Portada - Biografía - Libros - Pensamiento y Lenguaje - La imaginación y el Arte en la infancia - Search

Teoría del desarrollo mental y problemas de la educación

El origen y el desarrollo de las funciones mentales superiores

La filosofía de la ciencia

Metodologías de la investigación psicológica

La relación entre el aprendizaje y el desarrollo humano

La formación conceptual

La relación entre el lenguaje y el pensamiento

La psicología del arte

El juego entendido como un fenómeno psicológico

El estudio de los trastornos del aprendizaje

El desarrollo humano anormal


La Filosofía de la Ciencia

Cuando Platón escribe sus diálogos Atenas ha caído bajo la hegemonía de Esparta, y comienza un rápido proceso de decadencia en las polis griegas. Cuando Aristóteles ha madurado su sistema está sucumbiendo la autonomía de todas ellas ante Macedonia y la impetuosa figura de Alejandro. La expansión del helenismo posterior a las conquistas de éste se asemeja ya más al canto del cisne que a una verdadera pujanza. Al mismo tiempo que el imperio de Alejandro y sus sucesores quiere cubrir todo el globo, y que la lengua griega se transforma en idioma de un vastísimo territorio, lo propiamente griego cae bajo un despotismo a lo asiático que prepara su neutralización y sustitución por el mundo romano.
El ingenio científico de Arquímedes construyendo máquinas de defensa permitirá salvar Siracusa durante veinte años; pero nada resiste duraderamente a la tenacidad de las legiones, y con Grecia entera acontece como con Siracusa. El nuevo dominador se siente atraído por el tesoro cultural del dominado, y la embajada de filósofos griegos que visita Roma a mediados del siglo II a.C. despierta rendida admiración en los sectores más cultos (no menos que las iras del censor Catón ante sujetos y criterios tan «afeminados como decadentes»), hasta el punto de que el saber y el alma “griegos” se convierten en el principal patrimonio «teórico» de los romanos. Sin embargo, la transición de una civilización a otra no deja de ser una liquidación de la primera, y la magnitud de la pérdida sólo se evaluará con claridad mucho más tarde, cuando desde el siglo XIV empiece a resurgir el conocimiento científico.
1. En sus Lecciones sobre filosofía de la historia universal dice Hegel que los griegos representaron algo como la adolescencia de la humanidad.

«El factor ético es principio como en Asia, pero ahora se trata de la moralidad concreta, que significa el libre querer de los individuos. Hallamos aquí, pues, la unión del principio ético y de la voluntad subjetiva, o bien el reino de la libertad bella, porque la idea está unida a la forma plástica; no se mantiene abstractamente aparte por sí misma, sino que se halla ligada directamente a lo real, y —como en una hermosa obra de arte— lo sensible lleva el sello y la expresión de lo intelectual. Este reino es armonía verdadera, un mundo de la floración más encantadora, aunque fugitiva».

En efecto, Grecia despliega en solitario una aventura de libertad, arte y ciencia. Exigiendo que lo mejor ocupase el lugar de lo que es, produjo un espacio de amor a la belleza y a la verdad que destaca como un oasis en los desiertos tiránicos y supersticiosos de aquella Tierra. En ese oasis se inventa la ética, gracias a un hombre como Sócrates, a quien el tabú habría fulminado de inmediato en Susa, Jerusalem, Memfis o Pekín. Con Sócrates penetra la certeza de que la decisión última incumbe a la conciencia moral, en vez de entregarse ciegamente a la patria o a las costumbres.
El mundo romano, en cambio, es el adolescente que se convierte en animal de tiro y capataz. Como añade Hegel:

«El momento siguiente está constituido por el reino de la generalidad abstracta que es el Imperio, áspera labor para la edad viril de la historia. El Estado comienza a desgajarse de lo concreto, y a constituirse en vistas a un fin donde los individuos son sacrificados rigurosamente al servicio de la generalidad abstracta. El Imperio romano ya no es el de los individuos, como era la ciudad de Atenas. Ya no hay aquí goce ni alegría, sino un trabajo rudo y arduo. La generalidad impone a los individuos su yugo, bajo el cual deben renunciar a sí mismos y adquirir a cambio su propia forma general, la personalidad, convirtiéndose como cosas particulares en personas jurídicas. En el sentido preciso en que los individuos son incorporados al concepto abstracto de la persona, las individualidades nacionales experimentan también ese destino; bajo esa generalidad sus formas concretas son aplastadas y se incorporan a ella en masa. Roma se convierte en el panteón de todos los dioses y de toda espiritualidad, pero sin que esos dioses y ese espíritu conserven su vida particular».

Persona, en efecto, significa «máscara». A cambio de abolir el fundamento de la diferencia individual y —con él— el de la obra de arte, la lex romana crea el escudo de esa máscara que es el «sujeto jurídicamente acorazado» de los jurisconsultos, una especie de átomo inviolable en sus propiedades y posesiones para cualquier otro átomo análogo, aunque nulo como partícipe en la redacción de la ley misma.

Leer más »»»



Fernando Savater



 

 

© Copyfreedom 2008 In Memoriam Lev Semyónovich Vigotsky