinguir
los monólogos y los "monólogos colectivos"
de las comunicaciones adaptativas y abrigando la esperanza
de descubrir de este modo un tipo de medida del egocentrismo
verbal.
Pero el resultado alarmante que yo no había
previsto fue que todos los adversarios de la noción
del egocentrismo (¡y son legión!) eligieron para
sus ataques solamente el primer capítulo, sin reconocer
ninguna significación a los otros dos, y por lo tanto,
como empecé a creer cada vez más firmemente,
sin entender el significado real del concepto. Un crítico
llegó hasta considerar el número de oraciones
en las cuales el niño habló de sí mismo
una medida del lenguaje egocéntrico, como si no se
pudiera hablar de uno mismo de un modo que no fuera egocéntrico.
En otro ensayo excelente sobre el lenguaje (publicado en el
Manual de Psicología Infantil de L. Carmichael) D.
McCarthy afirma que los largos debates sobre este tema resultaron
inútiles, pero no suministra ninguna explicación
sobre el significado real y el alcance del concepto de egocentrismo
verbal.
Antes de retornar a Vigotsky, me gustaría
aclarar qué es lo que me parece que continúa
siendo significativo en la evidencia positiva y negativa reunida
por mis pocos seguidores y mis muchos oponentes.
1. La medición del lenguaje egocéntrico
ha demostrado que existen variaciones medioambientales y situacionales
muy grandes, de modo que contrariamente a mis deseos iniciales
no poseemos para estas medidas una norma válida de
egocentrismo intelectual o aun de egocentrismo verbal.
2. El fenómeno mismo, cuya frecuencia
relativa en los diferentes niveles de desarrollo hemos querido
probar, así como su declinación con la edad,
no ha sido discutido nunca, ya que se ha entendido muy pocas
veces. Cuando se lo consideraba en términos de una
centración distorsionante de la propia acción
y de la descentración posterior, este fenómeno
resultó ser mucho más significativo en el estudio
de las acciones mismas y de su interiorización en la
forma de operaciones mentales que en el campo del lenguaje.
Sin embargo, todavía puede ser posible un estudio más
sistemático de las discusiones de los niños,
y especialmente de la conducta dirigida (y acompañada
por el habla), pueda suministrar índices válidos
de medida para su verificación y prueba.
Nos ha parecido que este largo preámbulo
era necesario para poner de manifiesto el respeto que nos
merece la posición de Vigotsky sobre el tema del lenguaje
egocéntrico, aun cuando no puedo coincidir con él
en todos los puntos. En primer lugar, Vigotsky no se da cuenta
que involucra un problema real, y no sólo una cuestión
de estadísticas. Segundo, él mismo verifica
los hechos en cuestión, en lugar de suprimirlos, a
través de los artificios de la medición, y sus
observaciones sobre la frecuencia del lenguaje egocéntrico
en los niños cuando se bloquea su actividad, y sobre
la disminución de tal lenguaje durante el periodo que
comienza a formarse el habla interiorizada son de gran interés.
Él propuso además una tercera hipótesis:
el habla egocéntrica es el punto de partida para el
desarrollo del lenguaje interiorizado, que se establece en
una etapa posterior del desarrollo, y este lenguaje interiorizado
puede servir tanto a los fines autistas del pensamiento como
a los lógicos. Yo estoy totalmente de acuerdo con estas
hipótesis.
Por otra parte, lo que creo que dejó
de considerar es el egocentrismo mismo como obstáculo
principal para la coordinación y cooperación
de distintos puntos de vista. Vigotsky me reprocha el no enfatizar
suficientemente desde el principio el aspecto funcional de
estos problemas. ¡Concedido!, pero debo manifestar que
lo hice más adelante. En El Juicio Moral del Niño
estudié juegos grupales (el de bolitas, etc.) y noté
que antes de la edad de 7 años no saben cómo
coordinar las reglas durante un juego, de modo que cada uno
juega para sí mismo, y todos ganan, sin entender que
lo que importa es la competencia. R. F. Nielsen, que estudió
actividades en cooperación (como construcción,
etc.), descubrió en el campo de la acción misma
todas las características que yo había enfatizado
con respecto al lenguaje. 1 Por lo tanto existe un fenómeno
general que Vigotsky ha descuidado.
En síntesis, cuando Vigotsky afirma
que la primera función del lenguaje debe ser la de
la comunicación global, y que el habla posterior se
diferencia en egocéntrica y comunicativa, propiamente
dicha, creo que estoy de acuerdo con él. Pero cuando
sostiene que estas dos formas lingüísticas son
igualmente socializadas y difieren sólo en función,
no puedo seguirlo porque la palabra socialización se
torna amplia en el contexto: si un individuo A cree equivocadamente
que un individuo B piensa del modo que lo hace A, y si no
trata de entender la diferencia entre los dos puntos de vista,
esto es, sin duda comportamiento social en el sentido de que
existe un contacto entre los dos, pero considero que tal conducta
es inadaptada desde el punto de vista de la cooperación
intelectual. Este punto de vista es el único aspecto
del problema que me ha preocupado, pero que parece no haber
interesado a Vigotsky.
En su excelente trabajo sobre los gemelos.
R. Zazzo 2 formula claramente el problema. De acuerdo a él
la dificultad en la noción de lenguaje egocéntrico
surge a raíz de una confusión de dos significados
que él entiende que yo debía haber separado:
a) Lenguaje incapaz de reciprocidad racional y b) lenguaje
"no significativo para otros". Pero el hecho es
que desde el punto de vista de la cooperación intelectual,
que es lo que a mí me interesa, estos dos tienen el
mismo valor. Entiendo no haber hablado nunca de lenguaje "no
significativo para otros" - esto podría haber
resultado engañoso, puesto que yo había reconocido
que el niño piensa que está conversando con
los demás y lo que en realidad hace es entenderse a
sí mismo. Mi concepción es simplemente la siguiente:
en el habla egocéntrica el niño habla para sí
mismo (en el mismo sentido en que un conferenciante puede
hablar solo, "para" sí mismo, aunque naturalmente
sus palabras están dirigidas a un auditorio). Zazzo,
citando un pasaje mío que es realmente bastante claro,
me responde seriamente que el niño no "habla para
sí mismo" sino "de acuerdo a sí mismo"
(selon lui) ... ¡Pero por supuesto! Podríamos
reemplazar el "para sí mismo", por el "de
acuerdo a si mismo" en todos mis escritos y seguiría
pensando que esto no cambiaría nada en el único
significado válido del egocentrismo: la falta de descentración
de la actitud para cambiar la perspectiva mental, en las relaciones
sociales, así como en las otras. Más aún,
creo que es precisamente la cooperación con los otros
(en el plano cognitivo) lo que nos enseña a hablar
de "acuerdo" a los demás y no simplemente
desde nuestro propio punto de vista.
II
Mis comentarios sobre la segunda parte de
las reflexiones de Vigotsky con respecto a mi trabajo, en
el Capitulo VI, serán más simples, porque cree
que estoy mucho más de acuerdo con él en estos
puntos, y principalmente porque mis últimos libros
que él no conoció, responden a las cuestiones
que suscita o a la mayoría de ellas.
Conceptos espontáneos, aprendizaje
escolar, conceptos científicos
Fue realmente una alegría para mí
descubrir en el libro de Vigotsky que él aprueba mi
separación de los conceptos espontáneos y no-espontáneos
con propósitos de estudio: se podía haber temido
que un psicólogo que se ocupó de los problemas
de aprendizaje escolar más intensamente de lo que lo
hicimos nosotros hubiera tendido a subestimar el aspecto de
los procesos de estructuración continua en el desarrollo
de la actividad mental del niño. Es verdad que cuando
Vigotsky me imputa el haber sobreenfatizado esta distinción,
mi reflexión en un primer momento fue que me estaba
atribuyendo lo que él mismo había dado por supuesto.
Pero cuando amplía su crítica, diciendo que
también los conceptos no-espontáneos reciben
el "sello" de la mentalidad infantil en el proceso
de adquisición, y que por lo tanto debe ser admitida
una "interacción" de los conceptos espontáneos
y los aprendidos, estoy de acuerdo con él otra vez
más. Aunque Vigotsky no me ha interpretado cuando opina
que desde mi punto de vista el pensamiento espontáneo
de los niños debe ser conocido por los educadores sólo
como se debe conocer a un enemigo para poder combatirlo con
éxito. En todos mis escritos pedagógicos, tanto
en los antiguos 3 como en los más recientes 4 he insistido,
por el contrario, en que la educación formal podría
avanzar más que con los métodos empleados hasta
ahora a partir de una utilización sistemática
de la evolución mental espontánea del niño.
Pero en lugar de discutir abstractamente
estos pocos (aunque esenciales) puntos, comenzaremos con aquellos
que a mi entender revelan nuestro acuerdo fundamental. Cuando
Vigotsky establece a partir de las reflexiones sobre mis primeros
libros, que la tarea fundamental de la psicología infantil
es la de estudiar la formación de los conceptos científicos
siguiendo a paso el proceso que se desarrolla ante nuestra
vista, él no ha sospechado que ése era justamente
mi programa. Antes de que aparecieran mis primeros libros,
yo tenía ya el texto manuscrito del año 1920,
de un estudio que había realizado sobre la construcción
infantil de las correspondencias numéricas. Éste
era, entonces mi proyecto, para el cual mis libros sobre lenguaje
y pensamiento, juicio y razonamiento, la concepción
infantil del mundo, etc., no servían más que
como una introducción. En colaboración con A.
Szemeniska y B. Inhelder publiqué más adelante
una serie de estudios que tenían que ver con el desarrollo
de los conceptos de número, de cantidad física,
movimiento, velocidad y tiempo, de espacio, probabilidad,
y de inducción de las leyes físicas de las estructuras
lógicas de clases, relaciones y proposiciones en
resumen con la mayoría de los conceptos científicos
básicos.
Veremos lo que revelan estos descubrimientos
sobre la relación entre aprendizaje y desarrollo, puesto
que es en esta cuestión en la que Vigotsky cree que
está en desacuerdo conmigo, aunque realmente difiere
sólo en parte, y no en el sentido que él imagina
sino en otro, casi opuesto.
Para manejarnos con un ejemplo específico
consideraremos el de la enseñanza de la geometría.
En Ginebra, en Francia y en otras partes presenta tres peculiaridades:
1) comienza tarde, generalmente alrededor de los once años,
y en cambio la aritmética empieza a enseñarse
desde los 7; 2) desde el principio es específicamente
geométrica o métrica, sin pasar primero a través
de una fase cualitativa en la cual la operación espacial
podría ser reducida a operaciones lógicas aplicadas
a un continuo; 3) sigue el orden histórico de descubrimiento
(se enseña primero la geometría euclidiana,
más adelante la geometría proyectiva, y finalmente,
en la Universidad, la topológica, aunque es bien conocido
que la moderna geometría teórica tiene su punto
de partida en las estructuras topológicas, a partir
de las cuales pueden derivarse, mediante métodos paralelos
tanto las estructuras proyectivas como las euclidianas). Más
aún, se sabe que la geometría teórica
se basa en la lógica, y finalmente que existe una conexión
próxima creciente entre las consideraciones geométricas
y las algebraicas o numéricas. Si, como propone Vigotsky,
examinamos el desarrollo de las operaciones geométricas
en los niños, descubriremos que se encuentra mucho
más cerca del espíritu de la geometría
teórica que del de la instrucción académica
tradicional: 1) si el niño construye sus operaciones
espaciales al mismo tiempo que las numéricas, con una
estrecha interacción entre ellas, existe, en particular,
un paralelismo notable entre la construcción del número
y medidas de una cantidad continua; 2) las primeras operaciones
geométricas del niño son esencialmente cualitativas
y el paralelismo con las operaciones lógicas es total
(ordenamiento, clase, inclusión, etc.) ; 3) las primeras
estructuras geométricas que descubre el niño
son de naturaleza esencialmente topológica, y es a
partir de ellas que construye, pero de un modo paralelo, la
proyectiva elemental y las estructuras euclidianas.
A partir de tales ejemplos, que pueden multiplicarse,
se hace fácil responder al comentario de Vigotsky.
En primer lugar, me reprocha el considerar el aprendizaje
escolar como no relacionado esencialmente con el desarrollo
espontáneo del niño. Aún así,
lo que debe quedar en claro es que, para mí, no es
al niño a quien debe culparse por los conflictos eventuales,
sino a la escuela, ignorante del uso que podría hacer
del desarrollo espontáneo del niño, reforzándolo
mediante métodos adecuados, en lugar de inhibirlos,
como hace frecuentemente. En segundo lugar, y éste
es el error fundamental que comete Vigotsky, en la interpretación
de mi trabajo, es que él cree que de acuerdo a mi teoría
el pensamiento adulto, después de determinadas acomodaciones
"suplanta" gradualmente al pensamiento infantil,
a través de una especie de "extinción mecánica",
del último. En realidad, todavía hoy se me atribuye
el interpretar el desarrollo espontáneo como tendiendo
por sí mismo hacia las estructuras lógico-matemáticas
del adulto ¡como un ideal predeterminado!
Todo esto suscita, por lo menos, dos problemas,
que Vigotsky formula, pero en la solución de los cuales
diferimos algo. El primero concierne a la "interpretación
de los conceptos espontáneos y no-espontáneos".
Esta interpretación es más compleja de lo que
cree Vigotsky. En algunos casos lo que se transmite a través
de la instrucción es bien asimilado por el niño
porque representa, de hecho, una extensión de algunas
de sus propias construcciones espontáneas. En tales
casos su desarrollo se acelera. Pero en otros, los objetos
que suministran la instrucción se presentan demasiado
temprano o demasiado tarde, o de un modo que impide la asimilación
porque no concuerda con sus construcciones espontáneas,
entonces impide el desarrollo del niño, se lo desvía
estérilmente, como sucede a menudo en la enseñanza
de las ciencias exactas. Por lo tanto, yo no creo, como parece
hacerlo Vigotsky, que los nuevos conceptos, aun en el nivel
escolar, se adquieren siempre a través de la intervención
didáctica del adulto. Esto puede ocurrir, pero existe
una forma de instrucción mucho más productiva,
la de la llamada "escuela activa" que intenta crear
situaciones, que, aunque no son "espontáneas"
en sí mismas, incitan a una elaboración espontánea
por parte del niño, si se las maneja de forma que despierten
su interés y presenten el problema de un modo tal que
corresponda a las estructuras que ya ha formado él
mismo.
El segundo problema, que es realmente una
extensión del primero, en un nivel más general,
es la relación entre los conceptos espontáneos
y las nociones científicas como tales. En el sistema
de Vigotsky, el punto "clave" de esta cuestión
es que "los conceptos científicos y espontáneos
comienzan en puntos diferentes pero se encuentran eventualmente".
Sobre esto estemos de completo acuerdo si significa que se
produce un encuentro real entre la sociogénesis de
las nociones científicas (en la historia de la ciencia
y en la transmisión de un conocimiento de una generación
a la siguiente) y la psicogénesis de las estructuras
"espontáneas" (influida, con toda seguridad,
por la interacción con el medio social, familiar, escolar,
etc.) y no simplemente que la psicogénesis está
íntegramente determinada por el ambiente histórico
y cultural. Pienso que al hacer esta afirmación no
estoy haciéndole decir a Vigotsky más que lo
que él ha expresado, ya que admite un grado de espontaneidad
en el desarrollo, lo que queda por determinar es en qué
consiste.
Operación y generalización
Es en esta cuestión de la naturaleza
de las actividades espontáneas que existe todavía
alguna divergencia entre la obra de Vigotsky y la mía,
pero esta diferencia es sólo una extensión de
la que apuntamos con respecto al egocentrismo y el papel de
la descentración en el progreso de la evolución
mental.
Con respecto al retraso de tiempo en el surgimiento
del conocimiento consciente estamos totalmente de acuerdo
con Vigotsky, salvo que él no cree que la falta de
conocimiento sea un residuo del egocentrismo. Consideraremos
la solución que propone: 1) el desarrollo tardío
del conocimiento debe ser simplemente el resultado de la bien
conocida "ley" de acuerdo a la cual la conciencia
y el control aparecen sólo en la etapa final del desarrollo
de una función; 2) primero, el conocimiento está
limitado a los resultados de acciones y solamente más
tarde se extiende al "cómo", o sea a la operación
misma. Ambas afirmaciones son correctas, pero sólo
exponen los hechos, sin explicarlos. La explicación
comienza cuando uno comprende que un sujeto cuya perspectiva
está determinada por su acción, no tiene ninguna
razón para adquirir conciencia de nada excepto de sus
resultados; la descentración, por otra parte, es decir
el traslado del propio enfoque, y la comparación de
una acción con otras posibles, particularmente con
las acciones de otra gente, conduce a un conocimiento del
"cómo" y a las operaciones verdaderas.
Ésta diferencia en perspectiva entre
un simple esquema lineal como el de Vigotsky y un esquema
de descentración se hace más evidente en la
cuestión del motor principal del desarrollo intelectual.
Parecería que, de acuerdo a Vigotsky (aunque por supuesto
no conozco el resto de su trabajo) el factor principal debe
ser visto en la "generalización de las percepciones",
ya que el proceso de generalización es suficiente en
sí mismo para introducir las operaciones mentales en
la conciencia. Nosotros, por otra parte, al estudiar el desarrollo
espontáneo de las nociones científicas, debemos
considerar como factor central al proceso mismo de la construcción
de operaciones, que consiste en las acciones interiorizadas
que se hacen reversibles y se coordinan entre ellas en patrones
de estructuras sujetos a leyes bien definidas. El progreso
de la generalización es sólo el resultado de
esa elaboración de las estructuras operacionales, y
éstas no derivan de la percepción, sino de la
acción total.
Vigotsky mismo estaba cerca de esta solución
cuando sostuvo que el sincretismo, la yuxtaposición,
la insensibilidad a la contradicción y otras características
del nivel de desarrollo que hoy llamamos preferentemente preoperacional
(en lugar de prelógico) se deben todos a la falta de
un sistema, ya que la organización de éstos
es, de hecho, la ejecución esencial que marca la transición
del niño hacia el nivel del razonamiento lógico.
Pero estos sistemas no son simplemente el producto de la generalización:
son estructuras operacionales múltiples y diferenciadas,
cuya elaboración gradual por parte del niño
hemos aprendido a seguir paso a paso.
Un pequeño ejemplo de esta diferencia
en nuestros puntos de vista lo provee Vigotsky en su comentario
sobre la inclusión en clases. Al leerlo, uno tiene
la impresión de que el niño descubre la inclusión
por una combinación de generalización y aprendizaje;
cuando aprende a usar las palabras rosa y luego flor, primero
las yuxtapone, pero tan pronto como hace la generalización
"todas las flores son rosas" Nota, y descubre que
la conversión no es verdadera, se da cuenta que la
clase de rosas está incluida en la clase de flores.
Habiendo estudiado estos problemas de primera mano 5 sabemos
que la cuestión es mucho más compleja. Aun cuando
afirma que todas las rosas son flores, y que no todas las
flores san rosas, en un primer momento no puede darse cuenta
que hay más flores que rosas. Para lograr la inclusión,
debe organizar un sistema operacional tal que A (rosas) +
A' (otras flores que no son rosas) = B (flores) y que si A
= B - A' en consecuencia A < B; la reversibilidad de este
sistema es un pre-requisito para la inclusión.
No he discutido en este comentario la cuestión
de la socialización como una condición del desarrollo
intelectual, aunque Vigotsky la suscita varias veces. Desde
mi punto de vista actual, mis primeras formulaciones son menos
relevantes porque la consideración de las operaciones
y la de la descentración involucrada en la organización
de las estructuras operacionales hacen aparecer este punto
bajo una nueva luz. Todo el pensamiento lógico es socializado
puesto que implica la posibilidad de comunicación entre
los individuos. Pero tal cambio interpersonal se lleva a cabo
a través de correspondencias, reuniones, intersecciones
y reciprocidades, es decir a través de operaciones.
De este modo, existe identidad entre las operaciones intraindividuales
y las interindividuales que constituyen la co-operación
en el exacto y casi etimológico sentido de la palabra.
Las acciones, ya sean individuales o interpersonales, están
en esencia coordinadas y organizadas por estructuras operacionales
construidas espontáneamente en el curso del desarrollo
intelectual.
Palabras clave: Vygotsky, Vygotski, Vigotsky, Vigotski.
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