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Prólogo
Prefacio del autor
Aproximación al problema
La Teoría de Piaget sobre Lenguaje y Pensamiento del niño
La Teoría de Stern sobre el desarrollo del Lenguaje
Las raíces genéticas del Pensamiento y el Lenguaje
Un estudio experimental de la formación del Concepto
El desarrollo de los conceptos científicos en la infancia
Pensamiento y Palabra
Comentarios sobre las observaciones críticas de Vigotsky
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PENSAMIENTO Y LENGUAJE
Capítulo IV
LAS RAÍCES GENÉTICAS DEL PENSAMIENTO
Y EL LENGUAJE
I
A través del estudio genético
del pensamiento y el lenguaje se ha descubierto que su relación
sufre muchos cambios y se ha establecido que sus progresos
no son paralelos. Ambas curvas de crecimiento se cruzan y
entrecruzan, pueden desenmarañarse y discurrir lado
a lado, aún fusionarse por un tiempo, pero siempre
vuelven a divergir. Esto se aplica tanto a la filogenia como
a la ontogenia.
En los animales el habla y el pensamiento
provienen de distintas raíces genéticas y se
desarrollan a lo largo de líneas diferentes. Esto ha
sido confirmado por los estudios de Koehler, Yerkes y otros
más recientes sobre los monos. Las experiencias de
Koehler probaron que la aparición de una inteligencia
embrionaria en los animales -del pensamiento en su exacto
sentido- no está de ningún modo relacionado
con el lenguaje. Las "invenciones" de los monos
con respecto a la confección y uso de herramientas,
o el descubrimiento de rodeos para la solución de problemas,
aunque constituyen indudablemente un pensamiento rudimentario
pertenecen a una fase prelingüística de su desarrollo.
De acuerdo a su opinión, las investigaciones
de Koehler prueban que el chimpancé muestra los comienzos
de un comportamiento intelectual de la misma clase y tipo
que el del hombre. Es la falta de habla, "esa ayuda téenica
infinitamente valiosa" y la insuficiencia de imágenes
"ese importante material intelectual", lo que explica
la tremenda diferencia entre los antropoides y el hombre más
primitivo y hacen "imposibles para el chimpancé
aún los comienzos rudimentarios del desarrollo cultural".
1
Sobre la interpretación teórica
de los descubrimientos de Koehler existe un desacuerdo considerable
entre los psicólogos de diferentes escuelas. El grueso
de la literatura crítica que han provocado representa
una variedad de puntos de vista, pero lo más significativo
de todo esto es que ninguno discute los hechos o las deducciones
de Koehler que nos interesan particularmente: la independencia
con respecto al lenguaje que tienen las acciones de los chimpancés.
Esto ha sido admitido abiertamente aún por psicólogos
(como Thorndike o Borsvskij) que no ven en las acciones del
chimpancé nada más allá de los mecanismos
del instinto y el aprendizaje de "ensayo y error",
"excepto el ya conocido proceso de la formación
de hábitos" 2, y por los introspeccionistas, quienes
desdeñan elevar el intelecto ni siquiera al nivel del
más avanzado comportamiento de los monos. Bühler
dice con bastante acierto que las acciones de los chimpancés
están enteramente desconectadas del lenguaje; y que
en el hombre el pensamiento involucrado en el uso de herramientas
(Werkzeugdenken) está mucho menos conectado con el
habla y con los conceptos que otras formas del mismo.
El tratamiento del tema sería bastante
simple si los monos no tuvieran rudimentos de lenguaje, nada
que se pareciera al habla. Sin embargo, encontrarnos en el
chimpancé un "lenguaje" relativamente bien
desarrollado en algunos aspectos -y sobre todo fonéticamente-
distintos a los del humano. El hecho digno de mención
sobre este lenguaje es que funciona aparte de la inteligencia.
Koehler, que durante muchos años estudió a los
chimpancés en una Estación Antropoidea de las
Islas Canarias, nos dice que sus expresiones fonéticas
denotan solamente deseos y estados subjetivos; son expresiones
de afecto, nunca un signo de nada "objetivo" 3 .
Pero la fonética humana y la de los chimpancés
tienen muchos elementos en común, de modo que podemos
suponer confiadamente que la ausencia de un habla semejante
a la humana no se debe a causas periféricas.
El chimpancé es un animal en extremo
gregario y responde sin lugar a duda a la presencia de otros
de su especie. Koehler describe formas altamente diversificadas
de "comunicación lingüística"
entre ellos. La primera de la línea es su vasto repertorio
de expresiones afectivas: juego facial, gestos, vocalización,
y a continuación los movimientos que expresan emociones
sociales: ademán de saludo, etc. Los monos son capaces
tanto de "entender" los gestos de los otros como
de "expresar" mediante ellos deseos en los que se
incluye a otros animales. Usualmente un chimpancé comenzará
un movimiento o una acción cuando quiere que otro la
lleve a cabo o participe, por ejemplo, lo empujará
y ejecutará los movimientos iniciales para disponerse
a caminar cuando esté "invitando" al otro
a seguirlo, o hará el ademán de asir algo en
el aire cuando desee que el compañero le dé
una banana. Todos estos son gestos directamente relacionados
con la acción misma. Koehler menciona que el experimentador
llega a usar modos de comunicación elementales esencialmente
similares para dar a entender a los monos lo que se espera
de ellos.
De una manera general estas observaciones
confirman la opinión de Wundt de que los gestos indicadores,
que constituyen la primera etapa en el desarrollo del lenguaje
humano no aparece todavía en los animales, pero que
algunos ademanes de los monos son una forma transicional entre
el asir y el señalar.4 Consideramos este ademán
transicional el paso más importante que se da desde
la expresión afectiva no adulterada hacia el lenguaje
objetivo.
No existen evidencias, sin embargo, de que
los animales alcancen la etapa de la representación
objetiva en ninguna de sus actividades. Los chimpancés
de Koehler jugaban con tiza de colores "pintando"
primero con los labios y la lengua, luego con pinceles, pero
estos animales -que normalmente transferían al juego
el uso de las herramientas y otros comportamientos aprendidos
"en serio" (es decir, en experimentos), e inversamente
jugaban al comportamiento de "vida real"- no mostraron
nunca el más leve intento de representar algo en sus
dibujos, ni el más mínimo signo de atribuir
algún significado objetivo a sus productos. Bühler
dice; "Ciertos hechos nos ponen sobre aviso para no sobrestimar
las acciones de los chimpancés. Sabemos que ningún
viajero ha confundido un gorila o un chimpancé con
un hombre, y que ninguno ha observado entre algunas de las
herramientas o métodos tradicionales que en los seres
humanos varían de tribu en tribu, pero que indican
la transmisión de descubrimientos realizados de una
generación a otra; ni esgrafiados en piedra arenisca
o greda, que puedan ser tomados por diseños que representen
algo, o aún por ornamentos garrapateados en un juego,
ni lenguaje representativo, o sea, ni sonidos equivalentes
a nombres. Todo esto junto debía tener algunas causas
intrínsecas." 5
Yerkes parece ser el único entre los
observadores modernos de los monos que explica su carencia
de lenguaje por otras razones que no sean las "intrínsecas".
Su investigación sobre la inteligencia de los orangutanes
suministra datos muy similares a los de Koehler; pero llega
más allá en sus conclusiones: admite una "ideación
superior" en los orangutanes en el nivel, es verdad,
de un niño de tres años como máximo.
6
Yerkes deduce la ideación simplemente
de superficialidades similares entre el comportamiento antropoide
y el humano; no tiene pruebas objetivas de que los orangutanes
resuelven problemas con la ayuda de la ideación, es
decir de "imágenes" o vestigios de estímulos.
En el estudio de los animales superiores la analogía
puede ser utilizada con ese fin dentro de los límites
de la objetividad, pero basar una suposición sobre
la analogía es difícilmente un procedimiento
científico.
Koehler, por otra parte, fue más allá
del simple uso de la analogía al explorar la naturaleza
de los procesos intelectuales de los chimpancés. Demostró
por medio del análisis experimental preciso que el
éxito de las acciones de los animales depende de cómo
puedan ver todos los elementos de una situación simultáneamente
-éste es un factor decisivo de su comportamiento. Si,
especialmente durante los primeros experimentos, el palo que
usaron para alcanzar alguna fruta y que se encontraba más
allá de los barrotes fue movido ligeramente, de modo
que la herramienta (el palo) y la meta (la fruta) no eran
visibles para él de una sola mirada la solución
del problema se tornaba muy difícil, a menudo imposible.
Los monos habían aprendido a hacer una herramienta
más larga insertando un palo en una abertura del otro,
si los dos palos se cruzaban accidentalmente en sus manos,
formando una X, eran incapaces de lograr la familiar y práctica
operación de alargarlos.
Docenas de ejemplos semejantes pueden citarse
de los experimentos de Koehler.
Este autor considera que la presencia visual
real de una situación suficientemente simple es una
condición indispensable en cualquier investigación
del intelecto de los chimpancés, condición sin
la cual su inteligencia no puede ser puesta en funcionamiento
de ningún modo. Saca en conclusión que las limitaciones
inherentes de la imaginación (o "ideación")
son una característica básica de la conducta
intelectual de los chimpancés. Si aceptamos la tesis
de Koehler, el supuesto de Yerkes parece aún más
dudoso.
En relación con estos recientes estudios
experimentales y de observación del intelecto y del
lenguaje de los chimpancés, Yerkes presenta una nueva
e ingeniosa teoría sobre su desarrollo lingüístico
para explicar su falta de lenguaje real. "Las reacciones
vocales", dice, "son frecuentes y variadas en los
chimpancés jóvenes, pero el habla, en el sentido
humano, está ausente" 7 . Su aparato fonador está
bien desarrollado y funciona como el del hombre, lo que falla
es la tendencia a imitar sonidos. Su mímica depende
enteramente de sus estímulos ópticos; copian
las acciones pero no los sonidos. Son incapaces de realizar
lo que los loros hacen exitosamente.
"Si la tendencia imitativa del loro
estuviera combinada con el calibre del intelecto del chimpancé,
no cabe duda que este último poseería lenguaje,
puesto que tiene un mecanismo vocal semejante al del hombre,
así como un intelecto del tipo y nivel suficientes
como para permitirle emitir sonidos que tuvieran la finalidad
del verdadero lenguaje" 8.
En sus experiencias Yerkes aplicó
cuatro métodos para enseñar a hablar a los chimpancés.
Ninguno de ellos tuvo éxito. Tales fracasos, por supuesto,
en principio, nunca resolvieron un problema. En este caso,
todavía no sabemos si es posible o no enseñar
a hablar a los chimpancés. No es infrecuente en estos
casos que la falla se encuentre en el experimentador. Koehler
dice que si las primeras experiencias sobre la inteligencia
de los monos fracasaron al tratar de demostrar que éstos
tenían alguna, no era realmente porque no la poseyeran,
sino porque se utilizaron métodos que no eran adecuados
y existía un desconocimiento de los límites
de dificultad, dentro de los cuales puede manifestarse la
inteligencia del chimpancé, una ignorancia de su dependencia
de una situación visual comprensiva. "Las investigaciones
de la capacidad intelectual", se burla Koehler, "prueban
tanto al experimentador como al sujeto" 9.
Sin dejarlo establecido como principio, los
experimentos de Yerkes demuestran una vez más que los
antropoides no poseen nada semejante al lenguaje humano, ni
siquiera rudimentariamente. Correlacionando esto con lo que
conocemos por otras fuentes, podemos suponer que probablemente
los monos son incapaces de hablar en un sentido estricto de
lo que esto significa.
¿Cuáles son las causas de su
inhabilidad, ya que tienen el aparato vocal y las cuerdas
fonéticas necesarias? Yerkes las ve en la ausencia
o debilidad de la imitación vocal. Ésta puede
haber sido muy bien la causa inmediata de los resultados negativos
de sus experimentos; pero se equivoca, probablemente, al considerarlo
la causa fundamental de la ausencia de lenguaje en los monos.
La tesis posterior, aunque Yerkes la da por sentada, se encuentra
desmentida por todo lo que conocemos acerca del intelecto
de los chimpancés.
Yerkes tenía a su disposición
medios excelentes para probar su tesis, los que por alguna
razón no usó; nos hubiéramos considerado
afortunados si hubiésemos tenido la posibilidad de
poseerlos para poder aplicarlos. Pensamos que se debe excluir
el factor auditivo para adiestrar lingüísticamente
a los animales. El habla no depende necesariamente del sonido.
Ahí están por ejemplo los signos lingüísticos
de los sordomudos y la interpretación de la lectura
con los labios, que es también interpretación
del movimiento. En los idiomas de los pueblos primitivos,
los gestos son utilizados aparte de los sonidos, y juegan
un papel sustancial. En principio, el habla no depende de
la naturaleza de su material. Si es verdad que los chimpancés
poseen la inteligencia necesaria como para adquirir algo análogo
al lenguaje humano, y la dificultad principal se encuentra
en su carencia de imitatividad vocal, se encontrarían
capacitados entonces, en las experiencias, para manejar ciertos
gestos convencionales cuya función psicológica
sería exactamente igual a aquella de los sonidos convencionales.
Como Yerkes mismo conjetura, los chimpancés podrían
ser entrenados para utilizar más gestos manuales que
sonidos. El medio que se utiliza no importa demasiado, lo
que interesa es el uso funcional de signos, cualquiera de
ellos que pudiera jugar un papel correspondiente al del lenguaje
en los seres humanos.
Este método no ha sido probado, y
no podemos asegurar cuáles hubieran sido sus resultados;
pero todo lo que conocemos sobre el comportamiento de los
chimpancés, incluyendo los aportes de Yerkes, desvanecen
la esperanza de que pudieran aprender un lenguaje funcional.
Ni siquiera existen detalles que podrían insinuar el
uso de signos. Lo único que conocemos objetivamente
con certeza es que no tienen "ideación" aunque
bajo ciertas condiciones son capaces de confeccionar herramientas
muy simples y acudir a "rodeos" y que estas condiciones
exigen que se dé una situación completamente
visible y absolutamente clara. En todos los problemas que
no incluyen estructuras visuales inmediatamente perceptibles,
pero que se centran en algún otro tipo de estructura
-mecánica, por ejemplo- los chimpancés se desvían
del tipo de comportamiento por "insight" hasta el
puro y simple de ensayo y error.
¿Las condiciones requeridas para el
funcionamiento intelectual efectivo de los monos son también
necesarias para el descubrimiento del lenguaje o del uso funcional
de los signos? Decididamente no. El descubrimiento del lenguaje
no puede en ninguna situación depender de una disposición
óptica. Requiere una operación intelectual de
un tipo distinto. No existen indicios de ninguna clase que
pongan de manifiesto que tal operación se encuentra
al alcance del chimpancé, y muchos investigadores afirman
que no poseen esta aptitud. Esta carencia puede ser la diferencia
fundamental entre la inteligencia humana y la del chimpancé.
Koehler introduce el término insight
(Einsicht) para las operaciones intelectuales accesibles o
los chimpancés. La elección del término
no es accidental. Kafka hace notar que primitivamente Koehler
al usar este término estaba hablando de visión
en su sentido literal, y sólo por extensión
se refiere luego a "visión" de relaciones,
o comprensión como opuesto a le acción ciega.
10
Es necesario aclarar que Koehler nunca definió
el término insight o explicó su teoría.
En ausencia de una interpretación teórica, la
palabra resulta ambigua en su aplicación: unas veces
denota las características especificas de la acción
misma, la estructura de las acciones del chimpancé,
y otras indica los procesos psicológicos que preceden
y preparan estas acciones, como si fueran un "plan de
operaciones" interno. Koehler no aventura ninguna hipótesis
sobre el mecanismo de la reacción intelectual, pero
es claro que como quiera que funcione y donde quiera que localicemos
el intelecto -en las acciones mismas del chimpancé
o en algún proceso preparatorio interno- la tesis continúa
siendo válida con respecto a que la reacción
es determinada, no por vestigios de memoria, sino por la situación
presentada visualmente. Aun la mejor herramienta para un problema
dado se pierde para el chimpancé si no puede visualizarse
simultánea o casi simultáneamente con el objetivo
a alcanzar. 11
Por lo tanto la consideración del
"insight" no cambia nuestra conclusión pues
aunque el chimpancé poseyera las dotes del loro, sería
improbable que adquiriera el lenguaje.
Pero aún así, como ya habíamos
manifestado, el chimpancé tiene un lenguaje propio
bastante rico. Learned, colaborador de Yerkes compiló
un diccionario de 32 elementos lingüísticos o
"palabras" que no solamente se asemejan al habla
humana fonéticamente, sino que tienen algún
significado, en el sentido de que son producidas por ciertas
situaciones u objetos conectados con el placer o el disgusto,
o inspiradores de deseos, malas intenciones o miedo. 12 Estas
"palabras" fueron apuntadas mientras los monos esperaban
ser alimentados y durante las comidas, en presencia de seres
humanos, y cuando se encontraban chimpancés solos.
Son verdaderas reacciones vocales, más o menos diferenciadas
y conectadas hasta cierto punto, al modo de reflejos condicionados,
con estímulos relacionados con la alimentación
u otras situaciones vitales: un lenguaje estrictamente emocional.
Referente a esta descripción del habla
de los monos, deseamos aclarar tres puntos: primero, la coincidencia
de la producción de sonidos con gestos afectivos, especialmente
notables cuando los chimpancés están muy excitados,
no se limita o los antropoides; es, por el contrario, muy
común entre los animales dotados de voz. Seguramente
el lenguaje humano se originó en el mismo tipo de reacciones
vocales expresivas.
Segundo, los estados afectivos que producen
abundantes reacciones vocales en los chimpancés no
son favorables para el funcionamiento de la inteligencia.
Koehler insiste en que en los chimpancés las reacciones
emocionales, particularmente aquellas de gran intensidad,
no admiten una operación intelectual simultánea.
Tercero, debe hacerse hincapié nuevamente
en que la descarga emocional como tal no es la única
función del lenguaje en los monos. Como en otros animales
y en el hombre también es un medio de contacto psicológico
con otros de su especie. Tanto en los chimpancés de
Yerkes y Learned como en los monos observados por Koehler
esta función del lenguaje es inequívoca; pero
no está conectada con reacciones intelectuales, o sea
con el pensamiento; se origina en la emoción y es de
modo evidente una parte del síndrome emocional total,
pero una parte que cumple una función específica,
tanto biológica como psicológicamente. Está
lejos de ser intencional, de constituir un ensayo consciente
de informar o influir a otros. En esencia es una reacción
instintiva, o algo muy semejante.
Muy difícilmente puede dudarse de
que esta función del lenguaje es una de las más
viejas y está genéticamente relacionada con
las señales visuales y vocales emitidas por los "leaders"
de los grupos animales. En un estudio publicado recientemente,
sobre el lenguaje de las abejas, K. von Frisch describe formas
de comportamiento muy interesantes y teóricamente importantes,
que cumplen la función de intercambio o de contacto,
originadas, sin lugar a dudas, en el instinto. A pesar de
las diferencias fenotípicas estas manifestaciones del
comportamiento son básicamente semejantes al intercambio
"verbal" de los chimpancés. Esta similitud
pone de relieve una vez más la independencia de las
"comunicaciones" del chimpancé con respecto
a la actividad intelectual.
Hemos intentado este análisis de varios
estudios sobre el lenguaje y la inteligencia de los monos
para dilucidar la relación entre pensamiento y lenguaje
en el desarrollo filogenético de estas funciones. Podemos
ahora resumir nuestras conclusiones, que nos serian útiles
en el análisis posterior del problema.
1. Pensamiento y lenguaje tienen diferentes
raíces genéticas.
2. Las dos funciones se desarrollan a lo
largo de líneas diferentes, independientemente una
de otra.
3. No existe una correlación definida
y constante entre ellos.
4. Los antropoides ponen de manifiesto una
inteligencia semejante a la del hombre en ciertos aspectos
(el uso embrionario de herramientas) y un lenguaje en parte
parecido al humano en aspectos totalmente distintos (el aspecto
fonético de su lenguaje, su función de descarga,
los comienzos de una función social).
5. La estrecha correspondencia entre las
características de pensamiento y lenguaje del hombre
está ausente en los antropoides.
6. En la filogenia del pensamiento y el lenguaje
son claramente discernibles una fase preintelectual en el
desarrollo del habla y una fase prelingüística
en el desarrollo del pensamiento.
II
Ontogenéticamente, la relación
entre el desarrollo del pensamiento y el del lenguaje es mucho
más intrincada y oscura, pero aquí también
podemos distinguir dos líneas separadas que emergen
de dos raíces genéticas diferentes.
La existencia de una fase prelingüística
del desarrollo del pensamiento de los niños ha sido
sólo recientemente corroborada por pruebas objetivas.
Los experimentos de Koehler, con los chimpancés, convenientemente
modificados fueron llevados a cabo con niños que todavía
no habían aprendido a hablar. El mismo Koehler efectuó,
ocasionalmente, experiencias con niños, con el propósito
de establecer comparaciones, y Bühler llevó a
cabo un estudio sistemático dentro de los mismos lineamientos.
Tanto en los experimentos realizados con niños como
en los efectuados con monos los descubrimientos fueron similares.
Las acciones de los niños, nos dice
Koehler, "son exactamente iguales a las de los chimpancés,
de tal modo que esta etapa de la vida infantil podría
muy 'bien denominarse la edad del chimpancé, y correspondería
a los 10, 11 y 12 meses de edad..."
"En la edad del chimpancé se
producen las primeras invenciones -por supuesto muy primitivas,
pero sumamente importantes para su desarrollo mental."
13
En ésta como en las experiencias realizadas
con chimpancés, lo más importante teóricamente,
es el descubrimiento de la independencia de las reacciones
intelectuales rudimentarias respecto del lenguaje. Bühler
comenta: "Se acostumbra decir que el habla es el comienzo
de la hominización (Menschwerden), puede ser, pero
antes que el lenguaje está el pensamiento involucrado
en el uso de herramientas, es decir, la comprensión
de las conexiones mecánicas, y la invención
de medios mecánicos para fines mecánicos o,
para decirlo más brevemente aún, antes del lenguaje
aparece la acción que se torna subjetivamente significativa
-en otras palabras, conscientemente intencional." 14
Desde hace tiempo se conocen las raíces
preintelectuales del habla en el desarrollo infantil: el balbuceo,
los gritos, y aun sus primeras palabras son etapas claramente
establecidas, que no tienen nada que ver con el desarrollo
del pensamiento. Estas manifestaciones han sido consideradas
como formas predominantemente emocionales de la conducta.
No todas ellas, sin embargo, cumplen una mera función
de descarga. Investigaciones recientes sobre las primeras
formas de comportamiento del niño y sus primeras reacciones
a la voz humana (efectuadas por Charlotte Bühler y sus
colaboradores) han demostrado que la función social
del lenguaje se manifiesta ya claramente durante el primer
año, en la etapa preintelectual del desarrollo del
lenguaje. Tempranamente, durante la primera semana de vida,
se observan respuestas bastante definidas a la voz humana,
y la primera reacción específicamente social
se produce durante el segundo mes. 15 Estas investigaciones
dejaron establecido también que las risas, los sonidos
inarticulados, los movimientos, etc., constituyen medios de
contacto social desde los primeros meses de vida del niño.
Por lo tanto, las dos funciones del lenguaje
que hemos observado en el desarrollo filogenético se
encuentran ya y son evidentes en los chicos de menos de un
año de edad.
Pero el descubrimiento más importante
es que, en cierto momento, aproximadamente a los dos años,
las dos curvas de desarrollo: la del pensamiento y la del
lenguaje, hasta entonces separadas, se encuentran y se unen
para iniciar una nueva forma de comportamiento. La explicación
que da Stern de este hecho trascendental es la primera y la
mejor. Muestra cómo el deseo de conquistar el lenguaje
sigue a la primera realización confusa del intento
de hablar; esto sucede cuando el niño "hace el
gran descubrimiento de su vida", se encuentra con "que
cada cosa tiene su nombre". 16
Este instante crucial en que el lenguaje
comienza a servir al intelecto, y los pensamientos empiezan
a ser expresados, está señalado por dos síntomas
objetivos inconfundibles: 1) la repentina y activa curiosidad
del niño acerca de las palabras, su pregunta sobre
cada cosa nueva ("¿Qué es esto?"),
y 2) los rápidos y cada vez más amplios aumentos
resultantes de su vocabulario.
Antes de llegar al punto decisivo el niño
(como algunos animales) reconoce un reducido número
de palabras que sustituye, como en un condicionamiento, por
objetos, personas, estados o deseos. En esa edad conoce solamente
las palabras que los otros le suministran. Luego la situación
cambia: el niño siente la necesidad de palabras, y
trata activamente a través de sus preguntas de aprender
los signos vinculados a los objetos. Parece haber descubierto
la función simbólica de las palabras. El habla,
que en su primer estadio era afectiva-conativa, entra ahora
en la fase intelectual. Las líneas de desarrollo del
lenguaje y el pensamiento se han encontrado.
En este punto la cuestión se circunscribe
exclusivamente al problema del pensamiento y el lenguaje.
Permítasenos considerar qué es lo que sucede
exactamente cuando el niño hace "su gran descubrimiento",
y si la interpretación de Stern es correcta.
Tanto Bühler como Koffka comparan este
descubrimiento con las invenciones de los chimpancés.
De acuerdo a lo que Koffka manifiesta, el nombre, una vez
descubierto por el niño, entra a formar parte de la
estructura del objeto, así como el palo forma parte
de la situación de querer alcanzar la fruta. 17
Cuando examinemos las relaciones funcionales
y estructurales entre pensamiento y lenguaje discutiremos
la validez de esta analogía. Por ahora, sólo
haremos notar que "el descubrimiento más importante
del niño" sólo se hace posible cuando se
ha alcanzado un determinada nivel, relativamente alto, en
el desarrollo del pensamiento y el lenguaje. En otras palabras,
el lenguaje no puede ser "descubierto" sin el pensamiento.
Brevemente, podemos concluir que:
1. En su desarrollo ontogenético,
el pensamiento y el lenguaje provienen de distintas raíces
genéticas.
2. En el desarrollo del habla del niño
podemos establecer con certeza una etapa preintelectual, y
en su desarrollo intelectual una etapa prelingüística.
3. Hasta un cierto punto en el tiempo, los
dos siguen líneas separadas, independientemente una
de otra.
4. En un momento determinado estas líneas,
se encuentran, y entonces el pensamiento se torna verbal y
el lenguaje, racional.
III
Sea cual fuere la forma en que nos aproximemos
al controvertido problema de la relación entre pensamiento
y lenguaje, tendremos que manejar ampliamente el tema del
lenguaje interiorizado. Su importancia es tan grande, en todo
nuestro pensamiento, que muchos psicólogos, Watson
entre otros, llegan hasta identificarlo con él, y lo
consideran como habla inhibida, sin sonido. Sin embargo, la
psicología aún no sabe cómo se realiza,
o a qué edad, a través de qué procesos
y por qué tiene lugar el cambio del lenguaje externo
al interiorizado.
Watson dice que no conocemos en qué
punto de su desarrollo los niños pasan del lenguaje
al cuchicheo y de éste al lenguaje interiorizado, ya
que este problema ha sido estudiado sólo incidentalmente.
Nuestras propias investigaciones nos llevan a considerar que
Watson enfoca el tema incorrectamente. No existen razones
válidas para afirmar que el lenguaje interiorizado
se desarrolla de un modo tan mecánico a través
de una disminución gradual en la perceptibilidad del
lenguaje (cuchicheo).
Es verdad que Watson menciona otra posibilidad:
"Quizá", dice, "las tres formas se desarrollan
simultáneamente". 18 La hipótesis de la
secuencia palabra hablada, cuchicheo, lenguaje interiorizado
nos parece infundada. No existen datos objetivos que confirmen
ese quizá. Contra esto contamos con las pruebas de
las disimilitudes profundas que existen entre el lenguaje
externo y el interiorizado, reconocidas por todos los psicólogos,
inclusive Watson. Tampoco hay razones para afirmar que los
dos procesos, tan diferentes funcional (lo social como opuesto
a la adaptación personal) y estructuralmente (la estricta
y elíptica economía del lenguaje interiorizado
que cambia el patrón de lenguaje casi más allá
de lo reconocible) pueden ser genéticamente paralelas
y coexistentes. Ni siquiera parece admisible, volviendo a
la tesis principal de Watson, que se encuentren enlazadas
por el lenguaje murmurado, que ni en su función ni
en su estructura puede ser considerado una etapa de transición
entre el habla externa y la interiorizada. Se encuentra entre
las dos en forma fenotípica y no genotípica.
Nuestros estudios sobre el cuchicheo en los
pequeños verifica con amplitud nuestra afirmación
anterior. Comprobamos que estructuralmente no existe casi
diferencia entre el lenguaje en voz alta y el susurro. En
cuanto a lo funcional, el cuchicheo difiere profundamente
del lenguaje interiorizado y ni siquiera manifiesta una tendencia
a acercarse a las características típicas de
este último. Además, no se desarrolla espontáneamente
hasta la edad escolar, aunque puede ser inducido más
temprano: bajo presión social un niño de tres
años puede bajar el tono de su voz o susurrar durante
cortos períodos. Éste es el hecho que parece
sustentar el punto de vista de Watson.
Aunque estamos en desacuerdo con su tesis,
creemos que tiene mucha importancia su correcta aproximación
metodológica: para resolver el problema debemos buscar
el eslabón intermedio entre el lenguaje externo y el
interiorizado.
Nos inclinamos a encontrar ese eslabón
en el lenguaje egocéntrico, descripto por Piaget, el
que, junto a su papel de acompañante de la actividad
y sus funciones expresivas y liberadoras, asume muy pronto
una función de planeamiento, es decir, se convierte
en pensamiento propiamente dicho, bastante natural y fácilmente.
Si se prueba que nuestra hipótesis
es correcta, podremos concluir que el lenguaje se interioriza
antes psicológica que físicamente. El habla
egocéntrica es habla interiorizada en sus funciones,
es lenguaje de un modo interno, íntimamente unido con
el ordenamiento de la conducta infantil, asimismo resulta
parcialmente incomprensible para los otros, no obstante es
evidente en su forma y no demuestra ninguna tendencia a convertirse
en cuchicheo o cualquier otro tipo de lenguaje semi-inaudible.
Tendríamos entonces que contestar
también a la siguiente pregunta: por qué el
lenguaje se convierte en interiorizado. Y respondemos que
es porque cambia su función. Su desarrollo debería
comprender todavía tres etapas, no las que considera
Watson, sino éstas: lenguaje externo, lenguaje egocéntrico,
lenguaje interiorizado. Tendríamos también a
nuestra disposición un excelente método para
estudiar, por decirlo así, la "vida" del
lenguaje interiorizado, en tanto se van formando sus peculiaridades;
éste sería un método objetivo, puesto
que estas peculiaridades aparecen mientras el habla es todavía
perceptible, accesible a la observación y medición.
Nuestras investigaciones demuestran que el
desarrollo del lenguaje sigue el mismo curso y obedece a las
mismas leyes que todas las otras operaciones mentales, involucrando
el uso de signos, tales como la numeración o las ayudas
mnemónicas. Hemos descubierto que estas operaciones
se desarrollan generalmente en cuatro etapas. La primera es
la fase primitiva o natural que corresponde al lenguaje preintelectual
y al pensamiento preverbal, cuando estas operaciones aparecen
en su forma original, del mismo modo que se desenvolvieron
en el nivel primitivo del comportamiento.
Después sigue la etapa que podríamos
llamar de la "psicología simple" por analogía
con lo que se ha llamado "física simple",
el niño experimenta con las propiedades físicas
de su propio cuerpo y con las de los objetos que se encuentran
a su alrededor, aplica esta experiencia al uso de herramientas:
es el primer ejercicio de la naciente inteligencia práctica
del niño.
Esta fase está claramente definida
en el desarrollo del lenguaje. Se manifiesta por el uso correcto
de las formas y estructuras gramaticales, antes de que haya
entendido las operaciones lógicas en las cuales se
apoyan. El niño puede operar con cláusulas subordinadas,
con palabras tales como porque, si, cuando y pero, mucho antes
de que pueda entender las relaciones causales, condicionales
o temporales. Domina antes la sintaxis del lenguaje que la
del pensamiento. Los estudios de Piaget demostraron que la
gramática se desarrolla antes que la lógica
y que el niño aprende relativamente tarde las operaciones
mentales correspondientes a las formas verbales que ha estado
usando durante largo tiempo.
Con la acumulación gradual de la simple
experiencia psicológica, ingresa en una tercera etapa,
que puede distinguirse por signos externos, operaciones externas
que son utilizadas como ayuda en la solución de problemas
internos. Ésta es la etapa en que el niño cuenta
con los dedos, recurre a ayudas mnemónicas, etc. En
el desarrollo del lenguaje corresponde a la fase egocéntrica.
A la cuarta la denominamos de "crecimiento
interno". La operación externa se convierte en
interna y sufre un cambio profundo en el proceso. El niño
comienza a contar en su cabeza, a usar la "memoria lógica",
esto es, a operar con relaciones inherentes y signos interiorizados.
En el desarrollo del habla ésta es la etapa final del
lenguaje interiorizado, sin sonido. Se da aquí una
interacción constante entre las operaciones externas
e internas, una forma fácil y frecuentemente cambiante
en la otra. El lenguaje interiorizado puede estar muy cerca,
en lo formal del lenguaje externo o aun ser exactamente igual,
cuando sirve como preparación para el lenguaje externo
-por ejemplo cuando se piensa en una conferencia que se va
a pronunciar. No existe una división tajante entre
el comportamiento interiorizado y el externo, y se influyen
mutuamente.
Al considerar la función del lenguaje
interiorizado en los adultos una vez completado su desarrollo,
debemos preguntarnos si en su caso los procesos intelectuales
y lingüísticos están necesariamente conectados,
si pueden ser igualados. Nuevamente, como en el caso de los
animales, y en el de los niños, debemos responder:
"No".
Esquemáticamente, podemos imaginarnos
el pensamiento y el lenguaje como dos círculos en intersección.
En sus partes superpuestas, constituyen lo que se ha llamado
pensamiento verbal; éste, sin embargo, no incluye de
ningún modo todas las formas de pensamiento y las de
lenguaje. Existe un área muy amplia del pensamiento
que no tiene relación directa con el lenguaje. La inteligencia
que se pone de manifiesto práctico en general. Además,
investigaciones realizadas por los psicólogos de la
escuela de Würsburgo han demostrado que el pensamiento
puede funcionar sin palabras (imágenes o movimientos
del habla detectables a través de la propia observación).
Los últimos experimentos muestran también que
no existe una correspondencia directa entre el lenguaje interiorizado
y los movimientos de la lengua o la laringe del sujeto.
No hay razones psicológicas que puedan
hacer derivar del pensamiento todas las formas de actividad
lingüística. No obstante la afirmación
de Watson no pueden estar involucrados procesos de pensamiento
cuando un sujeto recita en silencio, para sí mismo,
un poema aprendido de memoria, o repite mentalmente una oración
que le ha sido suministrada con propósitos experimentales.
Finalmente, existe un lenguaje "lírico" impulsado
por la emoción. Aunque posee todas las señales
del lenguaje, muy difícilmente se lo podría
clasificar dentro de la actividad intelectual, en el exacto
sentido del término.
Nos vemos, pues, forzados a concluir que
la fusión del pensamiento y el lenguaje, tanto en los
adultos como en los niños, es un fenómeno limitado
a un área circunscripta. El pensamiento no-verbal y
el lenguaje no-intelectual no participan de esta fusión
y son afectados sólo indirectamente por los procesos
del pensamiento verbal.
IV
Podemos resumir ahora los resultados de nuestro
análisis. Comenzamos intentando trazar la genealogía
del pensamiento y el lenguaje, usando los datos de la psicología
comparativa, pero éstos resultaron insuficientes para
bosquejar las trayectorias de desarrollo del pensamiento y
el lenguaje pre-humanos con cierto nivel de seguridad. La
cuestión básica: si los antropoides poseen el
mismo tipo de inteligencia del hombre, es todavía tema
de controversia. Koehler lo afirma, otros lo niegan. Aunque
este problema pueda ser resuelto en futuras investigaciones
hay ya un aspecto totalmente aclarado: en el mundo animal,
el camino hacia un intelecto del tipo humano no es lo mismo
que el camino hacia un lenguaje con estas características;
el pensamiento y el lenguaje no arrancan de una sola raíz.
Aun aquellos que le niegan inteligencia a
los chimpancés no pueden negar que los monos poseen
algo que se acerca al intelecto, que ese tipo superior de
formación de los hábitos que manifiestan es
una inteligencia embrionaria. Su uso de las herramientas prefigura
la conducta humana. Para los marxistas los descubrimientos
de Koehler no constituyen una sorpresa. Marx 19 manifestó
hace tiempo que el uso y la creación de implementos
de labor, son una característica específica
del proceso humano del trabajo. La tesis de que las raíces
de la inteligencia del hombre tienen su origen en el reino
animal ha sido admitida hace tiempo por los marxistas; y hallamos
su elaboración en Plejanov. 20 Engels 21 escribía
que el hombre y los animales tienen en común todas
las formas de actividad intelectual; sólo difiere el
nivel de desarrollo: los animales están capacitados
para razonar en un nivel elemental, a analizar (cascar una
nuez es un comienzo de análisis), a experimentar cuando
se enfrentan a problemas o a una situación difícil.
Algunos, por ejemplo el loro, no sólo pueden aprender
a hablar, sino que pueden utilizar palabras significativamente
en un sentido restringido: cuando pide usará palabras
por las que será recompensado con una golosina; cuando
molesta dejará escapar las invectivas más escogidas
de su vocabulario.
No creemos necesario aclarar que Engels no
supone en los animales una habilidad para pensar y hablar
en el nivel humano, ni es éste el momento de aclarar
el sentido exacto de esta afirmación. Sólo deseamos
manifestar que no existen razones válidas para negar
la presencia de un pensamiento y un lenguaje embrionarios
del mismo tipo de los del hombre en los animales, que se desarrollan
igual que en los seres humanos a lo largo de líneas
separadas. La habilidad animal para expresarse oralmente no
es indicación de su desarrollo mental.
Permítasenos resumir los datos relevantes
suministrados por los recientes estudios realizados con niños.
Hemos descubierto que también en ellos las raíces
y el curso de desarrollo de la inteligencia difieren de los
del lenguaje, que inicialmente el pensamiento es no-verbal,
y el lenguaje no-intelectual. Stern asevera que en un punto
determinado las dos líneas de desarrollo se encuentran,
el habla se torna racional y el pensamiento verbal. El niño
"descubre" que "cada cosa tiene su nombre",
y comienza a preguntar sobre la denominación de cada
objeto.
Algunos psicólogos 22 no están
de acuerdo con Stern en considerar que esta primera "edad
de las preguntas" se da universalmente y es sin lugar
a dudas síntoma de algún descubrimiento trascendental.
Koffka se coloca entre Stern y sus oponentes. Como Bühler,
enfatiza la analogía entre las invenciones de herramientas
de los chimpancés y el descubrimiento por parte del
niño de la función denominativa del lenguaje,
pero para él el alcance de este descubrimiento no es
tan amplio como afirmaba Stern. La palabra, desde el punto
de vista de Koffka, se convierte en una parte de la estructura
del objeto en términos equivalentes con sus otras partes.
Durante un tiempo, no es un signo para el niño sino
simplemente una de las propiedades del objeto, que debe serle
suministrada para completar su estructura. Como lo destaca
Bühler, cada nuevo objeto enfrenta al niño con
una solución problemática, que él resuelve
uniformemente dándole un nombre. Cuando le falta la
palabra para el objeto nuevo la pide a los adultos. 23
Creemos que esta opinión es la que
más se acerca a lo real. Los datos sobre el lenguaje
infantil (suministrados por los hallazgos antropológicos)
sugieren, de modo dominante, que durante mucho tiempo la palabra
es, para el niño, una propiedad más que un símbolo
del objeto, que éste aprehende antes la estructura
externa de la palabra-objeto que su estructura simbólica
interna. Hemos elegido esta hipótesis "intermedia"
entre las que se nos ofrecían pues es difícil
creer, sobre la base de los datos disponibles, que un niño
de dieciocho meses o dos años pueda "descubrir"
la función simbólica del lenguaje. Esto ocurre
más adelante, y no repentina, sino gradualmente, a
través de una serie de cambios "moleculares".
La hipótesis que preferimos está de acuerdo
con el patrón general de desenvolvimiento en el dominio
de los signos que hemos subrayado en la sección precedente.
Aun en un niño de edad escolar, el uso funcional de
un nuevo signo se halla precedido por un período de
aprehensión de la estructura externa del signo. Correspondientemente,
sólo en el proceso de operar con las palabras concebidas
primero como propiedades de los objetos el niño descubre
y consolida su función como signos.
Por lo tanto, la tesis del "descubrimiento"
de Stern, necesita reconsideración y limitaciones.
Su principio básico, sin embargo, continúa siendo
válido: está claro que, ontogenéticamente,
el pensamiento y el lenguaje se desarrollan a lo largo de
líneas separadas y que en un punto determinado estas
líneas se encuentran. Este importante hecho ha quedado
definitivamente establecido, aunque estudios posteriores pongan
de relieve los detalles en los cuales los psicólogos
no están de acuerdo: si este encuentro ocurre en un
punto o en varios, como un descubrimiento realmente súbito
o luego de una larga preparación a través del
uso práctico y de un lento cambio funcional, y si tiene
lugar a los años o en la etapa escolar.
Resumiremos ahora nuestras investigaciones
acerca del lenguaje interiorizado. Aquí, también
consideramos varias hipótesis, y hemos llegado a la
conclusión siguiente: el lenguaje interiorizado se
desarrolla a través de lentas acumulaciones de cambios
funcionales y estructurales, se separa del habla externa del
niño, simultáneamente con la diferenciación
de las funciones sociales y egocéntricas del lenguaje,
y, finalmente, las estructuras de este último, dominadas
por el niño se convierten en las estructuras básicas
del pensamiento.
Esto nos suministra un hecho indiscutible
de gran importancia: el desarrollo del pensamiento está
determinado por el lenguaje, es decir, por las herramientas
lingüísticas del pensamiento y la experiencia
socio-cultural del niño. Esencialmente, el desarrollo
del lenguaje interiorizado depende de factores externos; el
desarrollo de la lógica en el niño, como lo
han demostrado los estudios de Piaget, es una función
directa del lenguaje socializado. El crecimiento intelectual
del niño depende del dominio de los medios sociales
del pensamiento, esto es, del lenguaje.
Podemos formular ahora las conclusiones fundamentales
que pueden ser extraídas de nuestro análisis.
Si comparamos el desarrollo temprano del habla y la inteligencia
-que, como hemos visto, se efectúa a lo largo de líneas
separadas tanto en los animales como en los niños pequeños-
con el desarrollo del lenguaje interiorizado y el pensamiento
verbal, debemos sacar en conclusión que la etapa posterior
es una simple continuación de la primera. La naturaleza
misma del desarrollo cambia de lo biológico a lo socio-cultural.
El pensamiento verbal no es una forma innata, natural de la
conducta pero está determinado por un proceso histórico-cultural
y tiene propiedades específicas y leyes que no pueden
ser halladas en las formas naturales del pensamiento y la
palabra. Una vez confirmado el carácter histórico
del pensamiento verbal, debemos considerarlo sujeto a todas
las premisas del materialismo histórico, válidas
aun para cualquier fenómeno histórico en la
sociedad humana. Sólo debemos esperar que en este nivel
el desarrollo del comportamiento sea gobernado esencialmente
por las leyes generales del desarrollo histórico de
la sociedad humana.
El problema del pensamiento y el lenguaje,
se extiende así más allá de los límites
de la ciencia natural y se convierte en el problema central
de la psicología humana histórica, de la psicología
social. Consecuentemente debe ser planteado de un modo distinto.
Este segundo problema presentado por el estudio del pensamiento
y el lenguaje será tema de una investigación
aparte.
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