|
Prólogo
Prefacio del autor
Aproximación al problema
La Teoría de Piaget sobre Lenguaje y Pensamiento del niño
La Teoría de Stern sobre el desarrollo del Lenguaje
Las raíces genéticas del Pensamiento y el Lenguaje
Un estudio experimental de la formación del Concepto
El desarrollo de los conceptos científicos en la infancia
Pensamiento y Palabra
Comentarios sobre las observaciones críticas de Vigotsky
|
PENSAMIENTO Y LENGUAJE
Capítulo V
UN ESTUDIO EXPERIMENTAL DE LA FORMACIÓN
DEL CONCEPTO
I
Hasta hace muy poco el trabajo de quien quisiera
ocuparse del estudio de la formación de conceptos se
hallaba obstaculizado por la falta de un método experimental
que permitiera observar la dinámica interna del proceso.
Los métodos tradicionales para el
estudio de los conceptos se dividen en dos grupos: típico
del primero es el llamado de definición (con sus distintas
variaciones) que se utiliza para investigar los conceptos
ya formados del niño, a través de la definición
verbal de sus contenidos. Existen dos importantes inconvenientes
que hacen que este método resulte inadecuado para estudiar
el proceso en profundidad: el primero es que se maneja con
el producto acabado de la formación del concepto, descuidando
la dinámica y el desarrollo del proceso mismo. Mas
descubrir las conexiones del pensamiento del niño suscita,
a menudo, una mera reproducción de conocimiento verbal,
de definiciones ya hechas y provistas desde afuera. Puede
ser una prueba del conocimiento y la experiencia del niño,
o de su desarrollo lingüístico, más que
el estudio de un proceso intelectual en su verdadero sentido.
En segundo lugar, este método concentrado en la palabra
no tiene en cuenta la percepción y la elaboración
mental del material sensorio que da nacimiento al concepto.
Tanto el material sensorio como la palabra constituyen elementos
indispensables de la formación del concepto.
Al estudiar la palabra aisladamente, se coloca
al proceso en un plano puramente verbal, que no es característico
del pensamiento infantil y la relación del concepto
con la realidad permanece sin explorar; la aproximación
al significado de una palabra dada se hace a través
de otra palabra, y sea lo que fuere lo que descubramos a través
de esta operación, no resulta nunca más que
una descripción de los conceptos infantiles como un
registro de la relación en la mente del niño
entre familias de palabras formadas previamente.
El segundo grupo comprende métodos
utilizados en el estudio de la abstracción, que están
relacionados con el proceso psíquico que conduce a
la formación de conceptos. Se requiere del niño
que descubra algún rasgo común en una serie
de impresiones distintas, abstrayéndolo de los otros,
con los que se fusiona perceptualmente. Las experiencias de
este grupo descuidan el papel jugado por el símbolo
(la palabra) en la formación del concepto y una apreciación
simplificada sustituye la compleja estructura del proceso
total por un proceso parcial.
Así, cada uno de estos métodos
tradicionales separa la palabra del material perceptivo y
opera con uno u otro. Pero se ha dado un gran paso adelante
con la creación de un método que posibilita
la combinación de ambas partes. El nuevo método
introduce en el marco experimental palabras sin sentido, que
en un primer momento no significan nada para el sujeto, incluye
asimismo conceptos absurdos, atribuyendo cada palabra sin
sentido a una combinación particular de atributos del
objeto para los cuales no existe ni una palabra ni un concepto
determinados con anterioridad. Por ejemplo, en los experimentos
de Ach 1 la palabra gatsun comienza a significar gradualmente:
"grande y pesado" y la palabra fal, "pequeño
y liviano". Este método puede ser utilizado tanto
con niños como con adultos, puesto que la solución
del problema no presupone experiencia previa o conocimiento
por parte del sujeto. Tiene también en cuenta que el
concepto no es una formación aislada, osificada, que
no sufre cambios, sino una parte activa del proceso intelectual,
comprometida constantemente en servir a la comunicación,
a la comprensión y a la solución de problemas.
El nuevo método enfoca la investigación de las
condiciones funcionales de la formación del concepto.
Rimat llevó a cabo un estudio cuidadosamente
diseñado de la formación de conceptos en los
adolescentes, usando una variante de este método. Su
conclusión fundamental fue que la verdadera formación
del concepto excede la capacidad de los preadolescentes y
comienza sólo en la etapa de la pubertad y lo manifestó
así: "Hemos dejado definitivamente establecido
que un aumento agudo en la aptitud de los niños para
formar sin ayuda conceptos objetivos generalizados, se manifiesta
solamente al final del décimosegundo año...
El pensamiento en conceptos, emancipado de la percepción
exige a los niños más de lo que sus posibilidades
mentales pueden dar antes de los doce años. 2
Las investigaciones de Ach y Rimat refutan
la afirmación de que la formación del concepto
está basada en las conexiones asociativas. Ach demostró
que la existencia de asociaciones, aunque numerosas y fuertes,
entre los símbolos verbales y los objetos no es en
sí misma suficiente para la formación de conceptos.
Sus descubrimientos experimentales no conforman la vieja idea
de que un concepto se desarrolla a través de la consolidación
máxima de las conexiones asociativas que comprenden
los atributos comunes a un grupo de objetos, y el debilitamiento
de las asociaciones que involucran los atributos en los cuales
estos objetos difieren. Los experimentos de Ach demuestran
que la formación del concepto es creativa y no un proceso
mecánico y pasivo; que un concepto surge y toma forma
en el curso de una operación compleja dirigida hacia
la solución de algún problema; y que la mera
presencia de las condiciones externas que favorecen una vinculación
mecánica de la palabra y el objeto no son suficientes
para producirlo. Desde su punto de vista, el factor decisivo
en la formación del concepto es la llamada tendencia
determinante.
Antes de las afirmaciones de Ach, la psicología
postulaba dos tendencias básicas en el gobierno de
la corriente de nuestras ideas: la reproducción a través
de la asociación, y la perseveración. La primera
retrotrae aquellas imágenes que han estado conectadas
en la experiencia pasada y entablan relación con la
que ocupa la mente en el presente; la segunda es la tendencia
de cada imagen a retornar y penetrar nuevamente en la corriente
de imágenes. En sus primeras investigaciones Ach demostró
que estas dos tendencias no explican los actos del pensamiento
dirigidos conscientemente, que tienen un fin determinado.
En consecuencia afirmaba que tales pensamientos estaban regulados
por una tercera tendencia, "la tendencia determinante",
establecido por la imagen de una finalidad. Los estudios de
Ach demostraron que nunca se ha formado un concepto nuevo
sin el efecto regulador de la tendencia determinante creada
por la labor experimental. De acuerdo a su esquema, la formación
del concepto no sigue el modelo de una cadena asociativa en
la cual un eslabón origina al otro; es un proceso dirigido
por un objetivo, una serie de operaciones que sirven como
peldaños hacia la meta final. El memorizar las palabras
y conectarlas con objetos, no conduce en sí mismo a
la formación del concepto; para que el proceso se ponga
en marcha debe surgir un problema que no pueda solucionarse
más que a través de la formación de nuevos
conceptos.
Esta caracterización del proceso de
formación del concepto, sin embargo, resulta todavía
insuficiente. Los niños pueden hacerse cargo y entender
la tarea experimental, bastante tiempo antes de los 12 años,
pero hasta esa edad no son capaces de formar nuevos conceptos.
Los mismos estudios de Ach demostraron que los niños
difieren de los adolescentes y los adultos no en la forma
en que comprenden el objetivo, sino en la forma en que su
mente trabaja para alcanzarlo. El detallado estudio experimental
de Usnadze 3 sobre la formación del concepto en los
preescolares también demostró que un niño
de esa edad enfoca los problemas tal como lo hace el adulto
cuando opera con conceptos, pero emprende su solución
de un modo totalmente distinto. Sólo nos resta sacar
la siguiente conclusión: no son la finalidad o la tendencia
determinante, sino otros factores que no han sido explorados
por estos investigadores, los responsables de la diferencia
esencial entre el pensamiento conceptual del adulto y las
formas de pensamiento características de los niños
pequeños.
Usnadze pone de manifiesto que, mientras
los conceptos totalmente formados aparecen relativamente tarde,
los niños comienzan a utilizar palabras desde muy temprano,
y con su ayuda establecen un entendimiento mutuo con los adultos
y entre ellos mismos. A partir de esta afirmación establece
que esas palabras se hacen cargo de la función de conceptos
y pueden servir como medios de comunicación mucho antes
de alcanzar el nivel de los conceptos característicos
del pensamiento totalmente desarrollado.
Nos enfrentamos, entonces, con el siguiente
estado de cosas: un niño puede captar un problema y
visualizar la meta establecida en una etapa temprana de su
desarrollo; ya que las tareas de comprensión y de comunicación
son esencialmente similares para el niño y para el
adulto; el primero desarrolla equivalentes funcionales de
los conceptos, en una edad extremadamente temprana, pero las
formas de pensamiento que utiliza para abordar los problemas
difieren profundamente de las de los adultos en su composición,
estructura, y modo de operar. La cuestión fundamental
sobre el proceso de la formación del concepto -o sobre
la actividad dirigida hacia una meta- es la cuestión
de los medios a través de los cuales se lleva a cabo
una operación. El trabajo, por ejemplo, no se explica
acabadamente diciendo que está impulsado por las necesidades
humanas. Debemos considerar asimismo el uso de herramientas,
la movilización de los medios apropiados sin los cuales
no podría ser realizado. Para poder comprender las
formas superiores del comportamiento humano, debemos descubrir
los medios por los cuales el hombre aprende a organizar y
dirigir su comportamiento.
Todas las funciones psíquicas superiores
son procesos mediatizados, y los signos, los medios básicos
utilizados para dominarlos y dirigirlos. El signo mediatizador
está incorporado a su estructura como una parte indispensable,
verdaderamente central del problema en su totalidad. En la
formación del concepto, ese signo es la palabra, la
que juega primero el papel de medio, y más tarde, se
convierte en su símbolo. En las experiencias de Ach
no se ha prestado suficiente atención a este papel
de la palabra, su estudio, aunque posee el mérito de
haber desacreditado de una vez y para siempre el punto de
vista mecanicista de la formación del concepto, no
ha revelado la verdadera naturaleza del proceso, genética,
funcional o estructuralmente. Ha tomado una dirección
errada con su interpretación puramente teleológica,
que llega a afirmar que la finalidad misma crea la actividad
apropiada por vía de la tendencia determinante, es
decir, que el problema encierra en sí su propia solución.
II
Para estudiar el proceso de la formación
del concepto en sus diversas fases de desarrollo utilizamos
el método ideado por uno de nuestros colaboradores,
L. S. Sakharov 4, que podría ser descripto como el
"Método de la doble estimulación".
Le presentan al sujeto dos grupos de estímulos, uno
que actúa como si fueran objetos de su actividad; el
otro, como signos que pueden servir para organizarla.*
En aspectos tan importantes este procedimiento
trastroca los experimentos de Ach sobre la formación
del concepto. Ach comienza facilitando al sujeto un período
de práctica o aprendizaje; puede manipular los objetos
y leer las palabras sin sentido escritas en cada uno de ellos
antes de que se le haya explicado la consigna de la tarea
a realizar. En nuestras experiencias, el problema se presenta
desde el comienzo de la prueba y permanece así durante
toda su ejecución, aunque los indicios para la solución
se introducen paso a paso, con cada nueva vuelta de una figura.
Decidimos realizar así esta secuencia porque creemos
que es necesario enfrentar al sujeto con la tarea, para poner
en movimiento todo el proceso. La introducción gradual
de los medios de solución nos permite estudiar el desarrollo
completo de la formación del concepto en todas sus
fases dinámicas. A la formación del concepto
sigue la transferencia a otros objetos: se induce al sujeto
a usar los nuevos términos al hablar sobre objetos
que no son las figuras de experimentación, y a definir
su significado de un modo generalizado.
III
En la serie de investigaciones del proceso
de la formación de conceptos comenzados en nuestro
laboratorio por Sakharov y completado por nosotros y nuestros
colaboradores Kotelova y Pahkovskaja 5 se estudiaron más
de trescientas personas -niños, adolescentes, y adultos
incluyendo aquellos con disturbios patológicos en sus
actividades intelectuales y lingüísticas.
Nuestros descubrimientos principales pueden
ser resumidos como sigue: la evolución de los procesos
de los cuales resulta eventualmente la formación del
concepto, comienza en la primera infancia, pero las funciones
intelectuales que en una combinación específica
forman la base psicológica del proceso de formación
del concepto maduran, toman forma y se desarrollan solamente
en la pubertad. Antes de esa edad encontramos determinadas
formaciones intelectuales que cumplen funciones similares
a las de los verdaderos conceptos, que sólo aparecerán
más tarde. Con respecto a su composición, estructura
y operación, estos equivalentes funcionales de los
conceptos se encuentran en la misma relación con respecto
a los conceptos verdaderos, que el embrión al organismo
totalmente formado. Igualar ambos es ignorar el largo proceso
evolutivo entre la primera y la última etapa.
La formación del concepto es el resultado
de una actividad compleja en la cual intervienen las funciones
intelectuales básicas. El proceso, sin embargo, no
puede ser reducido a la asociación, la atención,
la imaginación, la inferencia o las tendencias determinantes.
Todas son indispensables, pero, al mismo tiempo, insuficientes
sin el uso del signo o la palabra, como el medio a través
del que dirigimos nuestras operaciones mentales, controlamos
su curso y las canalizamos hacia la solución de la
tarea con la cual nos enfrentamos.
La presencia de un problema que demanda la
formación de conceptos no puede ser considerada en
sí misma la causa del proceso, si bien las tareas con
que la sociedad enfrenta al joven ni bien ingresa al medio
cultural, profesional y cívico de los adultos, es sin
lugar a dudas un factor importante en el surgimiento del pensamiento
conceptual. Si el medio ambiente no le presenta al adolescente
nuevas ocupaciones, no tiene para con él exigencias
nuevas, y no estimula su intelecto proveyendo una secuencia
de nuevas finalidades, su pensamiento no llega a alcanzar
los estadios superiores, o los alcanza con gran retraso.
No obstante, la tarea cultural per se no
explica el mecanismo de desarrollo que acaba en la formación
de conceptos. El investigador debe dirigir sus esfuerzos a
comprender los vínculos intrínsecos entre las
tareas externas y la dinámica del desarrollo, y considerar
la formación del concepto como una función del
crecimiento social y cultural total del adolescente, que afecta
no sólo los contenidos, sino también el método
de su pensamiento. El nuevo uso significativo de la palabra,
su utilización como un medio para la formación
del concepto es la causa psicológica inmediata del
cambio radical que se produce en el proceso intelectual al
llegar al umbral de la adolescencia.
En esta edad no aparece ninguna nueva función
elemental, esencialmente diferente de aquellas que se hallan
ya presentes, pero se incorporan todas las ya existentes a
una nueva estructura, forman una nueva síntesis, e
ingresan en un nuevo complejo total; las leyes que gobiernan
esta totalidad determinan también el destino de cada
parte individual. El aprender a dirigir nuestros propios procesos
mentales con la ayuda de palabras o signos es una parte integral
del proceso de la formación de los conceptos. La aptitud
para regular las propias acciones usando los medios auxiliares
alcanza su completo desarrollo solamente en la adolescencia.
IV
Nuestra investigación pone de manifiesto
que el ascenso hasta la formación del concepto se efectúa
a través de tres fases básicas, dividida cada
una a su vez en varias etapas. En esta y en las seis secciones
siguientes describiremos estas fases y sus subdivisiones tal
como aparecen cuando se estudian por el método de la
"doble estimulación".
Los niños pequeños dan su primer
paso hacia la formación del concepto cuando colocan
juntos un número de objetos en cúmulos inorganizados
o en un "montón" para poder resolver un problema
que los adultos solucionarían normalmente formando
un nuevo concepto. El montón, que consta de objetos
dispares agrupados sin ningún fundamento, revela una
extensión difusa y no dirigida del significado del
signo (palabra artificial) hacia objetos no relacionados unidos
por casualidad en la percepción del niño.
En esta etapa, el significado de la palabra
denota para el niño nada más que una conglomeración
sincrética vaga de los objetos individuales que por
alguna razón se encuentran unidos en su mente en una
imagen que debido a su origen sincrético es altamente
inestable.
En la percepción, en el pensamiento
y en sus actos, el niño tiende a fusionar los elementos
más diversos en una imagen inarticulada, fundándose
en alguna impresión fortuita. Claparède dio
el nombre de "sincretismo" a este rasgo bien conocido
del pensamiento infantil. Blonski lo llamó "coherencia
incoherente" de la inteligencia del niño. Nosotros,
en otra parte, hemos descripto el fenómeno como el
resultado de una tendencia a compensar con una superabundancia
de conexiones subjetivas la insuficiencia de las relaciones
objetivas bien aprendidas, y a confundir estos vínculos
subjetivos con enlaces reales entre las cosas. Estas relaciones
sincréticas, y los montones de objetos reunidos bajo
el significado de una palabra, reflejan también vínculos
objetivos, por cuanto la última coincide con las relaciones
entre las percepciones o impresiones infantiles. Muchas palabras,
por lo tanto, tienen en parte el mismo significado para el
niño que para el adulto, especialmente las que se refieren
a objetos concretos que se encuentran en el medio habitual
del niño. Los significados que tienen las palabras
para el niño y para el adulto a veces se "encuentran",
por decirlo así, en el mismo objeto concreto, y esto
es suficiente para asegurar el entendimiento mutuo.
La primera fase de la formación del
concepto, que hemos esbozado recién, incluye tres etapas
distintas, que podemos observar en detalle dentro del marco
de este estudio experimental.
La primera etapa en la formación de
los agrupamientos sincréticos, que representan para
el niño el significado que se atribuye a una palabra
artificial dada, es una manifestación del estadio del
ensayo y error en el desarrollo del pensamiento. El grupo
se crea al azar y cada objeto agregado es una simple conjetura
o un tanteo, que se reemplaza por un nuevo objeto cuando se
demuestra que la conjetura estaba errada, es decir, cuando
el experimentador da vuelta el objeto y le hace ver que tiene
un nombre diferente.
Durante la etapa siguiente la composición
del grupo está determinada en gran parte por la posición
espacial de los objetos experimentales, esto es, por una organización
del campo visual del niño puramente sincrética.
Esta imagen o grupo sincrético se forma como un resultado
de la contigüidad de elementos en el espacio o en el
tiempo, o bien, de haber sido incluidos en alguna otra relación
más compleja por la percepción inmediata del
niño.
Durante la tercera etapa de esta primera
fase de formación del concepto la imagen sincrética
se apoya sobre una base más compleja; está compuesta
de elementos tomados de diferentes grupos o montones que también
han sido formados por el niño en la forma descripta
más arriba. Entre estos elementos combinados nuevamente
no existen vínculos intrínsecos, de modo que
la nueva formación tiene la misma "coherencia
incoherente" de los primeros agrupamientos. La única
diferencia es que al tratar de dar un significado a una nueva
palabra emprende ahora una operación en dos pasos que,
sin embargo, sigue siendo sincrética y no resulta mucho
más ordenada que la simple agrupación de montones.
V
La segunda fase fundamental en el camino
hacia la formación del concepto comprende muchas variaciones
de este tipo de pensamiento que podríamos denominar
pensamiento en complejos. En un complejo, los objetos individuales
se unen en la mente infantil, no sólo por medio de
sus impresiones subjetivas, sino también a través
de vínculos que existen realmente entre esos objetos.
Ésta es una nueva realización, un ascenso de
un nivel muy superior.
Cuando el niño alcanza este estadio,
ha pasado parcialmente la etapa del egocentrismo. Ya no confunde
las conexiones entre sus propias impresiones con las conexiones
entre las cosas -éste es un paso decisivo que se aparta
del sincretismo y tiende hacia el pensamiento objetivo. El
pensamiento en complejos es ya pensamiento coherente y objetivo,
aunque no refleja las relaciones objetivas del mismo modo
que el pensamiento conceptual.
En el lenguaje de los adultos persisten reminiscencias
del pensamiento complejo. Los apellidos son, quizás,
el mejor ejemplo de esto. Cualquiera de ellos, "Petrov",
por ejemplo, incluye individuos en una categoría que
se asemeja mucho a los complejos infantiles. En esta etapa
de su desarrollo, el niño piensa, por así decirlo,
en apellidos; el universo de los objetos individuales se torna
organizado al agruparse en "familias" separadas,
pero mutuamente relacionadas.
En un complejo, los vínculos entre
sus componentes son más concretos y verdaderos que
abstractos y lógicos, de modo que no clasificamos a
una persona como perteneciente a la familia Petrov, a causa
de alguna relación lógica entre él y
los otros portadores del nombre, sino que ésta se establece
a partir de los hechos.
Los verdaderos vínculos que sostienen
los complejos se descubren a través de la experiencia
directa. Un complejo, por lo tanto, es primero y ante todo
una agrupación concreta de objetos conectados por vínculos
reales, y como no se forma en el plano del pensamiento lógico-abstracto,
las uniones que crea, así como las que ayuda a crear,
carecen de unidad lógica y pueden ser de muchos tipos
diferentes. Cualquier conexión verdaderamente presente
puede conducir a la inclusión de un elemento dado en
un complejo. La diferencia fundamental entre un complejo y
un concepto consiste en lo siguiente: mientras este último
agrupa objetos de acuerdo a un atributo, los vínculos
que relacionan los elementos de un complejo con el total,
y unos con otros, pueden ser tan diversos como en realidad
son los contactos y las relaciones de los elementos.
En nuestra investigación pudimos observar
cinco tipos básicos de complejos, que se suceden unos
a los otros durante esta etapa del desarrollo.
Al primer tipo lo denominamos asociativo.
Puede estar basado sobre cualquier vínculo que advierta
el niño entre el objeto-ejemplo y alguna otra figura.
En nuestra experiencia, el objeto-ejemplo el primero que se
le suministra al sujeto con el nombre visible, constituye
el núcleo del grupo a formarse. En la construcción
de un complejo asociativo, el niño puede añadir
una figura al objeto alrededor del cual se nuclean, porque
es del mismo color, otro porque es similar al central en forma
o tamaño, o cualquier otro atributo que pueda asemejársele.
Cualquier unión entre los núcleos y otro objeto
es suficiente para hacer que el niño incluya ese objeto
en el grupo y designarlo con el "apellido" común.
El enlace entre el núcleo u otro objeto no necesita
ser un rasgo común, tal como el color o la forma, una
similitud o un contraste, o la proximidad en el espacio también
pueden constituir el vínculo.
En esa etapa la palabra deja de ser el "nombre
propio" de un objeto individual, se convierte en el apellido
de un grupo de objetos relacionados unos con otros de muchos
modos diferentes, así como las relaciones entre las
familias humanas son variadas y múltiples.
VI
El pensamiento complejo del segundo tipo
consiste en la combinación de objetos o de impresiones
concretas que causan en el niño los grupos que están
mucho más cerca de parecer colecciones. Los objetos
se colocan juntos teniendo en cuenta algún rasgo en
el cual difieren y por medio del cual pueden complementarse.
En nuestros experimentos el niño tenía
la posibilidad de elegir objetos que diferían del de
muestra en color, forma, tamaño o cualquier otra característica.
No los elegía al azar, sino que lo hacía porque
contrastaban y complementaba el atributo del ejemplo que consideraba
como base para la agrupación. Esto dio como resultado
una colección de colores y formas que se encontraban
en el material experimental, por ejemplo, un grupo de figuras,
cada una de un color diferente.
Más que la asociación por similitud
es la asociación por contraste la que guía al
niño para compilar una colección. Esta forma
de pensamiento, sin embargo, se combina a menudo con la asociativa
propiamente dicha, descripta con anterioridad, y da como resultado
una colección basada en principios mixtos. A través
del proceso el niño deja de adherirse al principio
que había aceptado originariamente como la base para
el agrupamiento; introduce la consideración de una
característica distinta, de modo que el grupo resultante
se convierte en una colección mixta, tanto de formas
como de colores.
Esta etapa prolongada y persistente en el
desarrollo del pensamiento infantil está enraizada
en la experiencia práctica, en la cual la colección
de cosas complementarias forma a menudo un juego o una totalidad.
La experiencia enseña al niño determinadas formas
de agrupamiento funcional, "taza, plato y cuchara",
un lugar establecido para el cuchillo, el tenedor, la cuchara
y el plato, el conjunto de ropas con que se viste. Todos estos
son modelos de complejos de colecciones naturales. Aún
los adultos, cuando hablan de vajilla o de ropa, piensan en
juegos de objetos concretos más que en conceptos generalizados.
Para recapitular, la imagen sincrética
que conduce a la formación de "montones"
está basada en vagos vínculos subjetivos que
se toma equivocadamente por uniones reales entre los objetos;
el complejo asociativo sobre las similitudes u otras conexiones
perceptualmente precisas entre las cosas; el complejo de la
colección tiene su fundamento en las relaciones entre
los objetos observados en la experiencia práctica.
Podríamos decir que este complejo es un agrupamiento
de objetos sobre la base de su participación en la
misma operación práctica, o sea, su cooperación
funcional.
VII
Después de la etapa de las colecciones
debemos situar la de los complejos cadena, una reunión
dinámica, consecutiva de eslabones individuales en
una sola cadena, con una significación que se traslada
de un eslabón al siguiente. Por ejemplo, si la muestra
experimental es un triángulo amarillo, el niño
podría escoger unas pocas figuras triangulares hasta
que su atención fuera captada por, digamos, el color
azul de una figura que ha agregado recién; se desvía
entonces a seleccionar figuras azules de cualquier forma (triangulares,
circulares, semicirculares). Esto, a su vez, es suficiente
para cambiar otra vez el criterio, haciendo abstracción
del color comienza a elegir figuras redondeadas. El atributo
decisivo cambia durante todo el proceso. No existe consistencia
en el tipo de enlaces o en la manera en que un eslabón
de la cadena se une con el que le precede y el que le sigue,
y la muestra original no tiene una significación central.
Cada eslabón, una vez incluido en una cadena compleja
es tan importante como el primero y puede convertirse en el
imán que atraiga a otra serie de objetos.
La formación de la cadena demuestra,
de modo notable, la naturaleza verdadera, perceptualmente
concreta del pensamiento complejo. Un objeto incluido en razón
de uno de sus atributos ingresa al complejo no sólo
como el portador de esa característica, sino como algo
individual con todos sus atributos. El rasgo aislado no es
abstraído del resto por el niño, y no se le
adjudica un papel especial, como en un concepto. En los complejos
no existe una organización jerárquica: todos
los atributos son funcionalmente iguales. El ejemplo puede
ser dejado de lado cuando se forma un vínculo entre
otros dos objetos, que pueden no tener nada en común
con algunos de los otros elementos, y aún así
formar parte de la misma cadena fundándose en la participación
de un atributo con otro de sus elementos.
Por lo tanto, la cadena de complejos puede
ser considerada la forma más pura de este tipo de pensamiento.
A diferencia del complejo asociativo, cuyos elementos están
ante todo interconectados a través de un elemento -el
núcleo del complejo-, la cadena compleja no tiene núcleos,
existen solamente relaciones entre elementos aislados.
Un complejo no se eleva por sobre sus elementos
como lo hace un concepto, sino que se funde con los objetos
concretos que lo componen. Esta fusión de lo general
y lo particular, del complejo y sus elementos, esta amalgama
psíquica, como la llama Werner, es la característica
distintiva del pensamiento complejo y de la cadena compleja
en particular.
VIII
La cadena compleja es verdaderamente inseparable
del grupo de los objetos concretos que la forman y por esta
razón adquiere a menudo una cualidad vaga y fluctuante.
El vínculo y naturaleza puede cambiar casi imperceptiblemente
de eslabón a eslabón. A menudo, basta una similitud
remota para crear un vínculo. A veces los atributos
se consideran similares, no porque sean genuinamente semejantes,
sino porque a causa de una impresión no muy clara parecen
tener algo en común. Esto conduce al cuarto tipo de
complejo observado en nuestros experimentos que podría
ser denominado complejo difuso.
El complejo difuso se caracteriza por la
fluidez de cada atributo que une los elementos aislados. Por
medio de vínculos difusos e indeterminados se forman
grupos de objetos o imágenes perceptualmente concretos.
En nuestras experiencias, por ejemplo, para armonizar con
un triángulo amarillo, un niño podría
seleccionar tanto trapezoides como triángulos, puesto
que los primeros le hacían pensar en triángulos
con la parte superior cortada. Los trapezoides pueden conducir
a los cuadrados, éstos a los hexágonos, los
hexágonos a los semicírculos y finalmente a
círculos. El color como fundamento de la selección
es del mismo modo fluctuante y variable. Los objetos amarillos
pueden ser seguidos muy bien por los verdes, del mismo modo
que del verde se puede pasar al azul y de éste al negro.
Los complejos resultantes de este tipo de
pensamiento son tan indefinidos que, de hecho, no tienen límites.
Así como las tribus bíblicas que deseaban multiplicarse
hasta que sus miembros fueran incontables como las estrellas
del cielo o las arenas del mar, el complejo difuso de la mentalidad
infantil es una especie de familia que posee la facultad ilimitada
de expandirse, agregando más y más individuos
al grupo original.
Las generalizaciones infantiles en las áreas
no perceptuales y carentes de práctica del pensamiento,
que no pueden ser fácilmente verificadas a través
de la percepción o de la acción práctica,
son las paralelas en la vida real de los complejos difusos
observados en los experimentos. Es bien conocido el hecho
de que el niño es capaz de transiciones sorprendentes,
de pasmosas asociaciones y generalizaciones, cuando su pensamiento
se aventura más allá de los límites del
pequeño mundo tangible de su experiencia. Fuera de
él construye asombrosos complejos sin límites
en la universalidad de los vínculos que ellos abarcan.
Sin embargo, estos complejos ilimitados se
construyen sobre los mismos principios que los complejos concretos
circunscriptos. En ambos el niño permanece dentro de
los límites de los enlaces concretos entre las cosas,
pero hasta el punto en que el primer tipo comprende objetos
fuera de la esfera de su conocimiento práctico, estos
vínculos se basan naturalmente en atributos confusos,
irreales, inestables.
IX
Para completar el esquema del pensamiento
en complejos, debemos describir un último tipo, el
puente, por decirlo así, entre los descriptos y la
etapa final, superior, del desarrollo de la formación
del concepto.
A este tipo le hemos dado el nombre de pseudo-concepto,
puesto que la generalización formada en la mente infantil,
aunque fenotípicamente semejante al concepto del adulto,
es psicológicamente muy diferente del concepto propiamente
dicho, en esencia es todavía un complejo.
En el ambiente experimental, el niño
produce un pseudo-concepto cada vez que rodea un ejemplo con
objetos que bien podrían haber sido reunidos sobre
la base de un concepto abstracto.
Por ejemplo, cuando la muestra es un triángulo
amarillo y el niño selecciona todos los triángulos
del material experimental, podría haber sido guiado
por la idea general o concepto de un triángulo. El
análisis experimental demuestra, sin embargo, que en
realidad el niño se guía por una similitud concreta,
visible, y forma sólo un complejo asociativo limitado
a un determinado tipo de enlace perceptual. Aunque los resultados
son idénticos, el proceso por medio del cual se llega
a ellos no es de ningún modo el mismo que el del pensamiento
conceptual. *
Debemos considerar este tipo de complejo
con algún detalle, puesto que juega un papel predominante
en el pensamiento de la vida real del niño, y es un
importante eslabón transicional entre el pensamiento
en complejos y la verdadera formación del concepto.
X
Los pseudo-conceptos predominan sobre todos
los otros complejos en el pensamiento del niño pre-escolar
por la simple razón de que en la vida real los complejos
correspondientes a la significación de las palabras
no son desarrollados espontáneamente por el niño:
las líneas a la largo de las cuales evoluciona un complejo
están predeterminadas por el significado que una palabra
dada tiene también en el lenguaje de los adultos.
En nuestras experiencias, el niño,
liberado de la influencia directriz de las palabras familiares,
era capaz de desarrollar significados de palabras y formar
complejos de acuerdo a sus propias preferencias. Sólo
a través de la investigación podemos apreciar
el tipo y extensión de esta actividad espontánea
en el dominio del lenguaje de los adultos. No se sofoca de
ninguna manera la propia actividad del niño que tiende
a formar generalizaciones, aunque en general no se muestra
abiertamente y recorre canales complicados debido a la influencia
del lenguaje de los adultos.
El lenguaje del medio ambiente, con sus significados
estables y permanentes señala la dirección que
seguirá la generalización del niño. Pero,
constreñido como está, su pensamiento avanza
a lo largo de un camino preordenado de un modo peculiar que
corresponde a su nivel de desarrollo intelectual. El adulto
no puede transmitir al niño su modo de pensar, sólo
puede suministrarle el significado ya hecho de una palabra,
alrededor de la cual éste forma un complejo, con todas
las peculiaridades estructurales, funcionales y genéticas
del pensamiento de este tipo, aun cuando su producto, de hecho
idéntico en su contenido a una generalización,
podría haber sido formado por el pensamiento conceptual.
La similitud aparente entre el pseudo-concepto y el concepto
real, la cual hace muy difícil "desenmascarar"
este tipo de complejo, constituye un obstáculo fundamental
en el análisis genético del pensamiento.
La equivalencia funcional del complejo y
el concepto, la coincidencia en la práctica del significado
de muchas palabras para el adulto y el niño de tres
años, la posibilidad de un entendimiento mutuo y la
similitud aparente de los procesos de pensamiento han llevado
a una falsa concepción de que todas las formas de la
actividad intelectual adulta se encuentran también
presentes de un modo embrionario en el pensamiento infantil,
y de que en la pubertad no ocurre ningún cambio drástico.
Es fácil comprender el origen de este error, ya que
el niño aprende muy temprano una gran cantidad de palabras
que significan lo mismo para él que para el adulto,
y el mutuo entendimiento de éste con el niño
crea la ilusión de que el punto final en el desarrollo
del significado de las palabras coincide con el de partida,
que el concepto se encuentra ya listo desde el comienzo y
que no está sujeto a ningún proceso evolutivo.
La adquisición del lenguaje del adulto
por parte del niño encuentra su explicación
en la consonancia de los complejos con sus conceptos, en el
surgimiento de los complejos-concepto y pseudo-conceptos.
Nuestras investigaciones, en las cuales la experiencia del
niño no está encerrada en el significado de
las palabras, demuestran que si no fuera por los pseudo-conceptos
los complejos del niño se desarrollarían a lo
largo de líneas diferentes a las de los conceptos de
los adultos y la comunicación verbal entre ambos resultaría
imposible.
El pseudo-concepto sirve como eslabón
de enlace entre el pensamiento en conceptos y el pensamiento
en complejos, y posee una naturaleza dual, ya que el complejo
también es portador de la semilla que hará germinar
el concepto. El intercambio verbal con los adultos se convierte
así en un poderoso factor en el desarrollo de los conceptos
del niño. La transición del pensamiento en complejos
hacia el pensamiento en conceptos pasa inadvertida para el
niño, puesto que el contenido de sus pseudo-conceptos
coincide con el de los conceptos de los adultos. Es así,
como comienza a operar con conceptos, a practicar el pensamiento
conceptual, antes de tener un conocimiento claro de que está
limitado a la adquisición de los conceptos y constituye
más una regla que una excepción en el desarrollo
intelectual del niño.
XI
Hemos visto, con la claridad que sólo
puede suministrar el análisis experimental, las diversas
etapas y formas del pensamiento en complejos. Este análisis
nos permite descubrir, de un modo esquemático, la verdadera
esencia del proceso genético de la formación
del concepto, y por lo tanto nos suministra la clave para
entenderlo tal cual se desarrolla en la vida real. Pero un
proceso experimentalmente inducido de la formación
del concepto no refleja nunca el desarrollo genético
tal como ocurre en la vida. Las formas básicas del
pensamiento concreto que hemos enumerado no aparecen en la
realidad como estados puros, sino que se intercalan en las
distintas fases. El análisis morfológico desarrollado
hasta aquí debe ser seguido por uno funcional y genético.
Trataremos de conectar las formas del pensamiento en complejos,
descubiertas en las experiencias, con las formas del pensamiento
en complejos en el desarrollo real del niño y enfrentar
ambas series de observaciones para constatarlas.
Fundándonos en nuestras experiencias
obtuvimos las siguientes conclusiones: en la etapa de los
complejos, los significados de las palabras tal como son percibidos
por el niño se refieren a los mismos objetos que el
adulto tiene en mente, lo cual asegura el entendimiento mutuo,
aunque debemos advertir que el niño piensa lo mismo
de un modo diferente, por medio de distintas operaciones mentales.
Trataremos de verificar esta proposición comparando
nuestras observaciones con los datos sobre las peculiaridades
de la mente infantil, y el pensamiento primitivo en general,
recopilados con anterioridad por la ciencia psicológica.
Si observamos qué grupos de objetos
une el niño al transferir los significados de sus primeras
palabras, y cómo se maneja con ellos, descubriremos
una combinación de dos formas que hemos denominado,
en nuestras experiencias, "complejo asociativo"
e "imagen sincrética".
Permítasenos tomar una ilustración
de Idelberger, citada por Werner 6. En su 251º día
de vida, un niño adjudica la palabra ba-bau a una figurita
china con la que le gusta jugar, que representa una niña,
y se encuentra habitualmente sobre un aparador. Al cumplir
su 307º día, aplica el sonido bau-bau a un perro
que ladra en el patio, al retrato de sus abuelos, a un perro
de juguete y a un reloj. Al cumplir 331º a un cuello
de piel con la cabeza del animal, de la que llaman particularmente
la atención los ojos de vidrio, y a otra estola de
piel que no tiene cabeza; en el 334º a una muñeca
de goma que chilla al apretarla, y en el 396º a los gemelos
de su padre; al llegar a los 433 días pronuncia la
misma palabra a la vista de unos botones de perlas de un vestido
y de un termómetro de baño.
Werner analiza este ejemplo y saca en conclusión
que las diversas cosas a las que el niño da el nombre
de ba-bau pueden ser catalogadas como sigue; primero, perros
y perros de juguete y pequeños objetos oblongos que
se asemejan a la muñeca china, por ejemplo, la muñeca
de goma y el termómetro; segundo, los gemelos, los
botones de perlas y objetos pequeños similares. El
atributo que se tiene en cuenta para designarlos es la forma
oblonga o una superficie lustrosa o brillante que tenga semejanza
con los ojos.
Evidentemente, el niño une estos objetos
concretos de acuerdo a los principios de un complejo, y tales
formaciones espontáneas de complejos componen en su
totalidad el primer capítulo del desarrollo histórico
de las palabras del niño.
Hay un ejemplo bien conocido que se cita
con frecuencia: el uso, por parte del niño del cuá-cuá
para designar primero un pato nadando en un estanque, después
cualquier líquido, incluyendo leche dentro de una botella,
y si llega a ocurrir que ve una moneda cuyo símbolo
sea un águila también pronunciará el
sonido cuá-cuá para designar la moneda y luego
cualquier objeto redondo semejante. Esta es una típica
cadena de complejos: cada nuevo objeto incluido tiene algún
atributo en común con otro elemento, pero los atributos
sufren infinitos cambios.
La formación del complejo es también
responsable de que, en diferentes situaciones, una misma palabra
pueda tener distintos significados o aún opuestos,
mientras exista alguna forma de unión entre ellas.
De este modo, un niño puede usar la palabra antes,
tanto para designar antes como después, o mañana,
refiriéndose indistintamente a mañana o ayer.
Aquí nos encontramos con una perfecta analogía
con algunas lenguas antiguas (el hebreo, el chino, el latín),
en las cuales una palabra también indica las opuestas.
Los romanos, por ejemplo, usaban el mismo vocablo para alto
y profundo. Tal enlace de significados opuestos sólo
es posible como resultado del pensamiento en complejos.
XII
Existe también una característica
muy interesante del pensamiento primitivo que nos muestra
al pensamiento complejo en acción y pone de manifiesto
las diferencias entre los conceptos y los pseudo-conceptos.
Este rasgo -que Levy-Bruhl fue el primero en notar en los
pueblos primitivos, Storch en los insanos y Piaget en los
niños- ha sido designado comúnmente como participación.
El término se aplica a la relación de identidad
parcial o íntima interdependencia establecido por el
pensamiento primitivo entre dos objetos o fenómenos
que realmente no tienen ni contigüidad ni otra conexión
reconocible.
Levy-Bruhl 7 cita un sorprendente caso de
participación observado por von den Steinen entre los
Bororó del Brasil, que se enorgullecían de ser
papagayos rojos. En un primer momento von den Steinen no sabía
cómo manejarse con una afirmación tan categórica,
pero finalmente se dio cuenta que no tenía otro significado
más que el expresado. No era simplemente un nombre
que había adoptado, o una relación familiar
sobre la que insistían: su significado era en realidad
la identidad de seres.
Nosotros creemos que el fenómeno de
participación no ha recibido una explicación
psicológica convincente, y esto se debe a dos razones:
primero, las investigaciones han tendido a centrarse en el
contenido de los fenómenos y a ignorar las operaciones
mentales involucradas, o sea, a estudiar más el producto
que el proceso; segundo, no se han realizado intentos adecuados
para considerar el fenómeno en el contexto de los otros
enlaces y relaciones concebidas por la mente primitiva. Frecuentemente,
las nociones extremas y fantásticas, como las de los
Bororó que se consideran papagayos rojos, atraen la
atención de la investigación desviándola
de fenómenos menos espectaculares. No obstante, un
análisis cuidadoso demuestra que aún estas conexiones
que no se oponen aparentemente a nuestra lógica han
sido concebidas por la mente primitiva sobre los principios
del pensamiento complejo.
Puesto que los niños de una determinada
edad piensan en pseudo-conceptos, y las palabras designan
para ellos complejos de objetos concretos, el pensamiento
resultante puede ser del tipo de la participación,
es decir, enlaces inaceptables para la lógica del adulto.
Un objeto en particular puede ser incluido en diferentes complejos
basándose en la fuerza de sus distintos atributos concretos;
en consecuencia, puede tener distintos nombres; el que se
use depende del complejo que tenga vigencia en un momento
determinado.
En nuestras experiencias observamos con frecuencia
ejemplos de este tipo de participación donde un objeto
era incluido en dos o más complejos, lejos de constituir
una excepción, la participación es característica
del pensamiento en complejos. Los pueblos primitivos también
piensan en complejos y, por lo tanto, en sus idiomas la palabra
no funciona como portadora de un concepto, sino como un "apellido"
para grupos de objetos concretos que se encuentran juntos
no lógicamente, sino de hecho. Storch ha demostrado
que el mismo tipo de pensamiento es característico
de los esquizofrénicos, quienes retroceden desde el
pensamiento conceptual a un nivel más primitivo de
ideación, rico en imágenes y símbolos.
Él considera que el uso de las imágenes concretas
en lugar de los conceptos abstractos es uno de los rasgos
más característicos del pensamiento primitivo.
Así, en el niño, el hombre primitivo y el insano
a pesar de que sus procesos pueden diferir en otros importantes
aspectos poseen todos como rasgo común la participación,
que es un síntoma del pensamiento complejo primitivo
y de la función de las palabras como apellidos.
Por lo tanto, creemos que la forma en que
Levy-Bruhl interpreta la participación no es correcta.
Él enfoca la afirmación de los Bororó
acerca de su identidad con los papagayos rojos desde el punto
de vista de su propia lógica, cuando dice que en la
mente primitiva también tal aseveración significa
identidad de seres. Pero puesto que las palabras para los
Bororó designan grupos de objetos, no conceptos, su
afirmación tiene un significado diferente: la palabra
utilizada para el papagayo es una palabra que incluye a ambos,
a los pájaros y a ellos mismos. Esto no implica más
identidad que la que pueden tener dos personas que llevan
el mismo apellido.
XIII
La historia del lenguaje muestra claramente
que el pensamiento en complejos con todas sus peculiaridades,
es la verdadera base del desarrollo lingüístico.
Los lingüistas modernos establecen una
distinción entre el significado de una palabra, o una
expresión y su referente, o sea el objeto que ella
designa. Pueden existir un significado y diferentes referentes
o diferentes significados y un referente. Tanto si decimos
la "victoria de Jena" como el "desastre de
Waterloo" nos referimos a la misma persona, aunque difiera
el significado de las dos frases. No existe más que
una categoría de palabras -los nombres propios- cuya
única función es la de la referencia y utilizando
esta terminología podríamos decir que las palabras
del niño y del adulto coinciden en sus, referentes,
pero no en sus significados.
La identidad del referente combinada con
la divergencia del significado se basa también en la
historia de las lenguas. Una multitud de factores sostienen
esta tesis; por ejemplo, los sinónimos que existen
en cada idioma. El ruso tiene dos palabras que designan a
la luna y se ha llegado a ella a través de diferentes
procesos de pensamiento claramente reflejados en su etimología,
una de ellas deriva de un vocablo latino que posee las connotaciones
de "capricho, inconstancia, fantasía". Sin
duda, se quiso poner de relieve las formas cambiantes que
distinguen a la luna de otros cuerpos celestes. El origen
de la segunda, que significa "medidor", le ha sido
impreso por el hecho de que el tiempo puede ser medido en
fases lunares. Entre los idiomas sucede otro tanto; por ejemplo,
en ruso el término sastre se originó en una
vieja expresión que designaba una prenda de vestir;
en francés y en inglés significa "uno que
corta".
Si trazamos la historia de una palabra cualquiera
en cualquier lengua, veremos, aunque a primera vista parezca
sorprendente, que sus significados cambian tal como sucede
en el pensamiento infantil. En el ejemplo que hemos citado,
ba-bau se aplicaba a una serie de objetos totalmente dispares
desde el punto de vista adulto, otras transferencias similares
de significado, indicativas del pensamiento en complejos,
constituyen más una regla que una excepción
en el desarrollo de un idioma. El ruso tiene un término
para día-y-noche, que es la palabra sutki. Originalmente
significó costura, la unión de dos piezas de
tela, algo tejido junto; después fue utilizado para
cualquier unión, por ejemplo, la de las dos paredes
de una casa, y en consecuencia un rincón, luego se
usó metafóricamente para designar el crepúsculo
("donde se encuentra el día y la noche");
después comenzó a usarse para el tiempo que
media entre un atardecer y otro, o sea las veinticuatro horas
que comprenden su significado actual: sutki. Cosas tan diversas
como una costura, un rincón, atardecer y 24 horas se
encuentran incluidas dentro de un complejo en el curso del
desarrollo de una palabra, del mismo modo que un niño
incorpora diferentes cosas en un grupo sobre la base de la
imagen concreta.
¿Cuáles son las leyes que gobiernan
la formación de las familias de palabras? Más
a menudo de lo que se supone, nuevos fenómenos y objetos
reciben denominaciones que tienen en cuenta atributos no esenciales,
de modo que el nombre no expresa realmente la naturaleza de
la cosa nombrada. Un nombre nunca es un concepto cuando surge
por primera vez, resulta, en general demasiado estrecho o
demasiado amplio. Por ejemplo, la palabra rusa correspondiente
a vaca, en su origen significaba "con cuernos",
y la que se usaba para ratón significaba "ladrón",
aunque una vaca tiene otros atributos aparte de los cuernos
y un ratón no solamente comete hurtos, por lo tanto
estos nombres resultan limitados aunque, por otra parte, son
demasiado amplios, puesto que los mismos términos pueden
ser aplicados, y realmente lo son en algunas otras lenguas
a un cierto número de criaturas distintas. El resultado
es una lucha incesante entre el pensamiento conceptual y la
herencia del primitivo pensamiento en complejos dentro de
las lenguas en desarrollo. El nombre que se crea en el complejo,
basado en un atributo, entra en conflicto con el concepto
del que ha sido fundamento, y en la disputa entre el concepto
y la imagen que da nacimiento al nombre, esta última
se olvida gradualmente; se desvanece de la conciencia y la
memoria, y se destruye eventualmente el significado original
de la palabra. Hace años había solamente tinta
negra, y el vocablo del idioma ruso que correspondía
a ella se refería a su negrura. Esto no nos impide
hoy hablar de "betún", rojo, verde, o azul,
sin darnos cuenta de la incongruencia de la combinación.
La transferencia de nombres a objetos nuevos
se produce a través de la contigüidad o la similitud,
sobre la base de enlaces concretos típicos del pensamiento
en complejos. Palabras que en nuestro propio tiempo están
en vías de formación nos brindan múltiples
ejemplos de este proceso por medio del cual se agrupan objetos
sumamente diversos. Cuando hablamos de la "pata de una
mesa", el "codo de un camino" y "el cuello
de una botella" estamos agrupando objetos, de un modo
semejante al de los complejos. En estos casos las similitudes
visuales y funcionales que mediatizan la transferencia son
bastante claras, sin embargo, ésta puede estar determinada
por las más variadas asociaciones, y como ha ocurrido
en el más remoto pasado, es posible reconstruir las
conexiones sin conocer exactamente la raíz histórica
del hecho.
La palabra primaria no es un símbolo
estrictamente adecuado a un concepto sino más bien
una imagen, una figura, un esbozo mental de un concepto, un
corto relato sobre ella -aún más una pequeña
obra de arte. Al nombrar un objeto por medio de tal concepto
ilustrativo, el hombre lo incluye en un grupo con un determinado
número de otros objetos. En este aspecto el proceso
de creación del lenguaje es análogo al proceso
de formación en el desarrollo intelectual infantil.
XIV
A partir del lenguaje de los niños
sordo-mudos, en cuyo caso el estímulo fundamental para
la formación de los pseudo-conceptos se encuentra ausente,
puede aprenderse mucho sobre el pensamiento en complejos.
Privados del intercambio verbal con los adultos y dejados
para determinar por sí solos qué objetos pueden
agrupar bajo un nombre común, forman sus complejos
libremente, y la característica especial de este tipo
de pensamiento aparece en su forma pura, definida.
En el lenguaje de signos de los sordo-mudos,
el tocarse un diente puede tener tres significados diferentes:
"blanco", "piedra", y "diente".
Los tres pertenecen a un complejo cuyo elucidación
posterior requiere un señalamiento adicional o un gesto
imitativo para indicar a qué objeto se refiere en cada
caso. Las dos funciones de una palabra están, por decirlo
así, físicamente separadas. Un sordo-mudo se
lleva un dedo a un diente, y entonces apoyándolo sobre
la superficie o haciendo un gesto como para lanzar algo, manifiesta
a qué objeto se refiere cada vez.
Para probar y completar nuestros resultados
experimentales, hemos tomado algunos ejemplos de la formación
del complejo, del desarrollo lingüístico del niño,
del pensamiento de los pueblos primitivos, y del desarrollo
de los idiomas como tales. Debería destacarse, sin
embargo, que aun el adulto normal, capaz de formar y utilizar
conceptos, no opera consistentemente con ellos en su pensamiento.
Aparte de los procesos imaginativos del pensamiento primitivo,
el adulto se desvía constantemente de lo conceptual
a lo concreto, al pensamiento del tipo de los complejos. La
forma transitoria del pensamiento correspondiente al pseudo-concepto
no está confinada al pensamiento infantil; nosotros
también recurrimos frecuentemente a ella en nuestra
vida diaria.
XV
Nuestra investigación nos conduce
a dividir el proceso de la formación del concepto en
tres fases fundamentales. Hemos descripto ya dos de ellas
señaladas por el predominio de la imagen sincrética
y del complejo, respectivamente, y nos dedicaremos a la tercera,
que, como la segunda, está dividida en varias etapas.
En realidad, las nuevas formaciones no aparecen
necesariamente después que el pensamiento complejo
ha recorrido el curso completo de su desarrollo. En su forma
rudimentaria, puede ser observado mucho antes de que el niño
comience a pensar con pseudo conceptos. Esencialmente, sin
embargo, pertenecen a una tercera división de nuestro
esquema de la formación del concepto. Si el pensamiento
complejo es una raíz de la formación del concepto,
las formas que describiremos constituyen una segunda raíz
independiente. Tienen una función genética distinta
de la de los complejos; en el desarrollo de la inteligencia
infantil éstos establecen fundamentalmente enlaces
y relaciones. El pensamiento complejo comienza la unificación
de las impresiones dispersas organizando en grupos los elementos
desunidos de la experiencia, y crea así bases para
generalizaciones posteriores.
Pero el concepto desarrollado presupone algo
más que la unificación; para formarlo, también
es necesario abstraer, separar los elementos y considerarlos
aparte de la totalidad de la experiencia concreta en la cual
están encajados. En la formación genuina del
concepto la unión es tan importante como la separación:
la síntesis debe ser combinada con el análisis.
El pensamiento complejo no puede cumplir ambas funciones.
Su verdadera esencia la constituyen la superabundancia, la
sobreproducción de conexiones y la debilidad de la
abstracción. La función de los procesos que
maduran sólo durante la tercera fase en el desarrollo
de la formación del concepto es cumplir el segundo
requerimiento, aunque sus comienzos se retrotraen a períodos
anteriores.
En nuestra experiencia, el primer paso hacia
la abstracción se realizaba cuando el niño agrupaba
en un mismo conjunto los objetos que tenían mayores
similitudes: que eran pequeños y redondos, o rojos
y chatos. Puesto que el material de prueba no contenía
objetos idénticos, aun los que presentaban mayores
similitudes eran distintos en algunos aspectos. Se entiende
que al escoger las "mejores parejas" el chico debía
prestar más atención a algunos rasgos de un
objeto que a otros, dándoles, por decirlo así,
un trato preferencial. Los atributos que, sumados, hacen que
un objeto tenga la mayor similitud posible con la muestra
se convierten en el foco de atención, y por lo tanto,
en cierto sentido, son abstraídos de los atributos
a los cuales el niño presta menos atención.
El primer intento de abstracción no se presenta obviamente
como tal, puesto que el niño abstrae todo un grupo
de características, sin distinguir claramente una de
otras; a menudo la abstracción de tal grupo de atributos
está basada solamente en una impresión vaga,
general de la similitud de los objetos.
No obstante, se ha abierto una brecha en
el carácter global de la percepción del niño.
Los atributos de un objeto han sido divididos en dos pares
a las que se presta una atención desigual -un comienzo
de abstracción positiva y negativa. Un objeto ya no
ingresa en un complejo in toto, con todas sus propiedades
-a algunos se les niega la admisión; si, de este modo,
el objeto se empobrece, los atributos que ocasionaron su inclusión
en el complejo adquieren un relieve más pronunciado
en el pensamiento infantil.
XVI
Durante la etapa siguiente en el desarrollo
de la abstracción, el agrupamiento de objetos sobre
la base de la máxima similitud, se reemplaza por el
agrupamiento sobre la base de un solo atributo: solamente
sobre los objetos redondos, o los chatos, aunque su producto
no pueda distinguirse del de un concepto. Estas formaciones,
como los pseudo-conceptos sólo son precursores de los
conceptos verdaderos. Siguiendo el tratamiento introducido
por Gross 8 denominaremos a estas formaciones conceptos potenciales.
Éstos son el resultado de una especie
de abstracción aisladora de una naturaleza tan primitiva
que se halla presente hasta cierto grado, no sólo en
los niños pequeños, sino también en animales.
Las gallinas pueden ser entrenadas para responder a un atributo
distintivo presente en diferentes objetos, tales como el color
o la forma; si indica un alimento accesible, los chimpancés
de Koehler una vez que han aprendido a usar el palo como herramienta
utilizan cualquier otro objeto con la misma forma cuando necesitan
una vara y no hay ninguna a mano.
Aun en los niños más pequeños
los objetos o situaciones que tienen algunos rasgos en común
evocan respuestas; en la más temprana etapa preverbal,
los niños están a la expectativa de situaciones
similares que los conduzcan a resultados idénticos.
Una vez que el niño ha asociado una palabra con un
objeto, la aplica prontamente a un nuevo objeto que le impresiona
como similar al primero en algunos aspectos. Los conceptos
potenciales, entonces, pueden ser formados tanto en la esfera
perceptual como en la del pensamiento práctico, en
relación a las acciones -sobre la base de impresiones
similares en el primer caso, y de significados funcionales,
semejantes, en el segundo. El último es una importante
fuente de conceptos potenciales. Es bien conocido que hasta
la primera edad escolar los significados funcionales de las
palabras juegan un papel muy importante en el pensamiento
infantil; cuando le pedimos al niño que aplique una
palabra nos dirá qué es lo que puede hacer el
objeto designado por ella, o -más frecuentemente- qué
puede hacerse con él. Aun los conceptos abstractos
se interpretan en el lenguaje de la acción concreta;
"Razonable, quiere decir que no me ponga en la corriente
de aire cuando estoy acalorado".
Los conceptos potenciales juegan una parte
en el pensamiento complejo, donde hasta la abstracción
también ocurre en una formación compleja. Los
complejos asociativos, por ejemplo, presuponen la "abstracción"
de un rasgo común a diferentes unidades. Pero mientras
predomina el pensamiento complejo, el rasgo abstraído
es inestable, no tiene una posición privilegiada y
cede fácilmente su predominio temporario a otras características.
La totalidad concreta de los rasgos ha sido destruida a través
de su abstracción, y se hace accesible la posibilidad
de unificar las características sobre una base diferente.
Solamente el dominio de la abstracción combinado con
el pensamiento complejo avanzado, permite al niño progresar
en la formación de los conceptos genuinos. Un concepto
emerge solamente cuando los rasgos abstraídos son sintetizados
nuevamente y la síntesis abstracta resultante se convierte
en el instrumento principal del pensamiento. El papel decisivo
en este proceso, como lo muestran nuestros experimentos, lo
juega la palabra, usada deliberadamente para dirigir todos
los procesos de la formación del concepto avanzado.*
XVII
En nuestro estudio experimental de los procesos
intelectuales de los adolescentes observamos cómo las
primitivas formas sincréticas y las complejas del pensamiento
se sumergen gradualmente, los conceptos potenciales se utilizan
cada vez menos, y comienzan a formarse los conceptos verdaderos
-espaciadamente al principio y luego con una frecuencia en
aumento. Aun después que los adolescentes han aprendido
a producir conceptos, sin embargo, no abandonan las formas
más elementales, y continúan operando con ellos
durante un largo tiempo, y aun predominando en muchas áreas
de su pensamiento. La adolescencia es menos un período
de consumación que de crisis y transición.
El carácter transitorio del pensamiento
del adolescente se evidencia especialmente cuando observamos
el funcionamiento real de los conceptos recientemente adquiridos.
Las experiencias destinadas a estudiar las operaciones de
los adolescentes con conceptos descubren, en primer lugar,
una discrepancia sorprendente entre su actitud para formar
conceptos y la habilidad para definirlos.
El adolescente formará y usará
un concepto bastante correctamente
114
en una situación concreta, pero encontrará
extrañamente difícil el poder exponerlos en
palabras, y la definición verbal será en la
mayoría de los casos mucho más estrecha que
la que podría esperarse por la forma que ha utilizado
el concepto. La misma discrepancia se observa en el pensamiento
adulto, aun en los niveles más avanzados. Esto confirma
la presunción de que los conceptos evolucionan en formas
que difieren de la elaboración deliberada y consciente
de la experiencia en términos lógicos. El análisis
de la realidad con la ayuda de los conceptos precede al análisis
de los conceptos mismos.
El adolescente se encuentra con otros obstáculos
cuando trata de aplicar un concepto que ha formado en una
situación específica a un nuevo establecimiento
de objetos y circunstancias, donde los atributos sintetizados
aparecen en configuraciones que difieren del original (un
ejemplo podría ser la aplicación a objetos cotidianos
de un nuevo concepto "pequeño y alto" desarrollado
en la prueba de las figuras de madera). Sin embargo, en general
el adolescente es capaz de lograr tal transferencia en una
etapa bastante temprana del desarrollo.
Mucho más difícil que la tarea
de transferirlo es la de definir un concepto cuando ya no
se encuentra enraizado en la situación original y debe
ser formulado en un plano puramente abstracto, sin referencia
a ninguna situación concreta. En nuestras experiencias,
frecuentemente, el niño o el adolescente que habían
resuelto correctamente el problema de la formación
de los conceptos descendían a un nivel más primitivo
del pensamiento cuando daban una definición verbal
del concepto y comenzaban simplemente a enumerar los diversos
objetos a los cuales se aplicaba el concepto de esa situación
particular. En este caso él operaba con el nombre como
un concepto, pero definiéndolo como un complejo -una
forma de pensamiento vacilante entre el complejo y el concepto-
típico de esta etapa de transición.
La dificultad mayor es la aplicación
de un concepto, finalmente aprendido y formulado en un nivel
abstracto, a nuevas situaciones concretas que puedan ser consideradas
en estos términos abstractos, un tipo de transferencia
que, usualmente, se domina sólo hacia el final del
período adolescente.
La transición de lo abstracto a lo
concreto resulta tan ardua para el joven, como la primera
transición de lo concreto a lo abstracto. A partir
de nuestras experiencias no cabe duda que en este punto, de
todos modos, la descripción de la formación
del concepto suministrada por la psicología tradicional
que reproduce simplemente el esquema de la lógica formal
se encuentra totalmente desligada de la realidad.
De acuerdo a la escuela clásica, la
formación del concepto se logra por el mismo proceso
que los "retratos de familia" en las fotografías
superpuestas de Galton, que se hacían tomando figuras
de diferentes miembros de la familia en una misma placa, de
modo que los rasgos "familiares" comunes a varios
individuos se manifestaban con una extraordinaria intensidad,
en tanto que 'las características que los diferenciaban
se borraban en la superposición. Se supone que en la
formación del concepto ocurre una intensificación
similar de los rasgos suministrados por un número de
objetos; de acuerdo a la teoría tradicional la suma
de estos rasgos es lo que constituye el concepto. En realidad,
como lo hicieron notar algunos psicólogos hace algún
tiempo, y como lo demuestran nuestras experiencias, el camino
por el cual los adolescentes arriban a la formación
de conceptos es visto en toda su complejidad, aparece como
un movimiento del pensamiento dentro de la pirámide
de conceptos, alternando constantemente entre dos direcciones,
de lo particular a lo general y de lo general a lo particular.
Nuestras investigaciones han demostrado que
un concepto se forma no a través del interjuego de
asociados, sino de una operación intelectual en la
cual las funciones mentales elementales participan en una
combinación específica. Esta operación
está guiada por el uso de palabras como medios de centrar
activamente la atención, o abstraer ciertos rasgos,
sintetizándolos y simbolizándolos por medio
de un signo.
Los procesos que conducen a la formación
del concepto se desarrollan a lo largo de dos líneas
principales. La primera es la formación de complejos:
el niño une diversos objetos en grupos bajo un "apellido"
común, este proceso pasa a través de varias
etapas. La segunda línea de desarrollo en la formación
de los "conceptos potenciales" basada en la elección
de determinados atributos comunes. En ambas, el uso de la
palabra es una parte integral del proceso de desarrollo, que
mantiene su función directriz en la formación
de los conceptos genuinos, a los que conducen estos procesos.
|
 |