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Prólogo
Prefacio del autor
Aproximación al problema
La Teoría de Piaget sobre Lenguaje y Pensamiento del niño
La Teoría de Stern sobre el desarrollo del Lenguaje
Las raíces genéticas del Pensamiento y el Lenguaje
Un estudio experimental de la formación del Concepto
El desarrollo de los conceptos científicos en la infancia
Pensamiento y Palabra
Comentarios sobre las observaciones críticas de Vigotsky
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PENSAMIENTO Y LENGUAJE
Capítulo VI
EL DESARROLLO DE LOS CONCEPTOS CIENTÍFICOS
EN LA INFANCIA
I
Para poder guiar a la infancia en el conocimiento
sistemático y crear métodos exitosos de instrucción,
resulta imprescindible entender el desarrollo de los conceptos
científicos en la mente del niño, y no menos
importante que este aspecto práctico del problema es
su significación teórica para la ciencia psicológica.
Sin embargo, los conocimientos que poseemos sobre el problema
en su totalidad son sorprendentemente escasos.
¿Qué sucede en la mente infantil
cuando recibe los conceptos científicos que se le enseñan
en la escuela? ¿Cuál es la relación entre
la asimilación de la información y el desarrollo
interno del concepto científico en la conciencia del
niño?
La psicología infantil contemporánea
tiene dos respuestas para estas preguntas. Una escuela del
pensamiento cree que los conceptos científicos no tienen
una historia interna, es decir que no sufren un desarrollo
sino que son absorbidos ya listos a través de un proceso
de entendimiento y asimilación. La mayoría de
los métodos y teorías educaciones se basan todavía
en esta concepción. Sin embargo, este punto de vista
no puede enfrentar un enjuiciamiento ni en el terreno teórico
ni en sus aplicaciones prácticas. Sabemos a través
de las investigaciones de su proceso de formación que
un concepto es más que la suma de determinados enlaces
asociativos formados por la memoria, más que un simple
hábito mental; es un acto del pensamiento complejo
y genuino que no puede ser enseñado por medio de la
instrucción, sino que puede verificarse cuando el mismo
desarrollo mental del niño ha alcanzado el nivel requerido.
En cualquier edad un concepto formulado en una palabra representa
un acto de generalización. Pero el significado de las
palabras evoluciona, y cuando una nueva ha sido aprendida
por el niño su desarrollo comienza a ponerse en marcha,
la palabra es primero generalización del tipo más
primitivo y a medida que se desarrolla la inteligencia del
niño se la reemplaza por generalizaciones de un tipo
más avanzado -un proceso que conduce finalmente a la
formación de verdaderos conceptos. El desarrollo de
los conceptos, o el del significado de las palabras presupone
a su vez la evolución de muchas funciones intelectuales:
la atención deliberada, la memoria lógica, la
abstracción, la habilidad para comparar y diferenciar.
Estos procesos psicológicos complejos no pueden ser
denominados a través del aprendizaje aislado.
La experiencia práctica también
demuestra que la enseñanza directa de los conceptos
es imposible y estéril. Un maestro que intente hacer
esto generalmente no logra nada más que un verbalismo
hueco, una repetición de palabras por parte del niño,
que simulan un conocimiento de los conceptos correspondientes,
pero que, en realidad sólo encubren un vacío.
León Tolstoi, con su profundo conocimiento
de la naturaleza de la palabra y su significado, percibió
mucho más claramente que otros educadores, la imposibilidad
de retransmitir simplemente un concepto de maestro a alumno.
Él cuenta sus intentos de enseñar la lengua
literaria a los niños campesinos "traduciendo"
primero su propio vocabulario al idioma de las leyendas populares
y luego éste al ruso literario. Descubrió que
no se puede enseñar a los niños la lengua literaria
por medio de explicaciones artificiales, memorizaciones compulsivas
y repetición como se enseña una lengua extranjera.
Tolstoi escribe: "Debemos admitir que varias veces hemos
intentado... hacer esto, y nos hemos encontrado siempre con
un disgusto invencible por parte de los niños, quienes
nos demostraron que estábamos en la huella equivocada.
Estas experiencias nos han dejado la certidumbre de que es
casi imposible explicar el significado de una palabra... Cuando
se trata de aclarar, qué quiere decir, por ejemplo,
«impresión», se pone en su lugar otro vocablo
igualmente incomprensible, o una serie completa de palabras
con una conexión entre ellas tan incomprensible como
la palabra misma." Lo que el niño necesita, dice
Tolstoi, es una oportunidad para adquirir nuevos conceptos
y palabras del contexto lingüístico general. "Cuando
él ha escuchado o leído una palabra desconocida
en una oración igualmente incomprensible, y en otra
oportunidad otra frase, comienza a tener una idea vaga del
nuevo concepto y tarde o temprano... sentirá la necesidad
de usarla, una vez que la ha utilizado, la palabra y el concepto
son suyos... Pero, suministrar los conceptos a los alumnos
deliberadamente, estoy convencido, es tan imposible y fútil
como querer enseñar a caminar a un niño por
las leyes de equilibrio." 1
La segunda concepción de la evolución
de los conceptos científicos, aunque no niega la existencia
de un proceso de desarrollo en la mente del escolar, sostiene,
sin embargo, que este proceso no difiere en nada especial
del desarrollo de los conceptos formados por el niño
en sus experiencias diarias y que es inútil considerar
los dos procesos separadamente. ¿Cuál es la
base en que se asienta esta opinión?
La literatura de este campo muestra que al
estudiar la formación del concepto en la infancia la
mayoría de los investigadores han utilizado los de
la vida diaria formados sólo por el niño sin
mediar la instrucción sistemática. Se afirma
que las leyes basadas en estos datos se aplican también
a los conceptos científicos del niño y no se
estima necesaria ninguna confirmación de esto. Sólo
unos pocos de los más perspicaces estudiosos modernos
del pensamiento infantil cuestionan la legitimidad de tal
extensión. Piaget traza una profunda división
entre las ideas del niño sobre la realidad, desarrollada
fundamentalmente a través de sus propios esfuerzos
mentales y aquellas influidas decisivamente por los adultos;
designa las del primer grupo como espontáneas, y las
del segundo como no espontáneas, y admite que las últimas
deben ser objeto de investigación independiente. En
este respecto va más lejos y su estudio es más
profundo que el de cualquiera de los estudiosos de los conceptos
infantiles.
Pero al mismo tiempo, existen algunos errores
en el razonamiento de Piaget que disminuyen el valor de sus
concepciones. Aunque sostiene que el niño al formar
un concepto estampa en él las características
de su propia mentalidad, tiende a aplicar esta tesis solamente
a los conceptos espontáneos y afirma que sólo
ellos pueden ilustrarnos verdaderamente sobre las cualidades
especiales del pensamiento del niño; deja de considerar,
pues, la interacción entre los dos tipos y los enlaces
que los unen en un sistema total de conceptos en el curso
del desarrollo intelectual del niño. Estos errores
conducen a otro. Uno de los principios básicos de la
teoría de Piaget es que la socialización progresiva
del pensamiento es la verdadera esencia del desarrollo mental
del niño. Pero si sus concepciones de la naturaleza
de los conceptos no espontáneos fuera correcta, se
podría deducir que un factor tan importante en la socialización
del pensamiento infantil, como es el aprendizaje escolar,
no está relacionado con el proceso evolutivo interno.
Esta inconsistencia es el punto débil de las concepciones
de Piaget, tanto teórica como prácticamente.
Teóricamente, considera la socialización
del pensamiento como una abolición mecánica,
como un marchitamiento gradual, de las características
de la inteligencia propia del niño. Todo lo que es
nuevo en el desarrollo viene desde afuera, reemplazando sus
modos de pensamiento. A través de la infancia se produce
un conflicto incesante entre las dos formas de pensamiento
mutuamente antagónicas, con una serie de acomodaciones
en cada nivel sucesivo hacia el desarrollo de la inteligencia
del adulto. La propia naturaleza del niño no juega
un papel constructivo en el proceso intelectual. Cuando Piaget
dice que nada es más importante para la enseñanza
efectiva que un conocimiento meditado del pensamiento espontáneo
del niño 2 se encuentra impulsado, aparentemente por
la idea de que el pensamiento infantil debe ser conocido como
un enemigo para poder combatirlo con éxito.
Nos opondremos a estas premisas con la siguiente:
el desarrollo de los conceptos no espontáneos debe
poseer todas las características del pensamiento infantil
en cada nivel, puesto que estos conceptos no se adquieren
simplemente por medio de la memoria, sino que evolucionan
con la ayuda de una enérgica actividad mental por parte
del niño mismo. Creemos que tanto el desarrollo de
la actividad espontánea como el de la no espontánea,
se relacionan y se influyen constantemente. Son partes de
un proceso único, el de la evolución de la formación
del concepto, que se encuentra afectado por las variaciones
externas y las condiciones internas, pero que es esencialmente
unitario, y no un conflicto de formas de ideación antagónicas,
mutuamente excluyentes. La instrucción es una de las
fuentes principales de los conceptos infantiles, y también
una fuerza poderosa en la dirección de su desarrollo;
determina el destino de su evolución mental completa.
De este modo, los resultados del estudio psicológico
del niño pueden ser aplicados a los problemas de la
enseñanza de un modo muy diferente al considerado por
Piaget.
Antes de discutir las premisas en detalle
queremos manifestar nuestras razones para diferenciar entre
conceptos espontáneos y no espontáneos, en particular
los científicos, y someter los últimos a un
estudio especial.
Primero, a partir de la simple observación
sabemos qué conceptos se forman y desarrollan bajo
condiciones internas y externas totalmente diferentes, y depende
de si se originan en la instrucción escolar o en la
experiencia personal del niño, y que aún los
motivos que lo predisponen a formar los dos tipos de conceptos
no son los mismos. La mente enfrenta problemas diferentes
cuando asimila los conceptos de la escuela y cuando se la
deja librada a su voluntad.
Cuando impartimos al niño el conocimiento
sistemático, le enseñamos muchas cosas que no
puede ver o experimentar directamente, ya que sus conceptos
científicos y espontáneos difieren en su relación
con la experiencia del niño, y en la actitud del niño
hacia sus objetos, se puede esperar que sigan diferentes caminos
de desarrollo desde sus comienzos hasta su forma definitiva.
La separación de los conceptos científicos
como objeto de estudio tiene también un valor heurístico.
Hoy, la psicología dispone sólo de dos formas
para estudiar la formación del concepto: una se maneja
con los conceptos reales del niño, pero usa métodos
tales como la definición verbal, que no pasan más
allá de la superficie del problema; la otra permite
un análisis psicológico incomparablemente más
profundo. Un urgente problema metodológico con el que
nos enfrentamos es encontrar el camino que nos conduzca a
estudiar los conceptos reales en profundidad, encontrar un
método que pudiera utilizar los resultados ya obtenidos
por los dos utilizados anteriormente. El enfoque más
promisorio con respecto al problema parece ser el estudio
de los conceptos científicos que son conceptos reales,
aunque se forman casi del mismo modo que los conceptos artificiales.
Finalmente, el estudio de los conceptos científicos
como tal tiene implicaciones importantes para la educación
y la instrucción. Estos conceptos no se absorben ya
listos, y la instrucción y el aprendizaje juegan un
papel importante en su adquisición. Descubrir la compleja
relación entre la instrucción y el desarrollo
de los conceptos científicos es una importante tarea
práctica.
Estas fueron las consideraciones que nos
guiaron para separar el concepto científico de los
formados en la vida diaria y a someterlos a un estudio comparativo.
Para ilustrar el tipo de pregunta que intentamos responder,
permítasenos tomar el concepto "hermano"
-un concepto típicamente cotidiano que Piaget utiliza
hábilmente para determinar una serie de peculiaridades
del pensamiento infantil- y compararlas con la noción
de "explotación" a la cual se introduce al
niño en sus clases de ciencias sociales. ¿Su
desarrollo es igual o diferente? ¿El término
"explotación" repite simplemente el curso
evolutivo del vocablo "hermano", o es psicológicamente
un concepto de un tipo diferente? Nuestra opinión es
que estas dos nociones deben diferir tanto en su desarrollo
como en su funcionamiento y que las dos variantes del proceso
de formación del concepto se influyen mutuamente durante
su evolución.
II
Si queremos estudiar la relación entre
el desarrollo del concepto científico y el de los cotidianos
necesitamos un modelo de comparación, y para construir
un patrón de medida debemos conocer las características
típicas de las conceptos cotidianos en la edad escolar
y la dirección de su desarrollo durante este período.
Piaget demostró que los conceptos
del escolar se caracterizan fundamentalmente por su falta
de conocimiento consciente de las relaciones, aunque las maneja
correctamente de un modo espontáneo, irreflexivo. Investigó
asimismo el significado de la palabra porque, entre niños
de siete a ocho años utilizando la oración "Mañana
no quiero ir a la escuela porque estoy enfermo". La mayoría
de los niños respondieron: "Significa que está
enfermo", y otros dijeron: "Significa que no quiere
ir a la escuela". El niño no puede darse cuenta
que la pregunta no se refiere a los hechos aislados de la
enfermedad o de la ausencia escolar, sino a la conexión,
aunque aprende, sin lugar a dudas, el significado de la oración.
Espontáneamente, el uso de la palabra porque es correcto,
pero no sabe cómo utilizarla deliberadamente. Así
no puede terminar esta oración sin caer en un error:
"El hombre se cayó de la bicicleta porque...",
y frecuentemente utiliza la consecuencia en lugar de la causa
("porque se rompió el brazo"). El pensamiento
infantil es no deliberado y no tiene conciencia de sí
mismo. ¿Cómo puede entonces el niño alcanzar
eventualmente el conocimiento y dominio de sus propios pensamientos?
Para explicar el proceso, Piaget cita dos leyes psicológicas.
Una es la ley del conocimiento, formulada
por Claparède, quien demostró por medio de interesantes
experiencias que la aprehensión de las diferencias
precede a la de las semejanzas. El niño reacciona bastante
naturalmente de modo similar ante objetos semejantes, y no
tiene necesidad de tomar conciencia de su forma de respuesta,
en tanto que las disimilitudes crean un estado de inadaptación
que conduce al conocimiento. Las leyes de Claparède
establecen que cuanto más fácilmente usamos
una relación en la actividad, menos conscientes somos
de ella; tomamos conciencia de lo que estamos haciendo en
proporción a la dificultad que experimentamos para
adaptarnos a una situación.
Piaget utiliza las leyes mencionadas para
explicar el desarrollo del pensamiento, que tiene lugar entre
el séptimo y el duodécimo año de vida.
Durante este período las operaciones mentales del niño
entran repetidamente en conflicto con el pensamiento adulto,
sufren fracasos y derrotas a raíz de la deficiencia
de su lógica, y estas experiencias dolorosas crean
la necesidad de cobrar conciencia de sus conceptos.
Pero Piaget se da cuenta de que la necesidad
no es una explicación suficiente para ningún
cambio evolutivo y reemplaza la ley de Claparède por
la del cambio o desplazamiento. Hacerse consciente de una
operación mental significa transferir ésta del
plano de la acción al del lenguaje, recrearla en la
imaginación de modo que pueda ser expresada en palabras.
Este cambio no es ni rápido ni uniforme. La ley establece
que el dominio de una operación en el plano superior
del pensamiento verbal presenta las mismas dificultades que
el primer dominio de esa operación en el plano de la
acción, acontece a través de un progreso lento.
Estas interpretaciones no nos parecen adecuadas.
Las descubrimientos de Claparède pueden tener una explicación
distinta. Nuestros propios estudios experimentales sugieren
que el niño toma conciencia de las diferencias antes
que de las semejanzas no porque las diferencias conduzcan
a una inadaptación, sino porque el conocimiento de
las similitudes requiere una estructura más avanzada
de generalización o de un concepto, que comprende los
objetos semejantes; y que el de las diferencias no requiere
tal generalización, puede efectuarse por otros medios.
El hecho de que la secuencia evolutiva de estos dos conceptos
invierta la secuencia del primitivo manejo funcional de similitudes
y diferencias no es único. Nuestros experimentos mostraron,
por ejemplo, que el niño responde a la acción
figurativamente representada, antes que a la presentación
de un objeto, pero toma conciencia total del objeto antes
que de la acción *.
La ley de cambio es un ejemplo de la teoría
genética ampliamente difundida, de acuerdo a la cual
determinados hechos o patrones de comportamiento observados
en las primeras etapas del proceso evolutivo puede repetirse
en las más avanzadas. Los rasgos que se repiten ocultan
a menudo al observador las diferencias significativas causadas
por el hecho de que los procesos posteriores tienen lugar
en un nivel evolutivo más alto. Podemos prescindir
de discutir el principio de la repetición como tal,
ya que nos manejaremos simplemente con su valor explicativo
con respecto al desarrollo del conocimiento. La ley del cambio,
como la del conocimiento, puede, en el mejor de los casos,
responder a la pregunta de por qué el escolar no es
consciente de sus conceptos, pero no puede especificar cómo
se llega a su conocimiento. Debemos buscar otra hipótesis
que explique ese hecho decisivo en la evolución mental
de la infancia.
De acuerdo a Piaget la falta de conocimiento
del escolar es un residuo de su egocentrismo menguante, que
todavía mantiene su influencia en la esfera del pensamiento
verbal que comienza a formarse justo en ese período.
El conocimiento se logra cuando el pensamiento maduro socializado
disuelve el egocentrismo residual del grado del pensamiento
verbal.
Tal explicación de la naturaleza de
los conceptos del escolar, basada esencialmente en su ineptitud
general para adquirir conciencia de sus actos, no puede mantenerse
cuando se enfrenta con los hechos. Varios estudios han mostrado
que es precisamente durante los primeros años de la
etapa escolar que las funciones intelectuales superiores,
cuyos rasgos fundamentales son el conocimiento reflexivo y
el control deliberado pasan al primer plano del proceso de
desarrollo. La atención, previamente involuntaria,
se convierte en voluntaria, y crecientemente dependiente del
propio pensamiento del niño, la memoria mecánica
se transforma en memoria lógica guiada por el significado,
y ahora puede ser utilizada deliberadamente por el niño.
Se podría decir que tanto la atención como la
memoria se convierten en "lógicas" y voluntarias,
puesto que el control de una función es el equivalente
de su conocimiento. Sin embargo, el hecho establecido por
Piaget no puede ser negado: aunque el escolar avanza firmemente
en cuanto a conocimiento y dominio, no tiene conciencia de
sus propias operaciones conceptuales. Todas las funciones
mentales básicas se tornan deliberadas durante la edad
escolar, salvo el intelecto.
Para resolver esta aparente paradoja, debemos
volver a las leyes básicas que gobiernan el desarrollo
psicológico. Una de ellas es que la conciencia y el
control aparecen solamente en la última etapa del desarrollo
psicológico. Una de ellas es que la conciencia y el
control aparecen solamente en la última etapa del desarrollo
de una función, después de haber sido utilizada
y puesta en práctica inconsciente y espontáneamente.
Para poder someter una función al control intelectual
y volitivo, primero debemos poseerla.
La etapa de las funciones indiferenciadas
en la infancia es conducida por la diferenciación y
el desarrollo de la percepción en la primera infancia
y el desarrollo de la memoria en el pre-escolar, para mencionar
sólo los aspectos sobresalientes del desarrollo mental
en cada edad. La atención que es un correlato de la
estructuración de lo que es percibido y recordado,
participa en su desarrollo. Consecuentemente, el niño
que se encuentra en edad de ingresar a la escuela posee, de
una forma más o menos madura, las funciones que deberá
aprender a controlar conscientemente. Pero los conceptos,
o mejor dicho los preconceptos, que es como deben denominarse
en esa edad, comienzan a desarrollarse apenas a partir de
los complejos, y sería realmente un milagro si el niño
pudiera tomar conciencia de ellos y gobernarlos durante el
mismo período. Para que esto fuera posible, la conciencia
no sólo tendría que tomar posesión de
sus funciones aisladas, sino también crearlas.
Antes de seguir adelante, deseamos aclarar
el término conciencia, tal como lo usamos al hablar
de funciones no conscientes, que se "tornan conscientes".
(Utilizamos el término no consciente para distinguir
lo que no es todavía consciente del término
freudiano inconsciente, que resulta de la represión,
que es un desarrollo posterior, un efecto de una diferenciación
relativamente alta de la conciencia). La actividad de la conciencia
puede tomar distintas direcciones, puede iluminar sólo
unos pocos aspectos del pensamiento o un acto. Recién
he atado un nudo, lo he hecho tan conscientemente que no puedo
explicar cómo, puesto que mi conocimiento estaba más
centrado en el nudo que en mis propios movimientos, en el
cómo de mi acción. Cuando la última se
convierte en objeto de mi conocimiento tendré entonces
conciencia total de la misma. Usamos el término conciencia
para dar a entender conocimiento de la actividad de la mente,
la conciencia de ser consciente. Un pre-escolar que en respuesta
a esta pregunta: "¿Conoces tu nombre?", lo
diga, carece de conocimiento reflexivo; conoce su nombre,
pero no es consciente de conocerlo.
Los estudios de Piaget demostraron que la
introspección comienza a desarrollarse sólo
durante los años escolares. Este proceso tiene mucho
en común con el desarrollo de la percepción
externa y la observación en la transición de
la infancia a la niñez, cuando el niño pasa
de la primitiva percepción sin palabras a la percepción
de las objetos guiada por una percepción en términos
de significado, expresada oralmente. De modo similar el escolar
pasa de la introspección no formulada a la verbalizada,
percibe sus propios procesos psíquicos como significativos.
Pero la percepción en términos de significado
implica siempre un grado de generalización. En consecuencia,
la transición hacia la propia observación verbalizada
denota el comienzo de un proceso de generalización
de las formas internas de actividad. El cambio hacia un nuevo
tipo de percepción interna significa también
un cambio hacia un tipo superior de actividad interior, puesto
que un modo nuevo de ver las cosas abre nuevas posibilidades
para manejarlas. Los movimientos que realiza un ajedrecista
están determinados por lo que ve en el tablero, cuando
su percepción del juego cambia, varía también
su estrategia. Al percibir alguno de nuestros propios actos
de un modo generalizado, los aislamos de nuestra actividad
mental total y por lo tanto podemos enfocar el proceso coma
tal, y entablar con él una nueva relación. De
este modo, el hacernos conscientes de nuestras propias operaciones
y considerar a cada una como un proceso de un determinado
tipo -tal como el recuerdo o la imaginación- nos conduce
a poder dominarlas.
La instrucción escolar induce el tipo
generalizador de percepción y juega así un papel
decisivo al hacer que el niño tenga conciencia de su
propio proceso mental. Los conceptos científicos, con
su jerarquía sistemática de intercalaciones,
parece ser el medio dentro del cual se desarrollan en una
primera etapa el conocimiento y las destrezas para ser transferidas
más tarde a otros conceptos y a otras áreas
del pensamiento. La conciencia reflexiva llega al niño
a través de los portales de los conceptos científicos.
La caracterización de Piaget de los
conceptos espontáneos del niño como no conscientes
y asistemáticos tiende a confirmar nuestra tesis. La
deducción de que lo espontáneo, cuando se aplica
a conceptos, es un sinónimo de no consciente resulta
obvia a través de sus escritos, y se percibe claramente
su fundamento. Al operar con conceptos espontáneos
el niño no tiene conciencia de ellos, puesto que su
atención está siempre centrada en el objeto
al cual se refiere el concepto, nunca en el acto de pensamiento
mismo. Igualmente clara resulta su opinión de que los
conceptos espontáneos existen para el niño fuera
de todo contexto sistemático. De acuerdo a él,
si deseamos descubrir y explorar las ideas espontáneas
del niño, ocultas detrás de los conceptos no
espontáneos que expresa, debemos empezar por liberarnos
de todas las ligaduras a un sistema. Este enfoque da por resultado
los tipos de respuestas que expresan la actitud no mediatizada
del niño hacia objetos que ocupan muchas de las páginas
de los libros de Piaget.
A nosotros nos parece obvio que un concepto
pueda estar sujeto a un control consciente y deliberado sólo
cuando es parte de un sistema. Si conciencia significa generalización,
la generalización a su vez significa la formación
de un concepto sobreordenado que incluye el concepto dado
como un caso particular. Un concepto sobreordenado implica
la existencia de una serie de conceptos subordinados, y presupone
también una jerarquía de conceptos de niveles
de generalidad. De este modo, el concepto dado se ubica dentro
de un sistema de relaciones de generalidad. El ejemplo siguiente
puede ilustrar la función de los grados variables de
generalidad en el surgimiento de un sistema: un niño
aprende la palabra flor, y poco tiempo después rosa;
durante un lapso prolongado el concepto "flor",
aunque de aplicación mucho más amplia que rosa,
no lo es aún para el niño. Él no incluye
y subordina el vocablo "rosa"; los dos son intercambiables
y se yuxtaponen. Cuando la expresión "flor"
se convierte en generalizada, la relación de "flor"
y "rosa", así como la de "flor"
y otros conceptos subordinados también cambia en la
mente infantil, y comienza a formarse un sistema.
En los conceptos científicos que el
niño adquiere en la escuela, la relación de
un objeto está mediatizada desde el comienzo por algún
otro concepto. Así la verdadera noción del concepto
científico implica una determinada posición
en relación a otros conceptos, un lugar dentro de un
sistema de conceptos. Nuestro argumento es que los rudimentos
de sistematización ingresan primero en la mente infantil
por medio de su contacto con los conceptos científicos
y son transferidas entonces a los conceptos cotidianos, cambiando
totalmente su estructura psicológica.
III
La interrelación de los conceptos
científicos y espontáneos es un caso especial
dentro de un tema mucho más amplio; la relación
de la instrucción escolar con el desarrollo mental
del niño. En el pasado, se han aventurado varias teorías
con respecto a esta relación, y el planteo continúa
siendo una de las mayores preocupaciones de la psicología
soviética. Revisaremos tres intentos de darle respuesta,
con el propósito de ubicar nuestro estudio dentro de
un contexto más amplio.
La primera teoría y todavía
la más ampliamente sostenida considera que la instrucción
y el desarrollo deben ser mutuamente independientes. El desarrollo
es visto como un proceso de maduración sujeto a leyes
naturales, y la instrucción como la utilización
de oportunidades creadas por el desarrollo. Típicos
de esta escuela del pensamiento son sus intentos de separar
con gran cuidado los productos del desarrollo de aquellos
de la instrucción, suponiendo que se encontraban en
su forma pura. Hasta ahora ningún investigador ha sido
capaz de lograrlo. La falta se adjudica generalmente a los
métodos inadecuados, y los fracasos se compensan tratando
de redoblar los análisis especulativos. Estos esfuerzos
para dividir el bagaje intelectual del niño en dos
categorías marchan de la mano con la noción
de que el desarrollo puede seguir su curso normal y llegar
a un nivel alto sin el auxilio de la instrucción -que
aun los niños que no han concurrido nunca a la escuela
pueden desarrollar las más altas formas de pensamiento
accesibles a los seres humanos. Más a menudo, sin embargo,
esta teoría se modifica para tener en cuenta la relación
que existe obviamente entre desarrollo e instrucción:
el primero crea las potencialidades, la segunda las realiza.
Se considera la educación como un tipo de superestructura:
el aprendizaje depende del desarrollo, pero el curso de éste
no se ve afectado por aquél.
Esta teoría descansa en la simple
observación de que cualquier instrucción requiere
un cierto grado de madurez de determinadas funciones; no se
puede enseñar a un niño de un año a leer,
o a uno de tres a escribir. El análisis del aprendizaje
se reduce así a determinar el nivel evolutivo que deben
alcanzar determinadas funciones para que la instrucción
sea factible. Cuando la memoria del niño ha progresado
lo suficiente como para permitirle memorizar el alfabeto,
cuando puede mantener su atención durante una tarea
cansadora; cuando su pensamiento ha madurado al punto de poder
aprehender la conexión entre signo y sonido, puede
comenzar entonces la enseñanza de la escritura. De
acuerdo a esta variante de la primera teoría, la instrucción
va en pos del desarrollo. La evolución debe completar
ciertos ciclos antes de que pueda comenzar la instrucción.
Es verdad que esta última afirmación
es obvia; existe realmente un nivel mínimo necesario.
Sin embargo, este punto de vista unilateral da como resultado
una serie de nociones erróneas. Si se supone que la
memoria, la atención y el pensamiento se han desarrollado
hasta el punto en que pueden ser enseñadas la escritura
y la aritmética, ¿puede el estudio de las mismas
tener algún efecto sobre su memoria, atención
y pensamiento? La respuesta de la psicología clásica
es afirmativa en tanto considera que ejercitan estas funciones,
pero el proceso de desarrollo como tal no cambia, nada nuevo
acaece en el crecimiento mental del niño, ha aprendido
a leer y esto es todo. Esta concepción, característica
de una vieja teoría educacional, tiñe los escritos
de Piaget, quien cree que el pensamiento del niño atraviesa
determinadas fases y etapas sin tener en cuenta la instrucción
que pueda recibir, ésta sigue siendo un factor extraño.
El indicador del nivel de desarrollo del niño no es
lo que ha aprendido a través de la instrucción,
sino la forma en la cual piensa sobre los temas acerca de
los cuales no se le ha enseñado nada. Aquí la
separación y, asimismo, la oposición entre instrucción
y desarrollo se lleva a su posición extrema.
La segunda teoría concerniente al
desarrollo y la instrucción identifica los dos procesos.
Originalmente expuesta por James, basa a ambos en la asociación
y formación de hábitos, de modo que la instrucción
se convierte en sinónimo de desarrollo. Este enfoque
disfruta de cierto reavivamiento en el presente, con Thorndike
como protagonista principal. La reflexología, que ha
trasladado el asociacionismo al lenguaje de la fisiología,
ve el desarrollo intelectual del niño como una acumulación
gradual de reflejos condicionados, y el aprendizaje es considerado
exactamente en la misma forma. Puesto que la instrucción
y el desarrollo son idénticos, no puede surgir entre
ellos ninguna relación concreta.
La tercera escuela del pensamiento, representada
por la teoría gestaltista, trata de reconciliar las
dos teorías precedentes evitando sus peligros latentes.
A pesar de que la consecuencia de este eclecticismo es un
enfoque un tanto inconsistente, se logra una especie de síntesis
entre esas dos opiniones contradictorias. Koffka establece
que todo desarrollo tiene dos aspectos, maduración
y aprendizaje. Aunque esto significa aceptar de un modo menos
extremo ambos puntos de vista anteriores, la nueva teoría
representa, en tres sentidos, un adelanto sobre las otras
dos.
Primero, Koffka admite alguna interdependencia
entre los dos aspectos del desarrollo. Sobre la base de un
número de hechos, demuestra que la maduración
de un órgano depende de su funcionamiento, el cual
se perfecciona a través del aprendizaje y la práctica.
La maduración, a su vez, provee nuevas oportunidades
para el aprendizaje. Pero Koffka postula simplemente su influencia
mutua sin examinar en detalle su naturaleza.
Segundo, esta teoría introduce una
nueva concepción del proceso educacional mismo, como
la formación de nuevas estructuras y el perfeccionamiento
de las viejas. La instrucción está entonces
en armonía con el papel estructural significativo.
Una característica básica de cualquier estructura
es su independencia de su sustancia original; puede ser transferida
a otros medios. Una vez que un niño haya formado una
determinada estructura, o aprendido cierta operación,
estará capacitado para aplicarlo en otras áreas.
Le hemos dado una pequeña cantidad de instrucción
y ha ganado una pequeña fortuna en desarrollo. El tercer
punto en que esta teoría puede compararse favorablemente
con respecto a las otras es su concepción de la relación
temporal entre instrucción y desarrollo. Puesto que
la instrucción dada en un área puede transformar
y reorganizar otras áreas del pensamiento del niño,
no sólo puede seguir a la maduración o marchar
a su lado, sino también precederla y adelantar su progreso.
Una contribución importante para la teoría ecléctica
que no debería ser subestimada es admitir que las diferentes
secuencias temporales son igualmente posibles e importantes.
Esta teoría nos enfrenta con un viejo
tema enfocado bajo una nueva apariencia, el planteo casi olvidado
de la disciplina formal, generalmente asociado a la posición
de Herbart, que sostiene que la instrucción de determinadas
materias desarrolla las facultades mentales en general, aparte
de impartir conocimiento sobre el tema y desarrollar destrezas
específicas. En la práctica esto conduce a las
formas más reaccionarias de instrucción, tales
como los "clásicos gimnasios" rusos y alemanes,
que ponían un énfasis sin medida en la enseñanza
del griego y el latín como fuentes de la "disciplina
formal". El sistema fue eventualmente descartado porque
no estaba de acuerdo con las finalidades prácticas
de la moderna educación burguesa. Dentro de la psicología
misma, Thorndike, en una serie de investigaciones, hizo todo
lo posible para desacreditar la disciplina formal, considerándola
un mito, y probar que la instrucción no tiene efectos
trascendentes sobre el desarrollo. Su crítica es convincente
en cuanto se aplica a las exageraciones absurdas de la teoría
de la disciplina formal, pero no afecta al meollo de la misma.
En su esfuerzo para refutar la concepción
de Herbart, Thorndike experimentó con las funciones
más limitadas, más especializadas y más
elementales. Desde el punto de vista de una teoría
que reduce todo el aprendizaje a la formación de enlaces
asociativos, la elección de la actividad puede involucrar
muy pocas diferencias. En algunas experiencias trató
de que los sujetos se ejercitaran para distinguir entre longitudes
relativas de varias líneas, y trató de establecer
entonces si la práctica aumentaba su habilidad para
distinguir entre tamaños de ángulos. Naturalmente,
se encontró con que esto no sucedía. La influencia
de la instrucción sobre el desarrollo ha sido postulada
por la teoría de la disciplina formal solamente en
relación con materias tales como las matemáticas
o idiomas, que involucran vastos complejos de funciones psíquicas.
La habilidad para distinguir la longitud de líneas
no influye en la habilidad para distinguir entre ángulos,
pero el estudio del idioma nativo -con su concomitante intensificación
de los conceptos- puede tener todavía alguna relación
con el estudio de la aritmética. El trabajo de Thorndike
las presenta como si fueran dos tipos de instrucción:
la ejercitación estrechamente especializada de alguna
destreza, que incluye la formación y el ejercicio de
los hábitos y que se encuentra más a menudo
en las escuelas de artes y oficios para adultos, y el tipo
de instrucción impartido a los niños, que pone
en actividad amplias áreas de la conciencia. La idea
de la disciplina formal puede tener poca relación en
el primer tipo, pero muy bien puede resultar válida
para el segundo. Mantiene el razonamiento de que en los procesos
superiores que emergen durante el desarrollo cultural del
niño, la disciplina formal puede jugar un papel que
no cumple en los procesos más elementales; todas las
funciones superiores tienen en común la conciencia,
la abstracción y el control. De acuerdo con las concepciones
teóricas de Thorndike, las diferencias cualitativas
entre las funciones superiores e inferiores son ignoradas
en sus estudios de la transferencia de la ejercitación.
Al formular nuestras propias tentativas de
la relación entre la instrucción y el desarrollo,
partimos de nuestras cuatro series de investigaciones 3. Su
propósito común era descubrir estas interrelaciones
complejas en determinadas áreas de la instrucción
escolar: lectura y escritura, gramática, aritmética,
ciencias naturales y ciencias sociales. Las investigaciones
específicas comprendían tópicas tales
como el dominio del sistema decimal en relación con
el desarrollo del concepto de número; el conocimiento
por parte del niño de sus operaciones para resolver
problemas matemáticos, los procesos de construcción
y solución de problemas en los alumnos de primer grado.
Se ha dado a luz mucho material interesante sobre el desarrollo
del lenguaje oral y escrito durante la etapa escolar, los
niveles consecutivos de comprensión del significado
figurativo, la influencia del dominio de las estructuras gramaticales
sobre el curso del desarrollo mental, la comprensión
de las relaciones en el estudio de las ciencias sociales y
naturales. Las investigaciones estaban centradas en el nivel
de madurez de las funciones psíquicas en los comienzos
de la escolaridad, y la influencia de la escolaridad en su
desarrollo, sobre la secuencia temporal de la instrucción
y la evolución; sobre la función de la "disciplina
formal" de las diferentes materias de instrucción.
Discutiremos estos temas sucesivamente.
1. En nuestra primera serie de estudios examinamos
el nivel de desarrollo de las funciones psíquicas requerida
para el aprendizaje de las materias escolares básicas:
lectura y escritura, aritmética y ciencias naturales.
Descubrimos que al comienzo de la instrucción estas
funciones no pueden considerarse maduras ni siquiera en los
niños que pueden cumplir exitosamente el programa.
El lenguaje hablado es una buena ilustración ¿Por
qué la escritura se convierte en algo tan difícil
para el escolar que en determinados períodos se produce
un retraso de 6 u 8 años entre su "edad lingüística"
hablada y la escrita. Esto se ha explicado diciendo que se
debe a la novedad de la escritura: una nueva función
debe repetir las etapas evolutivas del lenguaje, y por esta
razón la escritura de un niño de ocho años
se parece al lenguaje de uno de dos. Esta explicación
es desde todo punto de vista insuficiente. Un niño
de dos años utiliza pocas palabras y una sintaxis simple
porque su vocabulario es reducido y no posee todavía
el conocimiento de las estructuras de oraciones más
complejas, pero el escolar posee el vocabulario y las formas
gramaticales necesarias para la escritura, puesto que son
las mismas que para el lenguaje oral. Ni siquiera las dificultades
del dominio de los mecanismos de la escritura explican la
tremenda diferencia entre el lenguaje oral y el escrito.
Nuestras investigaciones han demostrado que
el desarrollo de la escritura no repite la historia evolutiva
del habla. El lenguaje escrito es una función lingüística
separada, que difiere del lenguaje oral tanto en estructura
como en su forma de funcionamiento. Aun su desarrollo mínimo
requiere un alto nivel de abstracción. Es habla en
pensamiento e imagen solamente, a la que le faltan las cualidades
musicales, expresivas y de entonación del lenguaje
oral. Cuando aprende a escribir, el niño debe desembarazarse
de las aspectos sensorios del habla y reemplazar las palabras
por imágenes de las mismas. El lenguaje meramente imaginado
y que requiere simbolización de la imagen sonora en
los signos escritos (un segundo nivel de simbolización)
naturalmente debe resultar para el niño más
difícil que el hablado, así como el álgebra
es más difícil que la cualidad abstracta del
lenguaje escrito es lo que constituye el obstáculo
principal, y no el desarrollo defectuoso de los pequeños
músculos u otros impedimentos mecánicos.
La escritura es también lenguaje sin
interlocutor, dirigido a una persona ausente o imaginaria
o a nadie en particular -una situación nueva y extraña
para el niño. Nuestros estudios pusieron de manifiesto
que tiene muy poca motivación para aprender a escribir
cuando se le empieza a enseñar. No siente la necesidad
de hacerlo y tiene sólo una vaga idea de su utilidad.
En la conversación cada frase está impulsada
por un motivo; el deseo o la necesidad conducen a efectuar
pedidos, las preguntas a solicitar respuestas, y la perplejidad
a pedir una explicación. Las motivaciones cambiantes
de los interlocutores determinan en cada momento el rumbo
que tomará el lenguaje oral, que no tiene la necesidad
de ser conscientemente dirigido -la situación dinámica
se hace cargo de ello. Las motivaciones para la escritura
son más abstractas, más intelectualizadas, y
están más distantes de las necesidades inmediatas.
En el lenguaje escrito estamos obligados a crear la situación,
a representárnosla. Esto requiere una separación
de la situación real.
La escritura también exige una acción
analítica por parte del niño. Cuando habla es
muy difícil que tenga conciencia de los sonidos que
pronuncia y casi no es consciente de las operaciones mentales
que realiza. Al escribir, debe comprender la estructura del
sonido de cada palabra, analizarlo, y reproducirlo en símbolos
alfabéticos, que debe haber estudiado y memorizado
con anterioridad. Del mismo modo, deliberado, debe colocar
las palabras en una cierta secuencia para formar una oración.
El lenguaje escrito requiere trabajo consciente puesto que
su relación con el lenguaje interiorizado es distinta
de la del lenguaje oral: la última precede al lenguaje
interiorizado en el curso del desarrollo, mientras que el
lenguaje escrito sigue al interiorizado y presupone su existencia
(el acto de escribir implica una interpretación del
habla interiorizada). Pero la gramática del pensamiento
no es la misma en los dos casos. Hasta se podría decir
que la sintaxis del lenguaje interiorizado es exactamente
lo opuesto de la sintaxis del lenguaje escrito, con el habla
oral entre los dos.
El lenguaje interiorizado es habla condensada,
abreviada. El lenguaje escrito se despliega hasta su grado
más amplio. El lenguaje interiorizado es casi totalmente
predictivo, puesto que la situación, o el tema, es
siempre conocido por el que piensa. El lenguaje escrito, por
el contrario, debe explicar la situación en su totalidad
para que resulte inteligible. El cambio desde el lenguaje
interiorizado, compacto al máximo, al lenguaje escrito
sumamente detallado requiere lo que se ha llamado una semántica
deliberada, una estructuración intencional de la trama
del significado.
Todas estas características del lenguaje
escrito explican por qué su desarrollo, en la infancia,
queda rezagado con respecto al oral. La causa de esta discrepancia
se encuentra en la habilidad del niño para la actividad
espontánea y no consciente y su falta de destreza para
la actividad abstracta y deliberada. Nos lo demostraron nuestros
estudios: las funciones psicológicas en las cuales
se basa el lenguaje escrito aún no han comenzado a
desarrollarse en su exacto sentido cuando se comienza la enseñanza
de la escritura, y éstas deben erigirse sobre procesos
rudimentarios que recién comienzan a surgir.
Resultados similares se obtuvieron en los
campos de la aritmética, la gramática y las
ciencias naturales. En cada uno de los casos las funciones
requeridas no han madurado aún cuando comienza la instrucción.
Discutiremos brevemente el caso de la gramática, que
presenta algunas características especiales.
La gramática es una materia que parece
ser de escaso uso práctico. A diferencia de otros temas
escolares, no facilita al niño nuevas destrezas, él
ya conjuga y declina antes de ingresar en la escuela. Se ha
manifestado en alguna ocasión que la escuela podría
prescindir de la instrucción gramatical. Sólo
podemos responder que nuestros análisis muestran claramente
que el estudio de la gramática es de una importancia
principalísima para el desarrollo mental del niño.
El pequeño posee el dominio de la
gramática de su idioma nativo mucho tiempo antes de
ingresar en la escuela, pero es no-consciente, adquirida de
un modo puramente estructural, como la composición
fonética de las palabras. Si se le pide a un niño
pequeño que produzca una combinación de sonidos,
por ejemplo sc, se comprobará que la articulación
deliberada es demasiado difícil para él, aunque
dentro de una estructura como la palabra Moscú, pronuncia
el mismo sonido con facilidad. Lo mismo puede decirse de la
gramática. El niño utilizará el caso
y el tiempo correcto dentro de una oración, pero no
puede declinar o conjugar cuando se le pide. En la escuela
no adquirirá nuevas formas gramaticales o sintácticas,
pero gracias a la enseñanza de la escritura y la gramática
tomará conocimiento de lo que está haciendo,
y aprenderá a utilizar sus destrezas conscientemente.
Justo cuando el niño se da cuenta por primera vez,
cuando se le enseña a escribir, que la palabra Moscú
consta de los sonidos m-o-s-c-u y aprende a pronunciar cada
uno por separado, aprende también a construir oraciones,
a realizar conscientemente lo que ha hecho al hablar en forma
no consciente. La gramática y la escritura ayudan al
niño a alcanzar un nivel superior en la evolución
del lenguaje.
De este modo, nuestra investigación
demuestra que el desarrollo de las funciones psicológicas
para la instrucción de las materias básicas
no precede a la instrucción, pero explica una interacción
continua con las contribuciones de la instrucción.
2. Nuestra segunda serie de investigaciones
estuvo centrada en la relación temporal entre los procesos
de instrucción y el desarrollo de las correspondientes
funciones psicológicas. Descubrimos que la instrucción
generalmente precede al desarrollo. El niño adquiere
determinados hábitos y destrezas en un área
dada antes de aprender a aplicarlos consciente y deliberadamente.
No existe nunca un paralelismo total entre el curso de la
instrucción y el del desarrollo de las funciones correspondientes.
La instrucción tiene sus propias secuencias
y organización, sigue un curriculum y un horario, y
no puede esperarse que sus reglas coincidan con las leyes
internas de los procesos de desarrollo. Sobre la base de nuestros
estudios, hemos tratado de trazar las curvas del progreso
de la instrucción y de las funciones psicológicas
participantes. Lejos de coincidir, estas curvas muestran una
relación excesivamente compleja.
Por ejemplo, los diferentes pasos en el aprendizaje
de la aritmética pueden tener un valor desigual para
el desarrollo mental. Ocurre a menudo que tres o cuatro pasos
de la instrucción añaden muy poco a la comprensión
de la aritmética por parte del niño, pero de
pronto, con el quinto grado algo tiene éxito; el niño
ha aprehendido un principio general, y su curva de desarrollo
se eleva en forma notable. Para este chico en particular,
la quinta operación ha sido decisiva, pero esto no
puede convertirse en una regla general. Los puntos decisivos
en los cuales un principio general se hace claro para el niño
no puede ser establecido por adelantado en el curriculum.
No se le enseña el sistema decimal como tal; se enseña
a escribir figuras, a agregar y multiplicar, a solucionar
problemas, y más allá de todo esto surge eventualmente
algún concepto general del sistema decimal.
Cuando el niño aprende algunas operaciones
aritméticas o algunos conceptos científicos,
sólo entonces ha comenzado el desarrollo de esta operación
o concepto. Nuestro estudio demuestra que la curva de desarrollo
no coincide con la de instrucción escolar, de un modo
general la instrucción precede al desarrollo.
3. Nuestra tercera serie de investigaciones
se asemeja a los estudios de Thorndike sobre la transferencia
de la ejercitación, excepto aquellos en que experimentamos
con materias de la instrucción escolar, y más
bien con las funciones superiores que con las elementales:
con materias y funciones que se esperaba estuvieran significativamente
relacionadas.
Nos encontramos con que el desarrollo intelectual,
lejos de seguir el modelo atomístico de Thorndike,
no está compartamentalizado de acuerdo a los tópicos
de instrucción. Su curso es mucho más unitario,
y las diferentes materias escolares interactúan para
contribuir a él. Mientras que el proceso de instrucción
sigue su propio orden lógico, despiertan y dirigen
un sistema de procesos en la mente infantil que se ocultan
a la observación directa y están sujetos a sus
propias leyes de desarrollo. Descubrir estos procesos evolutivos
estimulados por la instrucción es una de las tareas
básicas del estudio psicológico del aprendizaje.
Nuestros experimentos pusieron de manifiesto
específicamente los hechos interrelacionados: los pre-requisitos
lógicos para la instrucción en diferentes materias
influyen sobre el desarrollo de las funciones superiores más
allá de los confines de esa materia particular; las
principales funciones psíquicas involucradas en el
estudio de varias materias son interdependientes, sus bases
comunes son el conocimiento y las destrezas deliberadas, las
contribuciones principales de los años escolares. Se
deduce de esto, que todas las materias básicas escolares
actúan como disciplina formal, facilitando cada una
el aprendizaje de las otras -las funciones psicológicas
estimuladas por ellas se desarrollan en un proceso complejo.
4. En la cuarta serie, enfrentamos un problema
que no había recibido atención suficiente en
el pasado, pero que consideramos de importancia fundamental
para el estudio del aprendizaje y el desarrollo.
La mayoría de las investigaciones
que tienen que ver con el aprendizaje escolar miden el nivel
de desarrollo mental del niño haciéndole solucionar
determinados problemas estandarizados. Se supone que el problema
que puede resolver por si solo indica el nivel de su desarrollo
mental en ese momento. Pero de este modo sólo puede
ser medida la parte del desarrollo del niño que se
ha completado pero que está muy lejos de constituir
su historia completa. Nosotros hemos intentado un enfoque
diferente, habiendo descubierto que la edad mental de dos
niños era, por decirlo así, de 8; les dimos
a cada uno de ellos problemas más difíciles
que aquellos con los que podían manejarse solos y les
facilitamos apenas una ayuda: el primer paso en una solución,
un planteo indicador, o algún otro modo de apoyo. Descubrimos
que un niño, en cooperación, podía resolver
problemas destinados para los de 12 años, mientras
que el otro no podía pasar de los asignados a los de
9. La discrepancia entre la edad mental real y el nivel de
su desarrollo próximo, en nuestro ejemplo era de cuatro
para el primero y de dos para el segundo. ¿Podemos
decir realmente que su desarrollo mental era el mismo? La
experiencia ha demostrado que el niño con una zona
más amplia que la de su desarrollo próximo tendrá
un mejor rendimiento escolar. Esta medida brinda una clave
más útil que la de la edad mental para la dinámica
del progreso intelectual.
Los psicólogos actuales no pueden
compartir la creencia lega de que la imitación es una
actividad mecánica y que cualquiera puede imitar casi
cualquier cosa si se le ha mostrado cómo. Para imitar,
es necesario poseer los medios para pasar de algo ya conocido
a algo nuevo. Con ayuda, todo niño puede hacer más
que lo que puede por sí solo, aunque sólo dentro
de los límites establecidos por su estado de desarrollo.
Koehler descubrió que un chimpancé puede imitar
solamente aquellos gestos inteligentes de otros monos que
podrían haber sido realizados por él mismo.
Una ejercitación persistente, es verdad, puede inducir
a lograr acciones mucho más complicadas, pero éstas
son efectuadas mecánicamente, y tienen todas las señales
inequívocas de los hábitos sin significado más
que los de las soluciones clarividentes. El animal más
inteligente es incapaz de desarrollo intelectual a través
de la imitación. Puede ser conducido a realizar actos
específicos, pero de los nuevos hábitos no resultan
nuevas aptitudes generales. En este sentido puede decirse
que los animales son ineducables.
En el desarrollo infantil, por el contrario,
la imitación y la instrucción juegan un papel
fundamental, descubren las cualidades específicamente
humanas de la mente y conducen al niño a nuevos niveles
de desarrollo. Tanto en el aprendizaje del habla como en el
de las materias escolares la imitación resulta indispensable.
Lo que el niño puede hacer hoy en cooperación,
mañana podrá hacerlo solo. Por lo tanto, el
único tipo de instrucción adecuada es el que
marcha adelante del desarrollo y lo conduce: debe ser dirigida
más a las funciones de maduración que a lo ya
maduro. Sigue siendo necesario determinar el umbral más
bajo en que la instrucción de la aritmética,
digamos, puede comenzar, puesto que se requiere un cierto
mínimo de madurez de las funciones. Pero debemos considerar
también el nivel superior, la educación debe
estar orientada hacia el futuro, no hacia el pasado.
Durante un tiempo nuestras escuelas favorecieron
el sistema "complejo" de la instrucción,
que se pensaba estaba adaptado a los modos de pensamiento
del niño. Al ofrecerle problemas que podría
manejar sin ayuda, este método dejó de utilizar
la zona de desarrollo próximo y de conducir al niño
hacia lo que todavía no podía hacer. La instrucción
estaba más orientada hacia la debilidad del niño
que hacia su fortalecimiento, y de este modo los instaba a
continuar en la etapa preescolar de desarrollo.
Para cada materia de instrucción existe
un período en que su influencia es más fructífera,
pues el niño se encuentra en un período de receptividad
mayor. Éste ha sido denominando por Montessori y otros
educadores el periodo sensitivo. El término se ha utilizado
también en biología, para las etapas del desarrollo
ontogenético, en que el organismo se encuentra particularmente
predispuesto a influencias de determinados tipos. Durante
este período una influencia que antes o después
tenga muy poco efecto, puede afectar radicalmente el curso
del desarrollo. Pero la existencia de un tiempo óptimo
para la instrucción en un sujeto no puede ser explicada
en términos puramente biológicos, por lo menos
no procesos complejos tales como el lenguaje. Nuestra investigación
demostró la naturaleza social y cultural del desarrollo
de las funciones superiores durante estos períodos,
su dependencia de la cooperación con los adultos y
de la instrucción. Los datos de Montessori, sin embargo,
no han perdido significación. Ella descubrió,
por ejemplo, que si a un niño se le enseña a
escribir muy temprano, a los cuatro años y medio, o
cinco, responde con una "escritura explosiva", un
uso abundante e imaginativo del lenguaje escrito, que no reproducen
nunca los niños mayores. Éste es un ejemplo
sorprendente de la pronunciada influencia que puede tener
la instrucción cuando las funciones correspondientes
no han madurado todavía totalmente. La existencia de
períodos sensitivos para todas las materias de instrucción
ha sido totalmente confirmada por los datos de nuestros estudios.
Los años escolares en conjunto son el período
óptimo para la instrucción de operaciones que
requieren conciencia y control deliberado; la instrucción
de estas operaciones fomenta el desarrollo de las funciones
psicológicas superiores mientras éstas maduran.
Esto se aplica también a la evolución de los
conceptos científicos que introduce la instrucción
escolar.
IV
Bajo nuestra guía, Zh. I. Shif condujo
una investigación sobre el desarrollo de los conceptos
científicos en la edad escolar. 4 Su propósito
principal era probar experimentalmente nuestra hipótesis
de trabajo sobre el desarrollo de los conceptos científicos
comparados con los cotidianos. Se le planteaban al niño
problemas estructuralmente similares que tenían relación
tanto con el material científico como con el "común"
y se comparaban sus soluciones. Las experiencias incluían
la construcción de historias a partir de una serie
de figuras que mostraban el comienzo de una acción,
su continuación y su final, y el completar fragmentos
de oraciones que terminaban en porque y aunque; estas pruebas
se completaron con una discusión. El material de una
serie de pruebas se obtuvo del de cursos de ciencias sociales
de segundo y cuarto grados. Para la segunda serie se utilizaron
situaciones simples de la vida diaria tales como: "El
muchacho fue al cine porque..." "La niña
todavía no puede leer, aunque..." "Él
se cayó de su bicicleta porque..." Se utilizaron
también métodos auxiliares de estudio que incluían
pruebas sobre la extensión del conocimiento del niño
y observación durante las lecciones, especialmente
organizadas para este propósito. Los niños que
estudiamos eran alumnos de la escuela primaria.
EL análisis de los datos comparados
separadamente para cada grupo de edad en el cuadro que reproducimos
a continuación demuestra que en tanto que el curriculum
suministra el material necesario, el desarrollo de los conceptos
científicos lleva al desarrollo de los espontáneos.
TERMINACIÓN CORRECTA DE LOS FRAGMENTOS
DE ORACIONES
Segundo grado Cuarto grado *
% %
Fragmentos que terminan en porque
Conceptos científicos 79,7 81,8
Conceptos espontáneos 59,0 81,3
Fragmentos que terminan en aunque
Conceptos científicos 21,3 79,5
Conceptos espontáneos 16,2 65,5
¿Cómo podemos explicar el hecho de que los problemas
que involucran conceptos científicos se resuelven correctamente
con más frecuencia que los problemas similares que
involucran conceptos espontáneos? Podemos descartar
inmediatamente la noción de que el niño es ayudado
por la información de los hechos adquirida en la escuela
y que carece de experiencia en cuestiones cotidianas. Nuestras
pruebas, como las de Piaget, se manejan totalmente con cosas
y relaciones familiares al niño y frecuentemente mencionadas
por él de modo espontáneo en la conversación.
Nadie afirmaría que un niño sabe menos sobre
bicicletas, sobre otros chicos, o sobre la escuela, que sobre
la lucha de clases, la explotación o la Comuna de París.
La ventaja de la familiaridad está totalmente del lado
de los conceptos diarios.
Al niño le puede resultar difícil
resolver problemas que involucran situaciones de la vida,
puesto que carece de conciencia de sus conceptos y por lo
tanto no puede operar con ellos como lo requiere la tarea.
Un chico de 8 ó 9 años utiliza correctamente
el término porque en la conversación espontánea;
no dirá nunca que un muchacho se cayó y se rompió
el brazo porque lo llevaron al hospital Sin embargo, éste
es el tipo de respuesta que se da en las experiencias hasta
que el concepto "porque" se hace enteramente consciente.
Por otra parte, termina correctamente las oraciones sobre
materias de ciencias sociales: "La economía planificada
es posible en la Unión Soviética porque no existe
la propiedad privada; todas las tierras, las fábricas,
las industrias pertenecen a los trabajadores y a los campesinos."
¿Por qué es capaz de llevar a cabo la operación
en este caso? Porque el maestro, trabajando con el alumno,
le ha explicado, le ha suministrado información, le
ha hecho preguntas, lo ha corregido, y ha hecho que él
mismo explicara los temas. Los conceptos del niño han
sido formados en el proceso de la instrucción en colaboración
con un adulto. En la tarea de completar las oraciones ha utilizado
los frutos de esa colaboración, pero esta vez independientemente.
La ayuda del adulto, invisiblemente presente permite al niño
solucionar tales problemas antes que los cotidianos.
En el mismo nivel de edad (segundo grado)
las oraciones con aunque presentan un cuadro diferente, los
conceptos científicos no marchan delante de los espontáneos.
Sabemos que las relaciones adversativas aparecen más
tarde que las relaciones causales en el pensamiento espontáneo
del niño. Un niño de esa edad puede aprender
a usar conscientemente el porqué puesto que ya lo domina
en el uso espontáneo pero como no sucede lo mismo con
el aunque, naturalmente no puede usarlo de forma deliberada
en su pensamiento "científico", en consecuencia
el porcentaje de éxito resulta igualmente bajo en ambas
series de pruebas.
Nuestros datos muestran rápidos progresos
en la solución de problemas que incluyen conceptos
diarios: en cuarto grado los fragmentos que terminan en porque
se completan correctamente con igual frecuencia tanto en el
material científico como en el cotidiano. Esto apoya
nuestra afirmación de que el dominio de un nivel superior
en el área de los conceptos científicos eleva
también el nivel de los conceptos espontáneos.
Una vez que el niño ha adquirido conciencia y control
en un tipo de conceptos, todos los formados previamente se
reconstruyen de acuerdo a él.
La relación entre conceptos científicos
y espontáneos en la categoría adversativa se
presenta en cuarto grado muy semejante al de las categorías
causales en segundo grado. El porcentaje de soluciones correctas
para tareas que involucran conceptos científicos sobrepasa
el porcentaje de aquellos que incluyen conceptos espontáneos.
Si la dinámica es la misma para ambas categorías
es de esperar que los conceptos cotidianos se eleven prontamente
hasta el siguiente grado de desarrollo y alcancen por fin
el nivel de los conceptos científicos.
Comenzando dos años después
el proceso completo de desarrollo del "aunque" duplicaría
al del "porque".
Creemos que nuestros datos aseveran la presunción
de que desde el principio los conceptos científicos
y espontáneos del niño -por ejemplo "explotación"
y "hermano"- se desarrollan en dirección
inversa: comienzan apartados, y avanzan hasta encontrarse.
Éste es el punto clave de nuestra hipótesis.
El niño toma conciencia de sus conceptos
espontáneos relativamente tarde, la aptitud para definirlos
con palabras, para operar con ellos según su deseo,
surge mucho tiempo después de haber adquirido los conceptos.
Posee el concepto (conoce el objeto al cual se refiere), pero
no es consciente de su propio acto de pensamiento. El desarrollo
de un concepto científico, por otra parte, comienza
generalmente con su definición verbal y el uso de operaciones
no espontáneas, trabajando con el concepto mismo, que
comienza su vida en la mente infantil en un nivel que sus
conceptos espontáneos alcanzan solamente más
tarde.
Un concepto cotidiano de la infancia, como
puede ser "hermano", está saturado de experiencia,
pero cuando se le pide al niño la solución de
un problema abstracto sobre el hermano de su hermano, como
en las experiencias de Piaget, se muestra confundido. Por
otra parte, aunque puede responder correctamente preguntas
sobre "esclavitud", "explotación"
o "guerra civil" estos conceptos son esquemáticos
y carecen del rico contenido derivado de la experiencia personal.
Se van completando gradualmente, en el curso de futuras lecturas
y trabajos escolares. Podría decirse que el desarrollo
de los conceptos espontáneos del niño procede
de modo ascendente, y el de sus conceptos científicos
en forma descendente, hacia un nivel más elemental
y concreto. Ésta es una diferencia de las distintas
formas en que surgen los dos tipos. El comienzo de un concepto
espontáneo puede ser trazado generalmente en el encuentro
cara a cara con una situación concreta, mientras que
un concepto científico comprende desde el principio
una actitud "mediatizada" hacia el objeto.
Aunque el concepto científico y el
espontáneo se desarrollan en direcciones inversas,
los dos procesos están íntimamente conectados.
La evolución de un concepto espontáneo debe
haber alcanzado un determinado nivel para que el niño
pueda absorber un concepto científico afín.
Por ejemplo, los conceptos históricos pueden comenzar
a desarrollarse solamente cuando los conceptos cotidianos
del pasado se hallan suficientemente diferenciados, cuando
su propia vida y la vida de los que se encuentran a su alrededor
puede ser incluida en la generalización elemental "en
el pasado y ahora"; sus conceptos geográficos
y sociológicos pueden originarse a partir del simple
esquema de "aquí y en otra parte". Al elaborar
su lento camino un concepto cotidiano despeja la trayectoria
para el concepto científico y su desarrollo descendente.
Crea una serie de estructuras necesarias para la evolución
de los aspectos elementales y más primitivos de un
concepto, que le otorgan cuerpo y vitalidad. Los conceptos
a su vez proporcionan estructuras para el desarrollo ascendente
de los conceptos espontáneos del niño hacia
la conciencia y el uso deliberado. Los conceptos científicos
descienden hacia los conceptos espontáneos y los conceptos
espontáneos se desarrollan a través de los científicos.
La influencia de los conceptos científicos
sobre el desarrollo mental del niño es análoga
al efecto del aprendizaje de un idioma extranjero, un proceso
consciente y deliberado desde su comienzo. En la lengua nativa
los aspectos primitivos del habla se adquieren antes que los
más complejos. Los últimos presuponen cierto
conocimiento de las formas fonéticas, gramaticales
y sintácticas. En el aprendizaje de un idioma extranjero
las formas superiores se desarrollan antes que las espontáneas
y fluidas. Las teorías intelectuales del lenguaje,
como la de Stern, que ubican la aprehensión total de
la relación entre signo y significado en el comienzo
del desarrollo lingüístico, pueden considerarse
verdaderas en el caso de una lengua foránea. Para el
niño los puntos fuertes de un idioma extranjero son
los débiles en el propio, y viceversa. En su propia
lengua el niño conjuga y declina correctamente, pero
sin darse cuenta de ello. No puede decir qué género,
caso o tiempo de verbo está utilizando. En un idioma
extranjero distingue entre el género masculino y femenino
y es consciente desde un principio de las formas gramaticales.
Lo mismo sucede con la fonética: aunque
articula perfectamente en su propio idioma, no, tiene conciencia
de los sonidos que pronuncia, y cuando aprende a deletrear
tiene gran dificultad en dividir una palabra en sus sonidos
constituyentes; en el caso contrario lo hace con facilidad
y su escritura no manifiesta retraso con respecto al hablar.
Es la pronunciación, la "fonética espontánea"
la que le resulta difícil dominar. El habla natural,
espontánea, con un manejo seguro de las estructuras
gramaticales se hace posible solamente coma la coronación
de un estudio arduo y prolongado.
El éxito en el aprendizaje de una
lengua extranjera es contingente de un cierto grado de madurez
en la nativa. El niño puede transferir al nuevo lenguaje
el sistema de significados que ya posee en el propio. Lo contrario
también resulta cierto: una lengua extranjera facilita
el dominio de las formas superiores de la nativa. El niño
aprende a considerar a su idioma como un sistema particular
entre muchas, a ver sus fenómenos bajo categorías
más generales, y esto conduce al conocimiento de sus
operaciones lingüísticas. Goethe ha dicho con
acierto que "el que no conoce un idioma extranjero, no
conoce verdaderamente el suyo".
No es sorprendente que exista una analogía
entre la interacción del idioma propio y el foráneo,
y la de los conceptos científicos y espontáneos
puesto que ambos pertenecen a la esfera del desarrollo del
pensamiento verbal. Sin embargo, existen diferencias esenciales
entre ellos. En el estudio de una lengua extranjera la atención
se centra en los aspectos exteriores, fonéticos, físicos
del pensamiento verbal, en el desarrollo de los conceptos
científicos en su aspecto semántico. Los dos
procesos de desarrollo siguen caminos separados aunque similares.
No obstante, ambos sugieren una única
respuesta a la pregunta de cómo se forman los nuevos
sistemas que son estructuralmente análogos a los primeros:
lenguaje escrito, idioma extranjero, pensamiento verbal en
general. La evidencia experimental suministrada por nuestros
estudios refuta la teoría del cambio o del desplazamiento
que establece que las etapas posteriores repiten el camino
de la primera, incluyen la recurrencia de dificultades ya
superadas en el plano inferior. Todas las evidencias obtenidas
por nosotros sostienen la hipótesis de que sistemas
análogos se desarrollan en direcciones inversas, en
los niveles superiores y en los inferiores; cada sistema influye
sobre el otro y se benefician recíprocamente sus puntos
fuertes.
Podernos volver ahora a la interrelación
de los conceptos en un sistema, problema fundamental de nuestro
análisis.
Los conceptos no descansan en la mente infantil
como los guisantes en una vaina, sin ningún enlace
entre ellos. Si éste fuera el caso, no sería
posible ninguna operación intelectual que requiriera
coordinación de pensamiento, ni siquiera cualquier
concepción general del mundo; no podrían existir
los conceptos separados, como tales, puesto que su verdadera
naturaleza presupone un sistema.
El estudio de los conceptos infantiles en
cada nivel de edad muestra que el grado de generalidad (planta,
flor, rosa) es la variable psicológica básica
de acuerdo a la cual deben ser significativamente ordenados.
Si cada concepto es una generalización, entonces la
relación entre conceptos es una relación de
generalidad. El aspecto lógico de esa relación
ha sido estudiado más ampliamente que sus aspectos
genéticos y psicológicos. Nuestro estudio intenta
llenar este vacío.
Hemos comparado el grado de generalidad de
los conceptos reales de la infancia con las fases y etapas
alcanzadas por el niño en la formación del concepto
experimental: sincretismo, complejos, preconceptos y concepto.
Nuestro intento era descubrir si existía una relación
definida entre la estructura de generalización tipificada
por estas fases y el grado de generalidad de conceptos.
En la estructura generalizadora puede aparecer
al mismo tiempo conceptos de diferentes grados de generalidad.
Por ejemplo, las ideas "flor" y "rosa"
pueden estar ambas presentes en la etapa del pensamiento en
complejos y, correspondientemente, los conceptos de generalidad
pareja pueden aparecer dentro de diferentes estructuras de
generalización, por ejemplo, "flor" puede
ser aplicado a cualquiera de ellas y a todas las flores en
la etapa de los complejos así como en el pensamiento
conceptual. Descubrimos, sin embargo, que a pesar de esta
falta de correspondencia completa cada fase, o estructura
generalizadora, tiene como contrapartida un nivel específico
de generalidad, una relación específica de conceptos
sobre y subordenados, una típica combinación
de lo concreto y lo abstracto. El término flor, es
verdad, puede ser igualmente general en el nivel del complejo
y en el del concepto, pero solamente en relación a
los objetos a los cuales se refiere. La generalidad pareja
no implica aquí identidad de todos los procesos psicológicos
comprendidos en el uso de este término. Así,
en el pensamiento en complejos, la relación de "flor'
y "rosa" no es una sobreordenación, los conceptos
más amplios y los más limitados coexisten en
el mismo plano.
En nuestros experimentos un niño mudo
aprendió sin mucha dificultad las palabras mesa, escritorio,
sofá, estantes, y así, sucesivamente. El término
muebles, sin embargo le resultó muy difícil
de entender. El mismo chico que aprendió con éxito
camisa, sombrero, chaqueta, pantalones, etc., no podía
elevarse sobre el nivel de estas series y dominar la expresión
ropas. Descubrimos que en un determinado nivel del desarrollo
el niño es incapaz de trasladarse "verticalmente"
del significado de una palabra al de otra, o sea, de entender
la relación de generalidad. Todos sus conceptos se
encuentran en un nivel, referidos directamente a objetos,
y se delimitan unos a los otros del mismo modo en que se delimitan
a sí mismos: el pensamiento verbal no es más
que un componente dependiente del pensamiento perceptual determinado
por los objetos. En consecuencia, ésta debe ser considerada
una primera etapa, presincrética en el desarrollo del
significado de la palabra. La aparición del primer
concepto generalizado, tal como "muebles" o "ropas"
es tan representativo como síntoma de progreso como
la primera palabra significativa.
Los niveles superiores en el desarrollo del
significado de las palabras están gobernados por la
ley de la equivalencia de los conceptos de acuerdo a la cual
cualquier concepto puede ser formulado en términos
de otros conceptos, en un incontable número de formas
distintas. Ilustraremos el esquema sustituyendo esta ley por
una analogía no idealmente exacta pero sí bastante
próxima que puede sernos útil para este propósito.
Si imaginamos la totalidad de los conceptos
como distribuidos sobre la superficie de un globo, la ubicación
de cada uno puede ser definida por medio de un sistema de
coordenadas, correspondientes a las latitudes y longitudes
geográficas. Una de estas coordenadas indicará
la ubicación de un concepto entre los extremos de una
conceptualización abstracta llevada a su máxima
expresión y la captación sensoria inmediata
de un objeto: su grado de concreción y abstracción.
La segunda coordenada representará la referencia objetiva
del concepto, su lugar en la realidad. Dos conceptos aplicables
a diferentes áreas de la realidad pero comparables
en grado de abstracción -plantas y animales- pueden
ser concebidos como variantes con respecto a su latitud pero
teniendo la misma longitud. La analogía geográfica
se desbarata en varios detalles: el concepto más generalizado,
por ejemplo, se aplica a un área más amplia
de contenido, que podría ser representado por una línea,
no por un punto, pero sirve para dar a entender la idea de
que para estar adecuadamente caracterizado cada concepto debe
estar ubicado entre dos continuos, uno que representa el contenido
objetivo y otro los actos de pensamiento que captan el contenido.
Su intersección determina todas las relaciones de un
concepto dado con los otros, sus conceptos coordenados, sobreordenados
y subordenados. Esta posición de un concepto dentro
del sistema total de conceptos puede ser denominada su medida
de generalidad.
Las mutuas relaciones múltiples de
los conceptos en las cuales se basa la ley de equivalencia
están determinadas por sus respectivas medidas de generalidad.
Tomemos dos ejemplos extremos: las primeras palabras del niño
(presincréticas) que carecen de cualquier variación
en grado de generalidad, y los conceptos de número
desarrollados a través del estudio de la aritmética.
En el primer caso, obviamente, cada concepto puede ser expresado
sólo a través de sí mismo, nunca a través
de otros conceptos. En el segundo caso, cualquier número
puede ser expresado en innumerables formas, debido a la infinitud
de los números y porque el concepto de cada número
contiene también todas sus relaciones con todos los
otros números. "Uno", por ejemplo, puede
ser expresado como "1.000 menos 999", o en general,
como la diferencia entre dos números consecutivos cualesquiera,
o como cualquier número dividido por sí mismo,
y de muchas otras formas. En tanto que la equivalencia depende
de las relaciones de generalidad entre conceptos y éstas
son especificas para toda estructura generalizadora, la última
determina la equivalencia de los conceptos dentro de su esfera.
La medida de generalidad determina no sólo
la equivalencia de conceptos sino también todas las
operaciones intelectuales posibles con un concepto dado. Todas
las operaciones intelectuales -comparaciones, juicios, conclusiones-
requieren algún movimiento dentro de la trama de coordenadas
que hemos bosquejado: los cambios evolutivos en la estructura
de generalización producen también cambios en
estas operaciones. Por ejemplo, a medida que se alcanzan los
niveles superiores de generalidad y equivalencia, se hace
más fácil para el niño recordar pensamientos
independientemente de las palabras. Un niño pequeño
puede reproducir las palabras exactas que tienen un significado
para él. Un escolar ya puede atribuir un significado
relativamente complejo a sus propias palabras, y así
aumenta su libertad intelectual. En los disturbios patológicos
del pensamiento conceptual, la medida de generalidad de los
conceptos está distorsionada, y la relación
con otros conceptos se torna inestable. El acto mental a través
del cual se aprehenden tanto el objeto como la relación
del objeto con el concepto pierde su unidad, y el pensamiento
comienza a correr sobre líneas quebradas, caprichosas
e ilógicas.
Un objetivo de nuestro estudio sobre los
conceptos reales del niño era encontrar indicios confiables
de su estructura de generalización. Solamente con su
ayuda podría ser provechosamente aplicado a la evolución
de los conceptos reales del niño el esquema genético
suministrado por nuestras investigaciones experimentales de
los conceptos artificiales. Ese indicio fue descubierto finalmente
en la medida de generalidad del concepto, que varía
en los diferentes niveles de desarrollo desde las formaciones
sincréticas hasta los verdaderos conceptos. El análisis
de los conceptos reales del niño nos ayudó a
determinar también la forma en que difieren los conceptos
en los distintos niveles en su relación con el objeto
y con el significado de la palabra, y en las operaciones intelectuales
que posibilitan.
Más aún, la investigación
de los conceptos reales complementó el estudio experimental
estableciendo claramente que cada nueva etapa en el desarrollo
de la generalización se construye sobre generalizaciones
del nivel precedente; los productos de la actividad intelectual
de las primeras etapas no se pierden. La unión interior
entre las fases consecutivas no podía ser descubierta
en nuestras experiencias puesto que el sujeto tenía
que descartar, después de cada solución errónea,
las generalizaciones que había formado, y comenzar
todo de nuevo. Además, la naturaleza de los objetos
experimentales no permitiría su conceptualización
en términos jerárquicos.
La investigación de los conceptos
reales cubrió estas lagunas. Se descubrió que
las ideas de los pre-escolares (que tienen la estructura de
los complejos) no provenían del agrupamiento de imágenes
de objetos individuales, sino de la elaboración de
generalizaciones predominantes durante una primera fase. En
un nivel más alto descubrimos una relación análoga
entre las viejas y las nuevas formaciones en el desarrollo
de los conceptos aritméticos y algebraicos. La evolución
desde los preconceptos (que son generalmente los conceptos
aritméticos del escolar) hasta los verdaderos conceptos,
tales como los algebraicos de los adolescentes, se realiza
generalizando las generalizaciones del nivel anterior. En
la etapa más temprana se han abstraído y generalizado
en ideas de números, determinados aspectos de los objetos.
Los conceptos algebraicos representan abstracciones y generalizaciones
de determinados aspectos de los números, no de los
objetos, y esto significa un nuevo punto de partida, un plano
nuevo y superior del pensamiento.
Los conceptos nuevos y superiores transforman
a su vez el significado de los inferiores. El adolescente
que ha dominado los conceptos algebraicos ha ganado un punto
de ventaja desde el que ve los conceptos aritméticos
en una perspectiva más amplia. Pudimos comprobar esto
de forma muy clara cuando experimentamos con los cambios del
decimal a otros sistemas numéricos. Mientras el niño
opera con el sistema decimal sin tener conciencia de él
como tal, no ha dominado el sistema sino que se encuentra,
por el contrario, sujeto a él, pero cuando puede considerarlo
como una instancia particular de un concepto más amplio
de una escala de numeración, puede operar deliberadamente
con este o cualquier otro sistema numérico. La aptitud
para efectuar cambios de un sistema a otro según se
desee ("traducir" el sistema decimal en uno basado
sobre el cinco) es el criterio de este nuevo nivel de conocimiento,
puesto que indica la existencia de un concepto general de
un sistema de numeración. En éste como en otros
ejemplos del paso de un nivel de significado al siguiente,
el niño no tiene que reestructurar separadamente todos
sus conceptos anteriores, lo que resultaría además
algo semejante a la tarea de Sísifo. Una vez que una
nueva estructura ha sido incorporada a su pensamiento -generalmente
a través de conceptos adquiridos recientemente en la
escuela-, se expande gradualmente sobre los viejos conceptos
a medida que éstos ingresan en las operaciones intelectuales
del tipo superior.
Nuestras investigaciones de los conceptos
reales en la infancia, esparcen una nueva luz sobre otros
temas importantes de la teoría del pensamiento. La
escuela de Würsburgo demostró que el curso del
pensamiento dirigido no estaba gobernado por conexiones asociativas,
pero contribuyeron muy poco para aclarar los factores específicos
que determinan realmente su desarrollo. La teoría de
la Gestalt sustituyó el principio de asociación
por el de estructura pero no distinguió el pensamiento
propiamente dicho de la percepción, la memoria y todas
las otras funciones sujetas a leyes estructurales; repitió
el modelo de la teoría del asociacionismo al reducir
todas las funciones a un nivel. Nuestras investigaciones han
ayudado a superar este modelo mostrando que el pensamiento
de un nivel superior está gobernado por las relaciones
de generalidad entre conceptos, un sistema de relaciones ausente
de la percepción y la memoria. Wertheimer ha demostrado
que el pensamiento productivo es contingente, transfiriendo
el problema desde la estructura dentro de la cual ha sido
aprehendido primeramente, hacia un contexto o estructura enteramente
diferente. Pero para transferir un objeto del pensamiento
de una estructura A a una B, se deben trascender los enlaces
estructurales dados, y esto, como lo han demostrado nuestros
estudios, requiere cambios hacia un plano de mayor generalidad,
hacia un concepto que los incluye en una categoría
más amplia, y que rija tanto a A como a B.
Ahora podemos reafirmar sobre la base sólida
de los datos que la ausencia de un sistema es la diferencia
psicológica fundamental que distingue a los conceptos
científicos de los espontáneos. Se pudo demostrar
que todas las peculiaridades del pensamiento infantil descriptas
por Piaget (tales como el sincretismo, la yuxtaposición,
la insensibilidad a la contradicción) radican en la
ausencia de un sistema en los conceptos espontáneos
del niño -una consecuencia de las relaciones rudimentarias
de generalidad. Por ejemplo, cuando el niño se ve perturbado
por una contradicción puede considerar las afirmaciones
contradictorias a la luz de algún principio general,
dentro de un sistema. Pero cuando un niño en las experiencias
de Piaget dice que un objeto se ha disuelto en el agua porque
era pequeño, y de otro que se ha deshecho porque era
grande, efectúa solamente afirmaciones empíricas
de los hechos que siguen la lógica de las percepciones.
En su mente no se ha producido ninguna generalización
de este tipo: "La pequeñez conduce a la disolución",
y por lo tanto las dos afirmaciones no se sienten como contradictorias.
Es la falta de distancia con relación a la experiencia
inmediata -y no el sincretismo considerado como un compromiso
entre la lógica de los sueños y la de la realidad-
lo que explica las peculiaridades del pensamiento infantil.
Por lo tanto estas peculiaridades no aparecen en los conceptos
científicos del niño, los que desde su comienzo
mismo implican relaciones de generalidad, es decir algunos
rudimentos de un sistema. La disciplina formal de los conceptos
científicos transforma gradualmente la estructura de
los conceptos espontáneos del niño y ayuda a
organizarlos en un sistema, esto promueve el ascenso del niño
a niveles superiores de desarrollo.
Nuestro desacuerdo con Piaget se centra sólo
en un punto, pero éste es sumamente importante. Él
afirma que el desarrollo y la instrucción son procesos
insuficientes y totalmente separados, que la función
de la instrucción es sólo la de introducir formas
adultas de pensamiento, que entran en conflicto con las de
los niños y eventualmente las suplantan. El estudiar
el pensamiento infantil aparte de la influencia de la instrucción,
como lo hace Piaget, excluye una fuente de cambio muy importante
e impide al investigador enfocar la cuestión de la
interacción del desarrollo y la instrucción
peculiares a cada nivel de edad. Nuestro propio enfoque se
dirige hacia esta interacción. Habiendo descubierto
muchos enlaces internos complejos entre los conceptos espontáneos
y científicos, esperamos que futuras investigaciones
comparativas aclararán su interdependencia, y anticipamos
una extensión del estudio del desarrollo y la instrucción
en niveles de edad inferiores. La instrucción, ante
todo, no comienza en la escuela. Un futuro investigador puede
descubrir muy bien que los conceptos espontáneos son
un producto de la instrucción pre-escolar, así
como los científicos lo son de la escolar.
V
Aparte de las conclusiones teóricas,
nuestro estudio comparativo de los conceptos científicos
y cotidianos suministró importantes resultados metodológicos.
Los métodos que ideamos para emplear en nuestro estudio
nos permitieron tender un puente sobre el vacío entre
las investigaciones de los conceptos experimentales y reales.
La información reunida sobre los procesos mentales
del escolar en el estudio de las ciencias sociales, esquemático
y rudimentario como es, ha sugerido algunas mejoras posibles
en la enseñanza de esa materia.
Retrospectivamente, somos conscientes de
algunas omisiones y de algunos defectos metodológicos,
quizás inevitables en un primer enfoque de un campo
nuevo. No estudiamos experimentalmente y en detalle la naturaleza
de los conceptos cotidianos del escolar. Esto nos deja sin
los datos necesarios para la descripción del curso
completo del desarrollo psicológico durante la etapa
escolar; por lo tanto nuestra critica de las tesis básicas
de Piaget no está suficientemente apoyada, como debiera,
por hechos confiables, obtenidos sistemáticamente.
El estudio de los conceptos científicos
se enfocó a partir de una sola categoría -la
de las ciencias sociales- y los conceptos particulares seleccionados
para el estudio no forman o sugieren un sistema inherente
a la lógica de la materia. Si bien aprendimos mucho
sobre el desarrollo de los conceptos científicos comparados
con los espontáneos, aprendimos poco sobre las regularidades
específicas del desarrollo de los conceptos sociológicos
como tales. Estudios futuros incluirán conceptos tomados
de varios campos de la instrucción escolar comparando
cada grupo de ellos con un juego de conceptos diarios extraídos
de un área similar de experiencia.
Lo último, pero no por ello lo menos
importante, es que las estructuras conceptuales que hemos
estudiado no se encontraban suficientemente diferenciadas.
Por ejemplo, al utilizar fragmentos de oraciones que terminaban
con porque no separamos los diversos tipos de relaciones causales
(empíricas, psicológicas, lógicas) como
lo hace Piaget en sus estudios. Si lo hubiéramos hecho,
habríamos tenido lo posibilidad de efectuar una diferenciación
más fina entre las pruebas de realización de
los escolares de diferentes edades.
Estas mismas fallas, sin embargo, resultan
útiles para proyectar el desarrollo de futuras investigaciones.
El presente estudio es sólo el primer paso modesto
hacia la exploración de un área nueva y sumamente
promisoria en la psicología del pensamiento infantil.
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